by Samaria Márquez Jaramillo

Cine y cuarentena

Ramón Casalé i Arán

En época de confinamiento parece que la circunferencia llamada planeta Tierra detuviera su incesante girar, con los llamados humanos a bordo. Los días fluyen despacio y lo que anteriormente ni siquiera era una idea sin posibilidad, ahora es una fuerza que se obstina en no dejar disfrutar todo el tiempo libre que, por ironías de esas que cambia y transfigura la realidad rutinaria, queda durante 7 u 8 horas diarias, sin que el ocio se convierta en diversión y a cada momento, como niños hastiados se tenga que exclamar: ¿Ahora qué hago?

En los largos días de confinamiento el televisor es un compañero ideal, pero he de reconocer que la frustración a veces me invade, tanto por la calidad de las películas emitidas como por la repetición de la repetidora, aunque a veces se cambia el nombre del film para que parezca otro, como por ejemplo Pearl Harbor, retitulada como Entre el fuego y la pasión, a full color, con acción sin argumentos, hechos sobrepuestos, muchas carreritas, besos, levantadas de faldas y del libreto ¿qué? ¡Nada! Argumentos flojos que buscan el entretenimiento fácil y sin complicaciones.

¿Cuando ver cine de calidad, verdaderas obras maestras? La situación se complica. En la mayoría de los casos uno tiene que adquirir las buenas obras del Cine mediante pago. Es cierto que disponemos de una herramienta muy potente que nos puede ayudar en la búsqueda de esta obra de arte o este film de culto que nos ofrezca una gran satisfacción, esta herramienta es Youtube pues podremos acceder a una gran cantidad de films, tanto es su idioma original como en español.

No intento ser excluyente y pasar por fino tamiz las cualidades, calidades o desastres de algunas obras excelsas o cursis, sublimes o sentimentales, patéticas y cargadas de tópicos. En el séptimo arte, como en La viña del Señor, hay de todo, para todos. Con la película de la que voy a hablar y con el director que colocaré sobre los próximos renglones no demostraré el sumun de la filosofía, como la contenida en La Tierra, la película muda, rusa, que reflexiona filosóficamente sobre la vida, la muerte, el amor y la naturaleza, ni es un film épico como el visto por Netflix los primeros días de este truculento año 2020, titulada El Irlandés. Pero no se afanen ni salten renglones. Ya llegará el comentario anunciado. Como adelanto digo que se trata de una sobrecogedora obra de culto, en blanco y negro y con subtítulos.

Dedicaré esta nota a uno de los grandes directores del cine, que influyó decisivamente en el cine de la segunda mitad del siglo XX, me refiero a Ingmar Bergman: Nació el 14 de julio de 1918 en Upsala, Suecia, su padre era pastor luterano y de una moral muy estricta donde los castigos corporales eran habituales. Su vida íntima transcurrió entre constantes devaneos, 5 matrimonios e innumerables amantes. Y solo alcanzó el equilibro conyugal a los 54 años con su quinto matrimonio. Murió en el año 2007, el 30 de julio a los 87 años, en la isla de Faro.

Ingmar Bergman es un referente, ganador de tres Oscars, 6 Globos de Oro, premios en el Festival de Cannes, etc. Quizás puedo afirmar que su madurez artística corresponde al periodo entre mediados de la década de los 50 y finales de los 60 del siglo XX. Son referentes de este periodo Sonrisas de una noche de verano, El séptimo sello, Fresas salvajes, En el umbral de la vida, El manantial de la doncella, Silencio. Trabajador incansable en invierno se dedica al teatro, más de 100 obras dirigidas, y en verano al cine sobrepasando 40 películas.

De Bergman escogí su más significativo film: El manantial de la doncella, rodada en 1959 y estrenada en 1960 y que en 1961 obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera. Con una magistral puesta en escena, y una fotografié excelente, careciendo de policromía, consigue que los amantes de la fotografía clásica disfruten de algo casi irrepetible. La historia está inspirada en una balada sueca del siglo XIII que narra la violación y asesinato de una joven virgen en manos de dos hermanos. El manantial de la doncella es una obra cargada de simbolismos, en una Suecia que recién había abrazado el cristianismo pero que está sobrecargada de prejuicios religiosos y una fuerte tradición pagana.

Como dato final el manantial narrado en este film todavía existe y la capilla, la primera de piedra, también.

En este link encontrarán la obra del 7º arte de Ingmar:
https://www.youtube.com/watch?v=3Yrtu-H3ozg

Que las disfruten