by Samaria Márquez Jaramillo

C o n t e n i d o

Editorial

Con un buen manejo de la crisis
el Estado recobrará su poder

Hay que pensar que no todos los lectores pueden sumergirse comprensiblemente en una lectura que puede resultar fácil para los que manejan el tema y por ello se requiere decir de qué se habla. Responder con estadísticas, curvas y nomenclatura económica  es tratar de rizar el rizo para hablar sin decir. Hay que explicar:

La economía  consiste en los conocimientos adquiridos para poner en práctica la  facultad que el hombre tiene de obrar sobre las cosas de la Naturaleza para aplicarlas a la satisfacción de sus necesidades.

El Estado es la comunidad social, con una organización política común, un territorio y órganos de gobierno propios y que es soberana e independiente políticamente de otras comunidades y  sinónimo de País.

La República es una forma de gobierno en la que el cargo de jefe del Estado está en manos de un presidente  que se elige por votación y para un determinado período.

El populismo, con una significación peyorativa, es el uso de medidas de gobierno populares, destinadas a ganar la simpatía de la población, particularmente si esta posee derecho a voto, aun a costa de tomar medidas contrarias al Estado democrático. Como muchos gobernantes necesitan la Democracia para acabar con ella, se dedican a hacer populismo pernicioso. Si viene a la memoria el nombre Donald Trump, no es casualidad sino acierto en el tiro al blanco.

El neoliberalismo es el adoctrinamiento de los que quieren imponer la certeza de que la intervención gubernamental usualmente no funciona y que el mercado  sí lo hace.

La palabra globalización describe y enmarca el accionar de unos cambios económicos, culturales, sociales y políticos que, como si el Universo fuera maleable, lo metieron en un molde e hicieron con él otra figura, aunque geográficamente siguió siendo una esfera. Por encima de los tratados de libre comercio, fueron las redes sociales las que multiplicaron la globalización que, ideas más o conjeturas  menos, describe  el derrumbe de las fronteras nacionales y geo-políticas. En esta labor de zapa, ¿cuál fue el rol del Estado?

A partir del 7 de agosto de 1990, cuando Cesar Augusto Gaviria Trujillo asumió la Presidencia de la República y terminó su discurso de posesión con su “bienvenidos al futuro” y no dijo quiénes eran los admitidos ni cuántos quedaban por fuera de la “profecía”, el Neoliberalismo se engulló al Estado colombiano, puesto que el que lo representaba , el presidente de la República, se creía servidor de las grandes multinacionales y no de sus conciudadano o porque en un país de altos niveles de pobreza y bajos niveles de ingreso, como es el nuestro,  la mayor parte de la población tiende a exigir que el Estado aporte todas las soluciones y, saliéndose por la tangente ,se aferra ilusoriamente a “la luz al final del túnel”, que en nuestro caso son “las farolas de un tracto camión que se acerca en contra vía…”

La puesta en práctica del Neoliberalismo  nos implicó, para los colombianos, el empequeñecimiento del Estado  y el establecimiento de un esquema de racionalidad financiera que, como a Sansón sin su  cabellera, restó fuerza y poder a  las funciones y  actividades públicas, sobre todo las relacionadas con el bienestar social.

En resumen: El péndulo que oscila entre el Estado benefactor y el Estado interventor se detuvo, anómalamente en el Neoliberalismo.  Es decir: Mientras crecían el comercio internacional junto con la inversión de capitales privados extranjeros y florecía la economía multinacional, por otro lado había más vendedores ambulantes, habitantes de la calle, delitos menores, deserción estudiantil, desempleo en la escala del salario mínimo , muertes en las salas de espera de  las urgencias médicas y ancianos deambulando con su cobija al hombro, así como también más carros de alta gama, casas de precios milmillonarios, modelos webcam y turismo sexual. Todo lo anterior atribuido a crisis del Estado, cuando en realidad es consecuencia de la corrupción  en la administración pública y de la  disminución  a un mínimo común denominador de los partidos políticos, carentes de ideologías ajustadas a las verdades que ya conoce la humanidad y promotores del trasegar por multicolores toldas, que cometen los que buscan ser elegidos y emigran constantemente  en búsqueda de grupos donde haya más oportunidades.

Y la globalización logró una interdependencia universal de las naciones, esto se refiere tanto a la producción material como a la producción intelectual.  Entonces, en el llamado Tercer Mundo, como Gulliver  nos convertimos en  habitantes de Liliput.

Se requiere ablandar y amasar la arcilla para poder trabajar con ella y lograr creaciones. La peste bubónica sucedió justo antes del Renacimiento y la plaga de Marsella, antes de la Revolución Francesa, una época histórica cambia cuando se transforman de forma cualitativa y simultánea las relaciones de producción y las  relaciones de poder que modifican las experiencias humanas y por ende la cultura.  

De la gestión de la crisis, no de la pandemia en sí, dependerá la capacidad transformadora. Si algo nos enseña la historia es que al mundo no lo cambian las pandemias, sino los seres humanos. Se habla de una nueva normalidad que es lo mismo que decir que superada la crisis del Covid 19 aparecerá un mundo nuevo pero cuando esta crisis termine, la narración de ella se expresará con un “antes “dedicado a encontrar soluciones  y un “después” en el que logramos las transformaciones.