En arte, los innovadores no son actores de Vodevil.

by Samaria Márquez Jaramillo
En arte, los innovadores no son actores de Vodevil.

Justicia: ¡Cuántas injusticias se hacen en tu nombre! 

Reglas de arte: Infinidad de veces por cumplirlas se viola el Canon.

Aún siendo atemporal, el arte tiene otra virtud: Es reflejo de su contexto. Lo anterior puede sonar contradictorio, pues una obra, aún la más atemporal, refleja un instante histórico  preciso. La verdadera obra talentosa, trasciende su momento de creación y representa un hito en sí misma.

Muchas veces el arte actual es desvalorizado al lado de piezas clásicas de innegable belleza, monumental trascendencia o ejecución perfecta. Sin embargo, no podemos encajar la definición de arte dentro de principios tan rígidos. El concepto de arte nunca ha sido tenaz y permitir sus modificaciones, es oxigenarlo.

La historia, esa que se hace en loor del triunfador, dejó la misma impronta en diferentes fechas: De la poesía, la literatura, la danza, el teatro, la pintura, la música, ayer no fue la fecha en la que iniciaron la representación de la realidad que le es contemporánea. No emprendieron su historia, en el arte, en un pasado reciente.

En pleno siglo XIX, Coubert y Manet, maestro y alumno respectivamente, fueron tratados como inmorales. Las bañistas de Courbet y la Olimpia de Manet, escandalizaron a sus contemporáneos.

¡Pacato siglo XIX! Baudelaire, autor de Las flores del mal y pionero de la poesía, y Flaubert, escritor de Madame Bovary, fueron juzgados por tribunales.

Y siguen las atrocidades del siglo XIX. En 1867, Manet y Coubert fueron rechazados en el salón de la Exposición Universal y tuvieron que exponer sus obras en un pabellón, apartados como si estuvieran contagiados de la Gran peste.

¿Qué ocurrió en ese entonces? Sucedió que los artistas entendieron que ya no eran servidores de la sociedad, ni hechiceros ni cortesanos y necesitaban encontrar un lenguaje diferente a las convenciones oficiales. Entonces, estalló el individualismo. Los artistas tomaron aspectos de rebeldes, anarquistas y estrambóticos y surgieron las leyendas de patéticos destinos, con Gauguin y Van Gogh en primera fila de la subversión y Cezanne y Mallarmé concebidos como revolucionarios.

En cuanto al público delectante y el diletante, aunque semejantes los adjetivos, no son sinónimos. Son antónimos y de ambos, Dios guarde el arte. El arte no debe ser bendito o maldito. Debe entender que en la Cartilla Alegría de Leer, una fábula previene del daño de la opinión ajena.

Diletante, que practica una ciencia o un arte sin tener capacidad ni conocimientos suficientes: Es un diletante de la literatura, cree que con leer una novela ya es crítico. Tiene un matiz peyorativo.

Delectante tiene su origen en la lengua italiana: dilettante, cuya traducción se vincula a quien “se deleita”. El concepto suele aludir a aquel que es aficionado a alguna rama de la ciencia o del arte o que tiene grandes conocimientos sobre ella. 

El arte inició la comunicación humana. Es respetable y debe ser respetado. La inauguración de una exposición, un concierto, un espectáculo de danza, una conferencia o conversatorio, una presentación de un libro, una obra de teatro y tantos regocijos del espíritu, no deben ser vividos como se mira desde el andén la llegada de la familia Castañeda.