Auto Perfil de Samaria Márquez Jaramillo

by Samaria Márquez Jaramillo
Auto Perfil de Samaria Márquez Jaramillo

Llevo más de 50 años de ejercicio del periodismo, paralelamente con la narrativa: “Puro cuento”, dicen mis hermanas que, además, me evalúan diciendo que hubiese podido hacer más si le hubiera dado al amor menos… Prohibido hablar de amor.

Mis palabras frente a ustedes se regodean y retiran el mobiliario emocional aposentado bien adentro de mi interior. Que salga primero Samaria, envejecida, siete décadas encima: Soy una persona independiente, desorganizada, pasional, irreflexiva e hiperactiva, cuyas principales autoengaños son: el optimismo y la lealtad, con condiciones.

No me gustan: la falsa modestia, la soberbia, los arribistas medradores, los lagartos y burócratas. Mi número favorito es el diecisiete, mi población La Tebaida, mi color, el morado y la novela que más me conmovió es El guardián entre el centeno, escrito por J.D. Salinger. La leí en 1964, cuando tenía 16 años . Esa la explicación de porqué me impresionó. Ahora no volvería a leerla.

Y de tu vida ¿qué?, preguntarán algunos: He vivido poco, he leído mucho. En este encierro obligado por el mayor carcelero del universo: El invasor Coronavirus; rumiando, pensando y repensando, estoy dedicada a la lectura de Un caballero en Moscú de Amor Towles, un gringo norteño, nacido en Boston en 1964, graduado en la Universidad de Yale con estudios de posgrado en Literatura Inglesa en Stanford. La coincidencia reside en que cuando nació Towles, autor del libro que me tiene asombrada ahora, yo estaba leyendo El guardián entre el cerezo. Disfruto enormemente con las cosas sencillas y cotidianas: Mis hijos, María Luisa y Felipe; mis nietos Juan David y Steven, a los que amo, y el resto de mi familia. Entre mis aficiones destaco la música: Schubert, Jazz, Folclore Argentino y Baladas de los 60s.

Me gusta caminar. Mi filiación política encuadra en una vehemente posición de centro delantero liberal con tendencias hacia la izquierda progresista. Me declaro parcial, decididamente parcial. ¿Defectos? ¡Tengo muchos! Pero haciendo eco de lo que chismosean los que me conocen digo que soy presumida y tengo un armario lleno de vestidos bonitos. ¿Sólo ése defecto? ¡Qué va! Tengo muchísimos más, pero este es “un breve esbozo”. De todas formas, mi principal defecto es esperar siempre algo de alguien, pero me estoy curando, mientras lo logro canto: “Esperanza inútil, flor de desconsuelo”…

Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez”, decía García Márquez. En mi caso soy consciente del esfuerzo de ceramista, del barro lograr una figura que no puedo llamar de porcelana pero ahí sigo trabajando con caolín y pectina.

Creo que busco la felicidad como los borrachos buscan su casa, esforzándose por sostenerse de pie, esperando que la puerta de la que tienen las llaves en la mano, pase frente a sus ojos en el desfile veloz de portones que ondulan ante la mirada mareada.

En mi infancia y adolescencia fui muy feliz en mi pueblo, por algún tiempo. Sugestionada por las lecturas, en busca del sentido de la vida y, como lo dice un tango sin más chance que mis ansias de triunfar o sucumbir, me fui a Cali y en 1967 empecé a ser periodista. De esto debo asazmente a Rodrigo Lloreda Caicedo y a Jorge Arturo Sanclemente, periódico El País.

Más tarde, ¡quizá muy tarde!, me fue posible encontrar y disfrutar de la reflexiva calma y sapiencia de Ramon Casalé i Arán, mi esposo desde hace 10 años, y acá estoy dándole vida a esta revista: Letras Liberadas.

Por lo pronto mi mayor deseo es que el esfuerzo que significa trabajar en arte y cultura no sea despedazado por los de imaginación clausurada.