by Samaria Márquez Jaramillo

Editorial

La doctrina del shock o el lavado cerebral desde el Coronavirus

Ya no se queman brujas y existen muy pocos delitos de opinión, ahora el dominio del Estado, sin mostrar cadenas, es obtenido publicitando y coaccionando con terrores apocalípticos. La intimidación no es con azotes ni con destierros, ocurre desde medios de convencimiento que dicen , repiten, hablan, aturden, acorralan y empiezan a chorrear por las mentes ideas, posibilidades y conceptos que antes no eran aceptadas pero que, puestos en situación psicológica cataléctica, convertidos en abúlicos que emocionalmente transcurren por un desfiladero: Adelante otra y nueva situación de pánico, a los lados precipicios, quedan obligados los congéneres a pronunciar “naturalmente” la sílaba si, Si, ¡SI! … Y lo difuso y confuso, lo no aceptable se vuelve “idea debatida, analizada y aceptada”: Si no se obedece, sino se sacrifica lo conseguido en el ejercicio vivencial, la bóveda del cementerio ya estará abierta esperando. ¿Fue así como se abortó un presente, se clausuró un pasado y se abrieron las puertas a un porvenir diseñado por el Estado? ¿Cómo? Por obra estatal se aceleró un cambio que hubiese requerido un largo proceso y quizá más muertes que la cuarentena asistida por sistemas lavadores de cerebro y ¿cuál el “final feliz”? Gubernamentalmente lograron estructurar una serie de nacionalismos que inculcaron otros valores políticos y culturales y se oyó decir: “El mundo cambió en los últimos veinte años, razón por la que sus amenazas son cada vez más complejas y de diversa índole”.

Naomi Klein, en La doctrina del shock (2007) habla de lo que el pánico tiene de convincente, sobre todo en aquellas imposiciones poco populares que se convierten en creencias de masas y a partir de desastres o contingencias, provocando conmoción y confusión, los mandatarios de turno hacen reformas impopulares. En su ensayo, la periodista canadiense señaló que los cambios absolutos en las formas de gobierno y en las políticas estatales efectuadas después de los años 80s avanzaron a la zaga de invasoras maniobras de difusión montadas para causar miedo y hacer galopar el pánico social como trama para apresurar la conformidad y admisión de las disposiciones decididas bajo apariencia de alarma universal pero motivadas por intereses políticos y económicos  distantes de razones pandémicas…  Es preocupante la facilidad con la que se renuncia a derechos fundamentales y se otorga potestades soberanas al poder ejecutivo, cada vez que se produce una alarma social.

La ventana de Overton es una teoría política que describe cómo se puede cambiar la percepción de la opinión pública para que las ideas que antes se consideraban descabelladas sean aceptadas. Trump es practicante de ese ardid: Su discurso es pleno de ideas dañinas, vincula hechos aberrantes a circunstancias relacionadas con sus maquinaciones y repite la narrativa hasta lograr que los auditorios vean como normal una idea que antes era impensable.

¿El mundo va a cambiar? ¿El mundo ya cambió? ¿Estamos viendo el fin del neoliberalismo? ¿Se reinventará de nuevo el capitalismo? ¿La humanidad saldrá fortalecida de esta pandemia? ¿Nos espera un futuro mejor o peor ?

La verdad de Perogrullo es que “nosotros los de hoy no somos los de antes…” Por ello las actuales gramáticas políticas hablan de una nueva realidad global: Esta época ya vivió su futuro y dejó a los contemporáneos inmersos en procesos instantáneos en los que la cultura fue reemplazada por la palabra contenidos y en el resto de nuestro ciclo vital viviremos cambios propios de una postguerra, mutaciones tan dramáticas e inmediatas –mañana será mentira, hoy y ahora es la fecha- que tendrán que ser vividos postergando sus explicaciones. Cambiarán las representaciones mentales, el comportamiento humano, la redarquía reemplazará a las jerarquías y nada quedará de la percepción tradicional de lo que se entiende por Estado.

La crisis terrorífica acunó un sistema social engendrado por las nuevas tecnologías y protegió su desarrollo bajo la consigna obedecer o morir por Covid19, para ponerla al servicio del Estado, que la usa no en clave de represión abierta sino como convencimiento dialógico. Asimismo, los efectos de la interconexión humana también sirvieron para dominar las percepciones de la humanidad contemporánea y la convirtieron en militante de un estado de cosas que conviniera al sector gobernante. Cuidado, puede resultar que la ciudadanía, en muchas ocasiones demasiado sugestionada, no pueda tener pensamiento propio o elementos de juicio para cuestionar lo que está a punto de acaecer.

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