by Samaria Márquez Jaramillo

Palabra ajena

Lo que dijeron los otros en tiempos que no son hoy y aquí y que posee calidad y cualidad para definir, delimitar o diferenciar, son conceptos que darlos a conocer aporta no solo material de lectura sino gérmenes de reflexión, para pensar, para conocer, para definir ,para repetir el pensamiento de la canción Razón de vivir , de Víctor Heredia, https://www.youtube.com/watch?v=VfQOGMGuMrM

“Para decidir si sigo poniendo esta sangre en tierra, /este corazón que bate su parche en luz y tiniebla; / para continuar caminando al sol por estos desiertos, / para recalcar que estoy vivo en medio de tantos muertos; / para decidir, para continuar, para recalcar y considerar;/ para aligerar este duro peso de nuestros días, / esta soledad que llevamos todos, islas perdidas; / para descartar esta sensación de perderlo todo, /para analizar por donde seguir y elegir el modo, / para aligerar, para descartar, para analizar y considerar” :

Américo Schvartzman, de la redacción de El Miércoles 
–periódico digital argentino- preguntó a Eduardo Galeano:

▬ Su escolaridad no fue muy ortodoxa, ¿verdad?

▬Mi educación fueron los cafés de Montevideo. No tuve educación formal. Tuve seis años de escuela primaria y uno de secundaria. O sea, siete años en total y se acabó.

▬ ¿Cómo decidió que escribir sería su profesión?

▬ No lo decidí, me fue ocurriendo a medida que iba rebotando en todo, que iba descubriendo que era un inútil total, que había nacido para no servir para nada, no tuve más remedio que refugiarme en esto que era lo que más o menos me salía, porque en el resto fui siempre un desastre. Quise ser muchas cosas y no pude ser ninguna. Entre otras, y como buen uruguayo, quise ser jugador de fútbol. Porque todos los uruguayos queremos serlo, nacemos gritando “gol”. Y fui un patadura
desde el principio, un bochorno en las canchas de mi país, y nunca pude realizarme como jugador. Después, como tuve una infancia muy mística -era muy católico de verdad, muy creyente–, quise ser santo y fui peor como jugador de fútbol porque tenía una vida claramente inclinada al pecado. También a lo visual. No puedo escribir nada si antes no cierro los ojos y lo veo. Hasta las ideas necesitan ser vistas antes de ser convertidas en palabras, si no, no me salen.

▬En 1971 publicó Las venas abiertas…. Y al repasar sus trabajos,
todo parece una sola gran obra que siguió trabajando a partir de aquella. La pregunta es: ¿cuál es el precio de esa coherencia y cuál es el premio?

▬El premio es mirarse al espejo cada día y reconocerse en ese bicho feo que el espejo te devuelve, sin remordimientos, sin pelearte contigo. Ese es el premio. Y el precio no sé qué decirte, alguno he pagado pero tampoco creas que, de verdad, es gran cosa. Muchas veces hay mentiras que dicen la verdad y verdades que mienten. Cosas raras de la vida.

Si bien su obra siempre fue irreverente en su contenido, a lo largo del tiempo fue siendo menos solemne, más amistosa. ¿Es un efecto buscado, ha sido involuntario?

▬ Creo que he hecho el viaje al revés que otros escritores, que han ido de lo sencillo a lo complicado. Yo he ido de lo complicado a lo sencillo. Hace poquito, en uno de los lugares donde estuve, en Ourense, en Galicia, se me acerca un gallego viejo con una mirada muy dura, sin parpadear, que me dijo: “Qué difícil ha de ser escribir tan sencillo”. Y tenía razón. Era una frase sabia, de esas que uno quisiera haberla dicho. Porque la tentación que corrés en una región del mundo como la nuestra, la latinoamericana, tan castigada por la inflación palabrera como por la inflación monetaria, la tentación en la que uno incurre es: Bueno, ya que no somos profundos seamos complicados. Y el estilo se va haciendo cada vez más indescifrable. Pero el viaje al revés, que es el viaje a la sencillez, a la transparencia, hacia la noble luz de la vela y el buen vaso de agua o de vino, son las cosas más elementales. Es un viaje muy complicado porque cada texto mío, estos textos breves, desnuditos, que tan sencillos parecen, son sencillos después de un largo trabajo de búsqueda de las palabras que vale la pena decir, de exclusión de las otras, de un largo trabajo de escribir un texto y volverlo a escribir…

Y desechar palabras…

▬ Sí, sobre todo eso, según el consejo que me dio Juan Rulfo, quizás el mejor de todos, que escribió poco pero escribió para siempre, y que supo crear un lenguaje desnudo, al que no le sobra nada. Rulfo me dijo: “Para escribir hay que usar un lápiz que tenga goma de borrar”. En el arte de escribir, suprimir palabras es tanto o más importante que encontrarlas. Para encontrarlas hay que saber suprimir las que sobran. Y es difícil, porque uno se encariña con las palabras que emplea.

