by Samaria Márquez Jaramillo

Editorial

Recién terminada la II Guerra Mundial, fue fundada la UNESCO engendrada por la siguiente reflexión :»Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres y las mujeres, es en la mente de los hombres y las mujeres donde deben erigirse los baluartes de la paz» y en sus 75 años sigue con la convicción de que un conflicto sin precedentes podría dar lugar a un mundo mejor y más unido. Esto es una manipulación. Antes de superar la gran crisis de Covid-19 echó a rodar la campaña, lavadora de cerebros, que pone en solfa nuestras prioridades, nuestros modos de vida , el funcionamiento de nuestras sociedades y su búsqueda de otra realidad. El paciente no se ha muerto y los deudos ya empiezan a cambiar la cotidianidad de su entorno.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó que no se trata de casualidades: “La inequidad es sistemática, es el resultado de normas, políticas y prácticas sociales que toleran o incluso favorecen una distribución injusta del poder, la riqueza y otros recursos sociales, y del acceso a éstos.” Esta certeza llevó a la OMS a juzgar que la inequidad es el principal padecimiento, ahora incrementado por las argucias gubernativas que convirtieron al Estado en un panóptico. Antes de proceder a determinar el significado de la palabra panóptico es interesante establecer que se trata de un término que deriva del griego y es fruto de la suma de tres componentes de dicha lengua: “Pan”, que puede traducirse como “todo”, el sustantivo “opsis”, que es equivalente a “vista” y el sufijo “-tikos”, que se emplea para indicar “relativo a”.

Un panóptico es una construcción cuyo diseño hace que se pueda observar la totalidad de su superficie interior desde un único punto. … La clave del panóptico radica en que, como los reclusos no pueden saber en qué momento están siendo observados por el funcionario de prisiones, éste puede vigilar o no pues de todas maneras los retenidos creen estar bajo miradas avizoras.El poder político y económico nos vigila y controla sin que sean advertidos, pues las estructuras de “seguridad del estado” son círculos al infinito.

“¿Quiénes son los carceleros, y quiénes los cautivos? Bien se podría decir que, de alguna manera, estamos todos presos. Los que están en las cárceles y los que estamos afuera. ¿Están libres los presos de la necesidad, obligados a vivir para trabajar porque no pueden darse el lujo de trabajar para vivir? ¿Y los presos de la desesperación, que no tienen trabajo ni lo tendrán, condenados a vivir robando o milagreando? Y los presos del miedo, ¿estamos libres? ¿No estamos presos del miedo, los de arriba, los de abajo y los del medio? En sociedades obligadas al sálvese quien pueda estamos presos de los vigilantes y los vigilados, los elegidos y los parias”. (Galeano,2009:110)

En 1949, cuando se publicó la novela 1984 de George Orwell, se hizo más evidente la existencia de los grandes atropellos de las botas sobre los rostros. En ella aparece el poder omnímodo de un estado que, parapetado en unos medios tecnológicos altamente sofisticados, se apropió de la vida y la conciencia de todos y mediante la repetición condicionó la memoria y la manera de otear la realidad: En las páginas 9 y 10 Winston Smith, el protagonista escribe en su diario : “4 de abril de 1984. Anoche estuve en los flicks. Todas las películas eran de guerra. Había una muy buena de un barco lleno de refugiados a los que bombardeaban en no sé dónde del Mediterráneo. Al público le divirtieron mucho los planos de un hombre muy grande y muy gordo que intentaba escaparse, nadando, de un helicóptero que lo perseguía; primero se le veía en el agua chapoteando como una tortuga, luego lo veías por los visores de las ametralladoras del helicóptero, luego se veía cómo lo iban agujereando a tiros y el agua a su alrededor que se ponía toda roja y el gordo se hundía como si el agua le entrase por los agujeros que le habían hecho las balas. La gente se moría de risa cuando el gordo se iba hundiendo en el agua…”