by Samaria Márquez Jaramillo
El regreso de la nostalgia

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EL REGRESO DE LA NOSTALGIA

Fotografía en el lente del mejor del mundo: Edward Steichen

Contrapuesta a la creencia de los agoreros que consideran el 13 como número de mala suerte, Letras Liberadas hará transitar por esta página el recuerdo que va en pos de los pensamientos culturales que engendraron la época denominada del 60. Aunque las escaleras hacia el patíbulo tuvieron 13 escalones, este espacio recreará presencias vivenciales.

Por el camino de la evocación, de la mano de las emociones se llega a la memoria, esa que puede ser amigable o torturadora y entrega, a raudales, la magia de la vuelta en el tiempo a estampas de opiniones que ayudaron a entender y aprender.

No todo tiempo pasado fue mejor pero lo vivido y pensado por los que pertenecen a la historia de la filosofía, la literatura y el arte en general, marcó al siglo XX. Bueno es traer, al ahora y aquí, esos sabios contextos que son añoranzas y enseñanzas. Por ello desfilarán bajo el cobijo del número en el que nosotros confiamos.

Empezaremos con el lenguaje que diseña o escribir con luz: La fotografía. Dentro de este quehacer, Edward Steichen (1879-1973), es una de las figuras más prolíficas, influyentes y controvertidas de la historia. Llegó a decirse de él que era el mejor fotógrafo vivo, e incluso el mejor fotógrafo de todos los tiempos. Y pese a que Steichen tuvo sus detractores, nadie podrá negar su fama y talento.

En Nueva York, en 1905 Steichen se unió al fotógrafo norteamericano Alfred Stieglitz y abrieron la Gallery 291, sala en la que realizaron sus primeras

exposiciones algunos de los pintores más representativos del siglo XX. Ese espacio ofreció a los norteamericanos un primer contacto con la obra de Picasso, Rodin,
Cezanne y muchos otros artistas europeos. En 1947 Steichen fue nombrado director de fotografía del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) y en 1955 preparó la exposición fotográfica The Family of Man, que posteriormente dio la vuelta al mundo, muestra que sigue siendo hoy, sesenta y cinco años después de su creación, un hito dentro de las exposiciones del siglo XX y es la única exposición inscrita en la lista de Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO.

Steichen buscó la interpretación emotiva e impresionista en sus temas y luchó para que la fotografía fuese reconocida como una manifestación formal de arte. Como fotógrafo hizo inmensos los horizontes y derribó fronteras. Como artista persiguió los secretos de la luz. Como persona buscó la plenitud del conocimiento. Su cuñado, Carl Sandburg escribió de él:”Pintor de nocturnos y rostros, de destellos y de momentos, perpetuador de vientos azules y rosas amarillas; soñador de mañanas y triunfador de batallas”.

Edward Steichen, a su vez, reveló: “Una pared blanca es aterradora, puede ser de un museo, una tela, o un hombre sentado frente a una máquina de escribir. Pero desde allí, los bienaventurados se atreven a lanzarse tras ese algo indefinido llamado creación. Me preocupa que podamos comprender el peligro de la bomba atómica y desconozcamos el sentido de la vida. Como Beethoven pienso que el bien del hombre es el arte y la cultura que crea. Si no existieran no tendría un algo en qué creer”.

Edward Steichen