▬Uno se enamora de ellas…

▬Sí, y ellas te golpean la espalda y te dicen: “Por qué me tratás así, si yo soy buena, qué te hice”. Y uno se conmueve, es difícil, pero no hay más remedio que matar a esas palabras que sobran. Hay que ser despiadado con ellas.

▬ ¿Tiene presente un texto de otro escritor por el que, como
decía Soriano, daría el brazo con el que escribe?

Sí, hay unas cuantas, pero la que elegiría en este momento es una de un gran relato de Cortázar, El Perseguidor, que es un homenaje a Charly Parker, al gran saxofonista, en el que él dice, según Cortázar: “Esto lo estoy tocando mañana”. Esa es una de esas frases.

▬ ¿Cómo dice “esto sí lo voy a incorporar, esto no”?

Los libros te escriben. Te van dictando lo que quieren ser. Crecen desde adentro hacia fuera, no al revés. Desde adentro y desde abajo. Están dentro de uno y después salen, y cuando uno quiere imponer desde afuera cosas que no siente de veras, no funciona. El resultado es ortopédico. Es un proceso que tiene que ver con la razón que organiza las historias, las palabras, pero mucho más con otros órganos del cuerpo, que no sé bien cuáles son. Un ingeniero amigo dice que en la historia humana lo único que se hace desde arriba son los pozos. Todo lo demás se hace desde abajo. ¡Y tiene razón!

 

▬Hablando de su nuevo libro, hay mucha paradoja en ese material…

▬Sí. La contradicción es el motor de la historia y de la vida humana.

▬ ¿De dónde sale esa fertilidad de América Latina para las paradojas?

El mundo es paradójico. No somos especialmente paradójicos nosotros. Lo sabía Lao Tsé, después lo confirmó Hegel, Marx lo heredó. Y yo fui formado en un materialismo dialéctico que, aunque después los alumnos del “barbudo” se olvidaron, es una filosofía de la contradicción. Después la contradicción fue excomulgada, fue condenada como herejía por los regímenes que actuaron en nombre de Marx, que es inocente de las barbaridades que se cometieron invocándolo, como Jesús fue inocente de las atrocidades de la Santa Inquisición.

▬El Uruguay, esa paradoja inexplicable

▬La paradoja más notable del Uruguay, es que con tres millones de habitantes, ha prohijado una riqueza cultural asombrosa. Para todos es un misterio. ¿Cómo es posible que un país que tiene menos habitantes que un barrio de San Pablo o de Buenos Aires pudiera generar dos campeonatos mundiales de fútbol y dos
Olimpíadas? Es estadísticamente inexplicable. El Uruguay fue perdiendo jóvenes y ahora, si te asomás a la calle, verás que hay más sillas de ruedas que cochecitos de bebés. Los jóvenes se fueron y se siguen yendo. Y eso ha hecho que el país perdiera lo más importante, que es la fuerza dinámica de la juventud, la de las
generaciones nuevas.

▬Y a pesar de todo eso…

▬A pesar de todo eso, este país vale la pena por muchas cosas. No hubo ni una sola figura de alguna relevancia, en el campo de las artes o de las ciencias, que fuera cómplice de la dictadura militar. Esa es una fuente de orgullo. Es una cultura digna. En los demás países no ocurrió. Muchas figuras prominentes, brillantes, aplaudieron las carnicerías y se sometieron con sumo placer a la humillación militar. Menos mal que Marx no se metió con Artiga

▬ El Mercosur ¿es el primer paso hacia el sueño de Artigas, San
Martín y Bolívar o es un negocio para empresarios argentinos y brasileños? ¿Es un paso hacia la Patria Grande? ¿O es sólo un acuerdo comercial que concluye ahí?

