by Samaria Márquez Jaramillo

Palabras de la directora:

Popurrí gramatical, estilo Rondalla

“Un agujero en el cuero cabelludo reveló que el occiso fue asesinado de un balazo”.

* Occiso es un término que procede del latín occīsus, derivado a su vez de occidĕre (“matar”). Un occiso, por lo tanto, es aquel que ha sido asesinado o que ha muerto violentamente. 
Por ejemplo: 

“El occiso fue identificado rápidamente ya que llevaba documentos en su pantalón”.

“El hermano del occiso reclamó justicia ante los medios de prensa y pidió que la población se sume a la manifestación que tendrá lugar frente al CAM”.

La noción de occiso puede confundirse con otros conceptos similares, como muerto o difunto. Aunque en algunos contextos son utilizados como sinónimos, cada uno tiene su significado específico. Según Perogrullo, muerto es quien está sin vida, al igual que difunto. Esto quiere decir que un occiso también es un muerto o un difunto, aunque un muerto o un difunto no siempre son occisos. Un hombre de 86 años que muere por causas naturales, como un paro cardíaco, no es un occiso. En cambio, un joven asesinado en un robo es un occiso, pero también es un muerto y un difunto.

Para poder determinar que un cadáver es occiso, los investigadores y policías llevan a cabo un análisis exhaustivo tanto de aquel como del lugar en el que se ha encontrado. De esta manera, determinarán que ha sido asesinado y no ha muerto por causas naturales cuando hallen signos de violencia, esto queda claro. En ese caso, procederán a recoger todo tipo de muestras tanto de objetos como de huellas e incluso de tipo corporal en la víctima para poder encontrar los indicios que lleven a determinar quién o quiénes le han provocado la muerte.

No obstante, a pesar de todo, existen muchos casos en los que no se ha podido determinar claramente si un cadáver era occiso o no. Este sería el caso del fallecimiento de la actriz Marilyn Monroe, la tentación rubia, pues mucho se ha aventurado acerca de si fue asesinada o si murió por otras causas. La realidad es que su cuerpo fue encontrado junto a un tubo de barbitúricos y todo parecía indicar que se había suicidado. Pero el hecho de que la falta de pruebas pueda confirmarlo a ciencia cierta, muchas son las teorías que han indicado que en realidad fue asesinada. ¿Por qué? Porque al ser amante de los Kennedy (Robert y John Fitzgerald ) conocía muchos detalles de la vida personal y política de ambos y podía hacer tambalear a esta saga que se había convertido en pilar indiscutible de los Estados Unidos. Es más, algunos afirman que fueron los propios Kennedy los que encargaron que fuera asesinada para que no desvelara los negocios turbios que tenían con la mafia. Sea como sea, ha quedado sin resolverse el caso y comprobado, sin lugar a dudas que el presidente Kennedy, el 22 de noviembre de 1966 se convirtió en occiso.

En casos confusos, es preferible no utilizar el concepto de occiso ya que podría incurrirse en un error, lo que nunca ocurrirá si se apela a términos como muerto o difunto. Supongamos que la policía halla a una persona sin vida en la vía pública. El cadáver no tiene marcas ni golpes de ningún tipo. La causa de muerte, por lo tanto, sólo se podrá determinar con una necropsia. Mientras tanto, no se debería hacer uso de la denominación de occiso, ya que no se sabe si la muerte habrá sido ocasionada por causas violentas y va otra advertencia: Señor cadáver, sin importar si usted es occiso o difunto la condición es que esté bien, pero bien muerto.

Hablar de los fallecidos es un tema fácil porque a ellos les será difícil contradecirme. Además, como no hay difunto feo, el texto resultará estético. Estética es difícil palabra: Corresponde a la lógica de las formas. Lógica: Es poner en práctica los razonamientos correctos, es la práctica de la razón.

