by Samaria Márquez Jaramillo

Por la vida transitamos temerosos y solos, como nacemos

Eduardo Galeano

Alberto P Boix

Texto leído en la presentación del libro” Espectros íntimos.
Apuntes en torno al miedo” (Editorial Siglo XXI, México 2020)

El miedo – como la angustia – es inherente a la condición humana, por ello está atravesado por el lenguaje y la fantasía. Acaso lo aprendemos desde la indefensión, recién nacidos, cuando experimentamos el terror al abandono. Y al menos durante un tiempo, esa desolación se refrenda en la noche, cuando acuden todos los fantasmas a sitiarnos: el hambre, el frío, el desamparo.

Poco a poco, a fuerza de frustraciones y desvelos, hacemos del temor parte esencial de nuestro bagaje afectivo. Nos indica el camino, o mejor aún, nos señala por dónde habitan los espectros que tendremos que eludir a cada paso. Asimismo, nos orienta como un anticuerpo  hacia quienes amenazan con herirnos o arrebatarnos lo poco de aquello que nos sentimos dueños. En fin, suele ser el termómetro de nuestra vulnerabilidad frente a los avatares de la vida. 

Por supuesto, vivimos rodeados de amenazas que nos atemorizan.

Me temo – abusando del término – que una escalada de violencia así no conoce límites. Actuar en función del miedo y la venganza acarrea un precio que dudo que estemos dispuestos a pagar. La ley del Talión siempre se desborda. 

No existe otra especie que se conciba a partir de la maldad como nosotros. Los héroes, los espíritus y los dioses son productos del temor inmanente hacia lo malo, a la naturaleza destructiva que nos define. 

La intención final es ofrecer recursos líricos para inquirir acerca de qué nos hace tan frágiles y cómo anteponer certidumbres en los márgenes sociales, en la luminosidad del afecto, la ternura y la compañía…al fin y al cabo, en la propia entereza para transitar – temerosos y solos, como nacemos – hacia la otra orilla del Estigia, donde nadie nos espera. Mientras tanto cada uno sentiremos ilógicamente miedo a perder las tres premisas básicas de la vida: amor, libertad y seguridad cuando deberíamos estar temiendo incurrir en la arrogancia frente a la enfermedad y la muerte, algo que ninguno de nosotros debería permitirse.