Es una perspectiva… Pero son procesos muy lentos. Cuando vos tenés países organizados para la división, para el rencor mutuo, y el mutuo desprecio, amaestrados para mirar hacia fuera, hacia Estados Unidos o Europa… Esta mala costumbre de escupir al espejo de desquererte y de desquerer a tus vecinos, y de ser posible odiarlos, hace que estos procesos de integración sean dificultosos. Y no se van a superar esas dificultades mientras no exista una conciencia clara de que la economía es muy importante, pero es nada más que un pedacito de la realidad, y que los grandes cambios culturales están por hacerse. Debemos
juntarnos, y no sólo para defender el precio de nuestros productos, sino también, y sobre todo, para defender el valor de nuestros derechos.

▬ ¿Por qué la izquierda latinoamericana no suele hablar de Artigas? Hablan de San Martín, de Bolívar…

▬ Cierto que Marx no dio noticias de él, pero… Igual, Marx metió la pata cada vez que habló de América Latina. Mejor que no hablara de Artigas. No hay que hablar de lo que uno no conoce. Y él habló de lo que no conocía para ganarse unos pesos en la Enciclopedia Británica. Tampoco fue porque le encantara la idea, sino porque no tenía más remedio. Artigas fue muy importante, mucho más de lo que se reconoce; fue el primer ciudadano ilustre del Mercosur, primero porque fue quien con más ahínco luchó para que no se rompiera el mapa de la Patria Grande, y segundo, porque de todos los héroes de la independencia fue el que tuvo la conciencia social más clara. No quiso que la independencia fuera lo que fue: una emboscada contra los hijos más pobres de América. Esa doble dimensión lo agiganta. Artigas hizo la reforma agraria medio siglo antes que Lincoln y un siglo antes que Zapata. Claro que es un tipo muy reivindicable, pero ¿por qué se lo ha olvidado? ¿Por qué no ocupa el lugar que debería ocupar? Porque como jefe militar no tuvo mucho talento. No fue un buen jefe militar, y nosotros aprendemos una historia militar. Puros nombres de batallas.Por eso yo fui el peor estudiante de Historia. La odiaba. ¡Y después escribí tanto de historia! Pero odiaba la historia porque era una sucesión de batallas inverosímiles, donde todos los héroes morían pronunciando frases larguísimas y eran señores de bronce con los que yo no tenía nada que ver. Yo decía: “¿Y estos tipos qué son, de mármol, de bronce? No lloran, no se enamoran. No tienen miedo. ¿Qué tienen que ver conmigo?”. Ir a historia era una visita al museo de cera. Un desfile de próceres recién salidos de la tintorería, ¿cómo era posible que tuvieran esos uniformes tan lustrosos? Si era verdad que vivían de batalla en batalla… Artigas no tenía nada que ver con eso. Él gobernó sentado encima de un cráneo de vaca, bebiendo ginebra de un cuerno. El único lujo que se daba era que tenía dos y hasta a veces tres secretarios, pero eso se explica por la falta de papel carbónico. Los secretarios eran el duplicado, la copia. Ese fue el único lujo que se dio. Fue el hombre más sencillo del mundo, gobernó para los sencillos y habló poquísimo.

Lo que dijeron los otros en tiempos que no son hoy y aquí y que posee calidad y cualidad para definir, delimitar o diferenciar, son conceptos que darlos a conocer aporta no solo material de lectura sino gérmenes de reflexión, para pensar, para conocer, para definir ,para repetir el pensamiento de la canción Razón de vivir , de Víctor Heredia, https://www.youtube.com/watch?v=VfQOGMGuMrM

Pero lo que dijo…
Lo que dijo valía la pena. Sigue siendo peligroso, y peligroso con razón. En Espejos, hay un capítulo chiquito de esos que me gusta hacer, que se llama “Dos traidores”. La diferencia de Artigas con Sarmiento. Yo digo que los dos eran traidores. Sarmiento escribió siempre contra Artigas, de la más violenta manera, lo odiaba: “Degollador”, “vagabundo”, “bandolero”, “contrabandista”,  analfabeto”, de todo le decía. Pero en el último libro escribe: “lo peor, traidor a su raza”. Y yo en este escrito digo: “es verdad”. Y es verdad que Sarmiento era traidor a la suya, porque si uno ve las litografías se da cuenta que ése era lo menos parecido a un noruego que pueda nadie imaginar. Era evidente que su rostro delataba un origen del que él estaba muy avergonzado. Entonces era aquella concepción de que esta tierra sólo podía mejorar importando gente que tuviera el aspecto que tenía Artigas, que era blanco de ojos claros. Pero Artigas se jugaba por los negros, por los indios, por los gauchos, por los mulatos, por los descalzos, por los humillados y Sarmiento, en cambio, el único gesto generoso que tuvo en la vida fue fundar la Sociedad Protectora de Animales.