¿Se puede ser lógica al hablar de un tema tan improbable como la muerte? Conste que no digo que la muerte sea improbable pues es lo único seguro que hay en la vida. Al decir improbable me refiero a los eventos, anecdóticos o no, del tema de la muerte, porque hasta la fecha no han sido escuchados los testigos protagonistas. ¿Hablarán con emocionalidad?

La gente se la pasa hablando de cuestiones emocionales: De un amor muy bonito o de una vergüenza muy fea y, así mismo, de odios profundos (como las simas), de humores negros (usar el color negro para describir situaciones enojosas ya fue protestado por los anti-racistas, con máxima razón) , de miradas duras (como el acero), de historias tiernas (como pollitos amarillitos), de colores suaves (como el algodón), de ánimos acalorados (como la fiebre), de relaciones frías (como esta noche), sensibilidades heridas (como corazón de traicionado), de días amargos (como bebidas digestivas), de chistes picantes (como salsa de ají); de la misma manera, nudos en la garganta, mariposas en el estómago, opresiones en el pecho, hueco en el corazón. La mentira es repugnante, el crimen es asqueroso, hacer trampa es jugar sucio y los pecados se limpian, las culpas se lavan, las condenas se purgan.

¡Ay Dios! El bien y la belleza, el mal y lo repulsivo, van en parejas. Y se crea, así, un mundo dual. Se supone que todo tiene forma de moneda: dos caras, dos partes y solo dos. El ejercicio de la vida no es un plan de términos opuestos, como en las películas de vaqueros: Buenos, con sombrero blanco, malos con color negro. De forma general, binario es un sistema que utiliza sólo dos valores para representar sus cuantías. Es un sistema de base dos. … En las computadoras estos ceros “0” y unos “1” son llamados dígitos binarios o solamente “bit”, lógicamente. Según la lógica de Aristóteles cuando una persona escribe, estructura su discurso en un orden lógico. No soy aristotélica. Narrar debe ser un acto anacrónico, para no pensar y descubrir que se está atada a convenciones y luego enojarse, irremediablemente.

Cuando una persona se enoja, la progresión de su sentimiento es con vísceras, gestos, voz y manotazos. La gente, para pensar, sigue un método lógico, pero para sentir toma el modo de sus sentimientos. Así mismo es la ironía: Es una afección que provoca rencor o risa y que irrumpe en los mortificados espacios que los agrios y retorcidos, con solemne vocabulario, pretenden administrar, con cinismo pecaminoso. Prefiero el cinismo bochinchoso… Por supuesto que cuando hablo de cinismo, actitud diferente a la ironía, no me refiero a quienes conocen los artilugios del atropello, la corrupción, la deshonestidad o el abusivo utilitarismo. 

“Diógenes fue un cínico, irónico desenfrenado que como perro pudo alzar la pata y orinar en la puerta del más sabio o rico, vivir en un tonel, o mendigar por comida, pero nunca obtener indigna ventaja sobre otro”, cantaleteaba Estanislao Zuleta, cuando se refería a las cualidades de Groucho Marx, su gran admirado.

Y ¿qué tienen que ver los sentimientos con los muertos? La respuesta no es difícil: Son incapaces de sentirlos pero muy eficaces para inspirarlos: No resistí copiar del grupo roquero argentino Callejeros, estrofas de la canción Señales: “Ni la ironía de la irónica ironía/ni lo falso de la falsa falsedad/me explican lo que explican/los que explican sobre la verdad/Soy un muerto encerrado/en un cuerpo vivo/soy un vivo que hace un tiempo se murió/A tu suerte siempre réstale una duda/A esa duda, una posibilidad/Si esa posibilidad se vuelve loca/esa es tu verdad”…

Mejor dicho: “En esta noche clara de inquietos luceros…” «¡No es grato morir, señor, si en la vida nada se deja y si en la muerte nada es posible, sino sobre lo que se deja en la vida!» César Vallejo