by Samaria Márquez Jaramillo

Editorial

Adivina, buen adivinador, qué tengo en el pensamiento

 

En el cuento el Traje nuevo del emperador, Hans Christian Anderson refiere la historia de un Rey soberbio, rodeado de áulicos, en medio de un pueblo indolente: “Hace muchos años vivía un rey que era corrupto y estaba de afán en el propósito que lo había llevado a reinar. Para una festividad especial, el Rey quería estrenar un traje que generara admiración y no encontraba quien se lo hiciera. Un día oyó decir que podían fabricar la tela más suave y delicada que pudiera imaginar. Esta prenda, añadieron, tenía la especial capacidad de ser invisible para cualquier corrupto o incapaz para su cargo. Apareció en el pueblo un vividor que se hacía pasar por experto en múltiples oficios, entre ellos el de ser un excelente sastre y se ofreció a confeccionarlo, advirtiéndole al Rey que sólo los no corruptos, podrían disfrutar de la imagen del estupendo vestido. Sintiéndose algo nervioso acerca de si él mismo sería capazde ver la prenda o no, el emperador envió primero a dos de sus hombres de confianza a verlo. Evidentemente, ninguno de los dos admitió que era incapaz de ver la prenda. Toda la ciudad había oído hablar del fabuloso traje y estaba deseando comprobar cuán estúpido era su vecino.

 

STAFF

Directora
Samaria Márquez Jaramillo


Editor

Ramón Casalé I Arán
Miguel Felipe Pulgarín Márquez


Ingeniero de Desarrollo

Alexander Calvo Reyes

Diseñadores Gráficos
Juan David Cobo Castro
María Luisa Castro Márquez

Pasaron los días y el sastre le llevó al Rey su nuevo y reluciente vestido, pero el monarca no vio nada, tampoco lo lograron sus allegados más cercanos, pero para no ponerse en evidencia, alabaron hasta el éxtasis el nuevo traje.

Llegado el día de la fiesta, los estafadores hicieron como que le ayudaban a ponerse la inexistente prenda y su alteza salió con ella en un desfile, sin admitir que era demasiado deshonesto y por tanto no podía ver su recamado traje. Fue entonces cuando el monarca desfiló desnudo por las calles, muy orondo, “exhibiendo su bello traje”, y ninguna persona se atrevió a decirle que estaba desnudo, por temor a reconocer que también era corrupto. Pasados unos momentos, un niño gritó: “El Rey está desnudo”, y ante la inocencia del niño, todos advirtieron la realidad y se echaron a reír, pues el soberano efectivamente había sido engañado, junto con su círculo de aduladores La historia es un apólogo con un mensaje de advertencia: «No tiene por qué ser verdad

lo que sirve de apoyo a la perversión de los que hacen creer que algo existe y es conocido solo por un selecto grupo. Las verdades son generales no exclusivas y su metáfora indica una situación en la que una amplia (y usualmente sin poder) mayoría de observadores decide de común acuerdo compartir una ignorancia colectiva de un hecho obvio, aun cuando individualmente reconozcan lo absurdode la situación. El pensamiento ciudadano ve desfilar ante sus protestas a un gobernante desnudo, corrupto, con el pecado y sin el género pero viudo del poder, puesto que su populismo barato le rindió cuentas negativas. Tal vez si cambia la situación generalizada de acceder a cargos para enriquecerse, quien se posesione, porque electoralmente resultó triunfador, sepa que su escudo no tiene forma de triangulo en cuyas puntas están enarbolados billetes de grandes denominaciones.