by Samaria Márquez Jaramillo

Edición número 10
15 de septiembre de 2020

Hoy que estamos presos de un teléfono, de internet, de si tenemos señal o no, estos nuevos tiempos de relativismo y sorpresa redefinen el amor empalagoso y lo hacen un sentimiento más real, menos idílico o utópico. El amor real es la tendencia a aceptar una relación como un cúmulo de experiencias no siempre del todo constantes y, más bien, con espacios, disrupciones, encuentros, desencuentros y de vez en cuando desequilibrios que al final solidifican la relación y fortalecen el sentimiento. Ya no se cree tanto en cuentos de hadas o en el príncipe azul, sino en la persona, en las segundas oportunidades, en las caídas y levantadas. El Amor real es agridulce, a veces sweet, a veces bitter. 

La palabra “AMOR” está compuesta por el prefijo negativo “A”, sin, y “MOR”, separación. Significa: No separar, unión. Un vínculo amoroso requiere, aceptar mi proceso, tú proceso y el nuestro.

Esto requiere trabajo, con uno mismo y la cooperación del otro.
En el siglo XXI estamos transitando y aprendiendo al mismo tiempo, maneras de concebir nuevos paradigmas, modelos y formas de ser, de transitar la existencia. De lo compulsivo vamos hacia la cooperación; de lo avasallante a la comprensión. La concepción de la pareja no es ajena a los nuevos paradigmas.
Las parejas buscan ser más auténticas, saben que los dos son importantes, necesarios, se complementan, quieren vivir en y con amor, y tienen esperanza de conseguirlo.
Feliz mes del amor. Feliz amor de todos los meses.