by Samaria Márquez Jaramillo

La Bella durmiente del siglo XXI

Samaria Márquez Jaramillo

En este agonizante periodo de cuarentena, cuando hipercuentos, paráfrasis, cuentos locos, cuentos interactivos, cambian las narraciones mediante herramientas literarias que desbordan al autor y consecuencialmente no es singular que este se encuentre, algunas veces, con un desconocido texto “suyo”.

La princesa de Charles Perrault, La bella durmiente, despierta después de 100 años de un sueño en el que la sumerge un maleficio. Dos años antes termina la Primera Guerra Mundial y la humanidad recibe todo con jolgorio y baile. Es el momento de bonanza económica en los Estados Unidos y de un París del Charleston.

La bohemia parisina, en noche de vino Beaujolais, canta en los cabarets a la guerra, la raza, el sexo y la política, con música tan fascinante como su contexto histórico y cultural. Son años de esplendor en las artes, en las comunicaciones y en las costumbres, que gestan expresiones culturales decisivas para el siglo XX: Picasso, Hemingway, Dalí, Scott Fitzgerald, el movimiento Dadá y el Futurismo revolucionan el mundo del arte que es moldeado por la transformación hasta perder la representación de la realidad. El autor inventa nuevos lenguajes. El artista comienza a experimentar.

Todas las épocas tienen unos límites cronológicos y unos referentes precisos. La de 1920 fue una década marcada por la prosperidad económica, la audacia y la frivolidad. Un mundo nuevo nace de las guerra de 1918. La muerte generalizada hunde el acelerador y sirve de abono para hacer florecer las artes y la creación de vanguardia. El Charleston, como orgasmo social libera emociones, sacude las costumbres y es un separador entre el antes y ese ahora. En literatura, solo en 1922 se publicaron el ‘Ulises’ de Joyce, ‘La tierra baldía’ de T.S. Eliot y el ‘Trilce’ de Vallejo.

De igual manera los años locos corresponden al período de prosperidad económica que tuvo Estados Unidos por 7 años, de 1922 a 1929 y de la  consolidación de un modo de vida basado en el consumismo. Un capitalismo feroz y unas insaciables ansias de consumo caracterizaron a la Norteamérica de esos años, hasta el jueves negro, el 24 de octubre de 1929, que desencadenaría la Gran Depresión y el auge del fascismo y del estalinismo y pondría a andar la era de los extremos y de la cultura de masas, la radio y las comunicaciones.

Sucedió en forma casi semejante el inicio de este siglo, con la diferencia de que en el XXI se aumentó la brutalización de la política y el desdibujamiento del futuro y se empezó a vivir el hoy y aquí pero con enriquecimiento por medio de la corrupción. No se bailó ni hubo Moulin Rouge pero si procesos, encarcelamientos y asociaciones para delinquir.

Hoy, transcurridas dos docenas de días desde el inicio del 5º mes del 2020, una total transformación social se abre camino desde los picos de glicoproteínas encapsuladas que constituyen el coronavirus y a hombres y mujeres , que encerrados protegen sus vidas, se les vienen encima las nuevas tendencias sociales que atomizan el dique de lo tradicional y entronizan una nueva sociología que, tras el desgarramiento de los paradigmas convencionales, abre camino al cambio cultural, organizacional, político, deja atrás las concepciones liberales de lo local y la vida cotidiana , por cambio del entorno, tendrá que ser otra la foto.

La total transformación social hará lo suyo: creará un pensamiento crítico, alterará la toma de decisiones morales y opiniones políticas sobre temas que no tienen algo que ver con la amenaza actual llamada Covid19. Todavía no se tiene datos concretos sobre las formas como el brote de coronavirus está cambiando las mentes, pero la teoría del cambio en el sistema de conducta social empieza a emitir edictos.

Es posible que hasta hace unos meses pocos tuvieran conocimiento de la «gripe española», la pandemia que mató a millones de personas a principios del siglo XX. Seguramente relacionándola con la crisis del coronavirus ya se habrá mencionado masivamente.

Es muy extraño que la amenaza de una enfermedad ocupe gran parte del pensamiento, como sucede en estos días. Durante semanas, casi todos los medios de información tienen historias sobre la pandemia del nuevo coronavirus y en los televidentes los juicios morales y actitudes sociales se vuelven más conservadores. ¿Será que el coronavirus, la amenaza de muerte, la cuarentena, el oír un día sí y otro también las estadísticas de muerte harán que cada uno de los que escuchan se enruten, como la circulación de automóviles más generalizada, por el lado derecho? Y ¿los que guían a los felices “supervivientes”, cómo remediarán la próxima pandemia: La incredulidad y la nula gobernabilidad? Y mientras la moderna Bella durmiente abre sus ojos consciente de los cambios, ¿seguiremos hipnotizados por la exagerada campaña que nos tiene adormilados en cuarentena? ¿Será una pesadilla? ¿Cuáles los anticuerpos? Soñar y nada más: No despiertes si sueñas amores/niña hermosa, soñar es amar/despertar es quebrar ilusiones/hallar, entre sombras, la amarga verdad/ no despiertes si vives soñando/en tu mente hay torrentes de sol/en tus sueños se encienden suspiros/que te cercan y acallan tu voz…