by Samaria Márquez Jaramillo

En cuarentena los museos vienen por Internet, ya que
“si Mahoma…”

Ramón Casalé i Arán

La vida, en sí misma y sin artilugios, es surtidor de sorpresas. Cuando se inició el obligado confinamiento, el 17 de marzo de este año del doble 20, no imaginé que sería para tanto tiempo. Ya dura más de dos meses y todavía no hay seguridad sobre su fecha final. Apenas hay intentos de intermedios o disminución de lo estricto del encerramiento. Puros esbozos de decisiones estatales.

En los primeros días el estar sin posibilidad de salir era novedoso y casi útil. Se había dejado por ahí tirado sin beneficio, el uso del tiempo y todo andaba descuidado, sin regla, concierto ni proporción. Y llegó el momento para ordenar la biblioteca, buscar fotografías antiguas, leer libros o literatura virtual, saber de estadísticas fatales o amenazantes, contrastar lo informado en los noticieros y en los periódicos, hacer video conferencias con amigos que allende el mar también se aburrían. Con hastío infantil la cuestión inquisitoria era: Y ¿ahora qué hago?

De pronto me dije: La repetición no mata el asombro. El asombro no desaparece aunque en ocasiones se transforme en conocimiento. El arte no llega a conocerse aunque se entienda minuciosamente. El arte es creación humana y los humanos tienen como común denominador ser variables, disfrutar desde diferentes ángulos de un mismo panorama, saber que hasta lo más mínimo, una brizna los cambia. Nunca volvemos a ser aquellos que ayer creíamos que…

Borges, hablando de la estética de la no total repetición argumento: “Nosotros hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resiliente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo…”

No bastaron los terremotos, los tsunamis, las erupciones volcánicas, las sequias para que nos detuviéramos a pensar en la fragilidad de la vida y lo vulnerada que está la naturaleza. Nada de lo anterior fue considerado por todos como un riesgo o una probabilidad de que la amenaza desastrosa se convierta en un final-final. La vulnerabilidad o las amenazas, por separado, no representan un peligro. Y no lo sentíamos peligro porque no sucedía a todos. Les ocurría a otros.
Pero al Covid19 lo convirtieron en cumplimiento del Apocalipsis en la parte que se refiere al cuarto jinete del caballo amarillo. Y de pronto todos nos sentimos planillados, obedecimos como robots las órdenes que nos programaban, nos acuartelamos y empezó la morriña.

Me quedó tiempo para recordar episodios de mi vida, mi niñez, juventud y 2º edad en Barcelona, Cataluña; los refrescos en alguna terraza de la Plaza Real o los domingos las visitas a los museos de Barcelona, pues el primer domingo de cada de mes, por la mañana, la entrada era gratuita. Uno de mis favoritos era EL Museu D’ Historia de Barcelona, cuyo acceso por la plaza del Rey es un marco grandioso a lo que atesora.

Por ello hablé del asombro y la repetición. En las asiduas visitas a los museos siempre encontré algún detalle no tenido en cuenta: la iluminación, el equilibrio, el contraste de los colores, la sabia perspectiva, en fin algo de lo mucho ya visto me llenaba de sorpresa.

Fue en el año 1963 cuando se abrió lo que sería unos de los más visitados de Barcelona: El museo de Picasso que se puede visitar on line en http://www.museupicasso.bcn.cat/es . Está disponible en español, catalán e inglés. Esta web no se distingue por lo que pudiera llamarse gran calidad y las pinturas que pueden descargarse son de un tamaño suficiente para verlas en pantalla pero no para hacer copias en papel.

El museo Picasso está ubicado en la calle Montcada del Barrio Gótico de Barcelona. Esta calle es el núcleo de la arquitectura civil de la ciudad condal medieval y su visita es un autentico gozo. El recorrido por las distintas salas se realiza a través de una serie de videos, que también están disponibles en Youtube, donde se pueden visitar las salas . Cuando uno se adentra en el apartado rotulado como Colección, disfruta de las obras más representativas de dicho museo y una cuarentena de ellas nos abre las puertas a la colección “Las Meninas” de Picasso.

