by Samaria Márquez Jaramillo

Mancha de la tierra,
novela de Enrique Santos Molano,
es el testimonio de una gran revolución

(Editorial Grijalbo, 2014, 687 páginas)

Mario Lamo Jiménez*

Desde los años 70, con su novela memorias fantásticas, empieza Santos Molano el recorrido por la vida y obra de Nariño, donde su meticulosa investigación histórica, a través de una excelente escritura, trae a la vida a unos personajes que servirán de semblanza de una época. También, en sus dos novelas anteriores El arzobispo de terciopelo y La confesión del secreto, su autor ya había recorrido magistralmente este terreno de la historia y la ficción que ahora profundiza en Mancha de la tierra.

Con su conocimiento de la historia colombiana, Santos Molano hace una gesta con las genealogías santafereñas de la época, calles de la antigua Santafé de Bogotá, personajes
que vivieron el conflicto, relaciones de dominación, amor o de poder, usos y costumbres
de aquel entonces, tipo de vestuario, mobiliario, comidas, lecturas, formas de cortejar, conspirar, guerrear y amar. De una manera magistral, el autor entrelaza los acontecimientos de la época que producirían las condiciones para la revolución comunera, con la vida de Nariño, partícipe desde temprana edad en todas aquellas conspiraciones que desde Santafé de Bogotá, se conjugarían con el descontento contra la corona española.

El principio de la novela es absolutamente romántico y sublime: Antonio Nariño, espera su cita con la muerte en Villa de Leyva, un 13 de diciembre de 1823 y, a la vez, la llegada de su esposa fallecida, Magdalena Ortega y Mesa. La cita es a las cinco de la tarde, hora en la que le llegará la muerte a Nariño y él le entregará a su esposa el manuscrito de su vida: “mil y pico de hojas”, que Nariño quiere que su esposa lea “antes de irnos”.

Con su linterna histórica, Santos Molano penetra los rincones más oscuros de casas y espíritus para guiar por un laberinto de emociones, sensaciones, actitudes y posiciones políticas, religiosas y filosóficas, de ahí que su novela sea tan envolvente. Una vez que un personaje cobra vida, sea ese el de Antonio Nariño, el de Magdalena Ortega y Mesa, su esposa, el del arzobispo Caballero y Góngora, o el del mismísimo José Antonio Galán, el lector quiere ser testigo de los incidentes de la novela Mancha de la tierra, narrada en primera persona por Antonio Nariño, dividida en siete capítulos, todos entrelazados por la vida de Nariño, enmarcada en el clima de la Revolución de los Comuneros.

Enrique santos Molano no se vale de herramientas literarias para crear suspenso: Desde el comienzo hace que Nariño diga quién es, qué edad tiene cuando empieza la narración y además, exprese que alberga un secreto, del que irá dejando saber, a lo largo de la novela, multitud de situaciones, detalles, personajes y análisis de las raíces de la Revolución Comunera.

El siguiente es el párrafo inicial de donde se desprende toda la novela: “En algunos duraría por el resto de sus vidas el sobresalto que les produjo la sacudida de aquel día en Santafé de Bogotá, la vieja y tranquila capital del Nuevo Reino de Granada. Yo recién había entrado en mis diecisiete años, bien trajinados. Por las diversas circunstancias de mi vida, y las características del círculo con el que ella se relacionaba, conocía el secreto de cómo, cuándo y por qué habría de pasar lo que pasó”.

¿A qué “sobresalto” se refiere Nariño en esta parte? Así narra Nariño la noticia que acaba de llegar: “Una cincuentena de rebeldes, armados de fusiles, machetes y azadones, al mando del malvado capitán Ignacio Calviño, derrotaron el 8 de mayo en Puente Real a las tropas leales, comandadas por el oidor don José Osorio, que cayó, con todos sus hombres, prisionero de los rebeldes y para completar, acampados en Zipaquirá, veinte mil bandidos subversivos denominados Comunes, que obedecían las órdenes de un Juan Francisco Berbeo, a quien llamaban generalísimo, alentaban la aspiración optimista de avanzar contra la capital y derrocar al gobierno magnánimo de su majestad”… La sacudida era entonces la revolución que se venía encima y el joven personaje de 17 años que narra en este momento la novela, no era cualquier personaje.

Del ovillo que desenvolverá la novela, se encuentra la punta del hilo cuando Nariño cuenta, con detalle, los eventos que circundan su vida y el secreto, para entonces, de cómo, cuándo y por qué empezaría la revuelta. Ese secreto, Santos Molano a través de más de 50 años de investigación y medio millón de tarjetas de notas que guarda en su casa y en su memoria, lo constituye en trama de la novela y sitúa a los lectores, de manera casi cinematográfica, en la época. Para ello, Santos Molano se vale no solo de exquisitos recursos literarios sino de su conocimiento del quién, cuándo, por qué y para qué, de la obra.

Y, ¿cuál era el círculo con el que se relacionaba Nariño? Nada más ni nada menos que la intelectualidad de aquellos tiempos, personajes de alta alcurnia que estaban a la vanguardia de sus días en ideas sociales, sensibilidad, lecturas e ideales libertarios. Y a través de esos libros, verdaderas enciclopedias del conocimiento revolucionario, es que se empiezan a gestar los cambios de pensamiento que convencerán que el mundo colonial, feudal y monárquico tiene que ser derribado. En verdad se vivía un momento efervescente en el mundo y en América, tras la Revolución Francesa y la Revolución Estadounidense contra el imperio británico. Además, en América del Sur, Tupac Amarú sitiaba a Cuzco y el Movimiento de los Comuneros se disponía a avanzar sobre Santafé, para tratar de acabar de una vez por todas con la opresión.

Lo que se desprende de la novela
La novela de Enrique Santos Molano, además de ser bien lograda e investigada, es absolutamente didáctica. De ella se puede aprender varias lecciones: Las revoluciones no se producen en el vacío, deben existir causas objetivas y subjetivas que lleven a la revuelta. La novela muestra, de manera objetiva, los móviles de la revolución contra España que, por estar en ese entonces metida en diez mil guerras y productora de nada, básicamente vivía del saqueo de sus colonias y decide aumentar los impuestos a los que creía sus vasallos allende el mar.

Las causas subjetivas estaban más que dadas, el pueblo estaba harto del desprecio que sentían los españoles por criollos, mestizos e indígenas, basados en su racismo desmesurado que distinguía entre peninsulares y nativos, como si los peninsulares fuera dioses, así fueran la yerba más común del camino , y como si los nativos fueran los desechables de la época, ya fuera que trabajaran en minas de sal o de oro o en la agricultura, donde llevaban vidas deplorables y tenían una muerte garantizada en pocos años por las torturas y el trabajo extremo que les tocaba hacer.

Sin embargo, existían otras causas subjetivas, de las cuales la novela da muy buena referencia: El mundo de las ideas revolucionarias contra la monarquía había estallado por toda Europa y los escritos habían llegado a manos de la intelectualidad subversiva de la época.

Mancha de la tierra es la primera parte de una tetralogía denominada Los hermanos libertadores. Enrique Santos Molano seguramente sorprenderá muy pronto con el segundo volumen que continuará la saga libertaria y literaria, donde los personajes, como los fantasmas, siguen hablando y soñando después de muertos, ya sea a través de la exquisita pluma de Santos Molano o de la narración prodigiosa del personaje principal, don Antonio Nariño y Álvarez.

*Escritor, dramaturgo y crítico literario colombiano.