by Samaria Márquez Jaramillo

C o n t e n i d o

Editorial

EL ARTE LA POLITICA Y LA CORRUPCIÓN

Ortega y Gasset, autor de La rebelión de las masas, confirió al arte destino y oficio de humo de chimenea. Aseguró que por las mañanas al salir de su casa levantaba sus ojos y conocía la dirección del viento y que de igual manera el arte puede dar cuenta de las tensiones de la época, las fallas de la identidad, los pliegues de la corrupción y el pago de las acciones que beneficiaron la campaña política para acceder al cargo el mandatario de turno.
Desde el momento en que escogemos el arte como profesión, uno de los augurios que debemos afrontar por parte de amigos y familiares es: “Morirás en la miseria”. 

A pesar de ser un vaticinio poco feliz tiene una razón de ser y a menudo se cumple. Al fin y al cabo el arte nunca ha sido realmente una profesión, por más estudios, doctorados, másterados que se hagan, ninguna preparación intelectual, por excelente que sea, garantiza que el creador logre imponer su oficio por encima del oportunismo de quienes llegan a la industria creativa para lograr soluciones económicas y cambio de estrato.
Una novela, una canción, un poema, una melodía, una película, una obra de teatro o cualquier manifestación de arte visual, que nos transporte más allá de la alienación y nos devuelva ese pedazo de nosotros mismos que tuvimos que agregar a nuestra producción artística, en medio de la caótica existencia que nos exige trabajar más y más rápido, teniendo cada vez menos tiempo para preguntarnos por el sentido de la existencia o para que el goce contemplativo de lo que producimos sea premio balsámico que disminuya la angustia de correr y no llegar y la sensación de permanecer sembrados en bancos de estaciones ferroviarias en desuso; pero alguna vez, ojalá no muy tarde con respecto al promedio de vida, el arte será respetado y sus creadores justipreciados.

Quizá sea la anterior una apreciación excesivamente simplista pero lo cierto es que si nos fijamos bien en el arte que se produce en el Quindío, Colombia, desde principios de la segunda década del siglo XXI, se pueden rastrear presiones, persecuciones, gabelas, deliberados olvidos, manipulaciones, zancadillas, repudios, manoseados pactos ciudadanos y acomodada repartición de contratos, así como desmanes en la calificación de algunos proyectos.
La comisión de estas acciones hace sospechar que el arte no es un hecho aislado de una realidad cada vez más difusa, cada vez más conectada con la politiquería y, al mismo tiempo, cada vez menos transparente. El arte pensado así, es una lucha de honestos contra expertos en CVY (como voy yo) léase cobros al mandatario de turno para que pague apoyos veintejulieros en su campaña tras el cargo que ejerce. ¿Existe otra dirección del humo?
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