Trasladémonos a Madrid: El museo Del Prado fue inaugurado el 19 de noviembre de 1819, con casi 8.000 obras de las que 1.150 son expuestas al público y sirven de deleite y de consulta tanto a estudiosos como a aficionados al arte. Cada obra expuesta, y son miles , está debidamente comentada y además permite descargarla en una resolución muy correcta y ficheros de cerca de 2 megas .

Fue en 1960 cuando visité por primera vez el Museo Del Prado, situado en la calle Ruiz de Alarcón 2328014 de Madrid, y quedé impresionado, con asombro repetido: allí se encuentra la mejor pinacoteca del mundo, ¡y se puede disfrutar en visitas virtuales! Su dirección es https://www.museodelprado.es/ . Si deciden hacer clic, prepárense para disfrutar: Cuando se “entra” al museo, se encuentran varias alternativas, quizá la parte que el visitante agradecerá más será el apartado que lleva por título Mi Prado. En este apartado se recorren ubicaciones temáticas. A continuación se puede elegir la opción Actualidad que recoge una serie de noticias muy interesantes sobre el Museo y/o personajes del mundo.

La sala 012 del museo Del Prado es la más importante y está dedicada a las obras de Velázquez. Se encuentra en la primera planta ubicada dentro del grupo de salas con obras pertenecientes a la pintura Española 1550-1810.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599-1660) fue un pintor del Barroco español; es considerado uno de los mejores de España y uno de los maestros de la pintura universal. Su cuadro de las Meninas plasma una escena interior en los salones del Palacio en donde las meninas irrumpen en el estudio de Velázquez, quien dentro de la obra está pensativo y observando los modelos a pintar. Detallando los gestos, actitudes y posiciones de los personajes se deduce que es una escena muy activa: cada personaje está en lo suyo y pareciera que está sucediendo algo fuera del cuadro. Dentro de la pintura, quien observa el cuadro es el mismo autor, que se pinta cuando está pintando. El artista crea, sin saberlo, la metaficción.

En el diálogo imposible de Velásquez con Picasso –Velásquez muerto en 1660 y el malagueño Picasso nacido en 1881- es quimérico obviar 221 años, aunque la imaginación haga lo suyo: Las obras de ambos, de museo a museo, de Madrid a Barcelona, se enzarzan en un contrapunto, parangón que prueba las diferencias pero le es imposible constatar si hay superioridades. Son diferentes pero no mejor uno que otro. El sevillano Velásquez, sabedor de que es un excelente dibujante no hace bocetos , corrige sobre el mismo lienzo y empezó en una vanguardia de su tiempo: El tenebrismo. Sus obras, en la sala 012 del museo Del Prado, son las más visitadas y harto comentada su inclinación por la pintura ecuestre: Plasma sobre briosos caballos a Felipe IV, a la reina Isabel de Borbón, al principito Baltasar Carlos, a Felipe III, a la reina Margarita de Austria, a Gaspar de Guzmán, conde de Olivares. Después de salir de la dorada caballeriza, el publico llega al éxtasis frente a las Meninas, un derroche de luz y de imaginación.

Pablo Ruíz Picasso (nacido en Málaga en 1881 y muerto en Mougins, Francia, en 1973) es considerado también uno de los mejores pintores de la historia y partícipe de las llamadas vanguardias del siglo XX, propagadas por el mundo y de gran influencia en la cultura occidental. Picasso olvidó las Meninas de Velásquez e hizo sus “Meninas”, triangulares, con geometría embriagada y derroche de colores, como lienzo coloreado por un niño, si es que un niño puede ser tan técnico como Picasso y consigue brindar distintas lecturas con sus obras. Sevilla y Málaga, tan rivales y tan andaluzas, vieron nacer a dos egregios pintores que, como todo realizador, dieron origen a copias paródicas, negaciones y mofas.