Alfonso Quijano despierta de la locura de Don Quijote

by Samaria Márquez Jaramillo
Alfonso Quijano despierta de la   locura de Don Quijote

“Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo fui loco y ya soy cuerdo: fui Don Quijote de la Mancha, y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno” (Miguel de Cervantes).

Buscar el sentido de la vida, fue la locura de Don Quijote, darse cuenta que vivir es correr tras la propia sombra ;  en eso consistió la sanidad del que vivió loco y murió cuerdo. (Nota de la redacción).

Después de el Quijote  Jullie Pastor (México)

El hombre primero habló en verso y después inventó la prosa. Los libros fundacionales de nuestra civilización son libros de poesía: La Ilíada, La Odisea y La Biblia.  El hombre ha vivido en una doble tensión: realidad vs. fantasía e imaginación vs razón, aunque tendríamos que decir que para no morir de tristeza hay que encontrar un equilibrio entre esas tensiones.  La civilización occidental se empeña en que prevalezca la realidad y la razón produciendo un estado de permanente frustración. El hombre feliz no es lógico ni razonable. Más aún el hombre necesita vivir con tanta imaginación como sea posible y solo la realidad que estrictamente sea necesaria.

Hay años en que la historia de la humanidad hace erupción: 1492 fue uno de ellos. Después de este año la humanidad no volvió a ser la misma. En ese año Antonio de Nebrija publicó su legendaria Gramática. No es fácil decir que con este suceso se funda la lengua castellana pero no podemos evitar que sea un referente. Años después se publica El Quijote(1605) con el cual se funda la novela moderna. El Quijote plantea las reglas clásicas de la narración: el narrador, que puede presentarse desde un yo, un tu o un él; el tiempo, desde un presente, desde un pasado o desde un futuro; el espacio narrativo que puede ser distinto el del narrador que el de la historia; y el plano de la realidad

Las cajas chinas, los vasos comunicantes y el dato escondido, son las otras reglas clásicas.   El estilo se acepta como la manera en que se organiza el lenguaje y puede lograr una simbiosis con la narrativa. Pero esto puede ser dudoso. Por siglos el lenguaje ha pertenecido al autor y no al narrador. Salvo algunas narraciones que requieren un carácter especial, cito: El Hombre de la Esquina Rosada de Jorge Luis Borges. El lenguaje debe estar al servicio de la narración.

Juan José Arreola dijo alguna vez que Borges, bajo el patrocinio de Quevedo, había despojado a la prosa de “toda la vana palabrería que prevaleció desde El Romanticismo y que venía de siglos atrás”. Ciertamente, pero hizo algo más: modificó la manera de adjetivar en lengua castellana: “nadie lo vio desembarcar en la “unánime noche”, “le cruzaba el rostro una cicatriz rencorosa” o “lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras”( tiene que existir una relación  y pertinencia  entre el sujeto y la palabra que lo califique), son ejemplos de esa disparidad ilógica  que tanto le criticó Mario Vargas Llosa a García Márquez cuando escribió en El Amor en los Tiempos del Cólera sobre una negra que tenía “los senos atónitos”. Aunque, a decir verdad, no es común que se use el adjetivo como una herramienta de la narración, el aplicarlo distorsionadamente si demuestra escasez de recursos explicativos y/o calificativos.  

Comentario  sobre El Quijote: