by Samaria Márquez Jaramillo

Las langostas

Ray Bradbury

Los cohetes incendiaron las rocosas praderas, transformaron la piedra en lava, la pradera en carbón, el agua en vapor, la arena y la sílice en un vidrio verde que reflejaba y multiplicaba la invasión, como espejos hechos trizas. Los cohetes vinieron como langostas y se posaron como enjambres envueltos en rosadas flores de humo. Y de los cohetes salieron de prisa los hombres armados de martillos, con las bocas orladas de clavos como animales feroces de dientes de acero, y dispuestos a dar a aquel mundo extraño una forma familiar, dispuestos a derribar todo lo insólito, escupieron los clavos en las manos activas, levantaron a martillazos las casas de madera, clavaron rápidamente los techos que suprimirían el imponente cielo estrellado e instalaron unas persianas verdes que ocultarían la noche. Y cuando los carpinteros terminaron su trabajo, llegaron las mujeres con tiestos de flores y telas de algodón y cacerolas, y el ruido de las vajillas, cubrió el silencio de Marte, que esperaba detrás de puertas y ventanas. En seis meses surgieron doce pueblos en el planeta desierto, con una luminosa algarabía de tubos de neón y amarillos bulbos eléctricos. En total, unas noventa mil personas llegaron a Marte, y otras más en la Tierra preparaban las maletas..

Años de Langosta

Luis Carlos Molina Acevedo *

*Comunicador Social y Magíster en Lingüística de la Universidad de Antioquia, Colombia. Autor de excelentes textos de narrativa y ensayos, entre ellos los siguientes títulos: , El abogado del Presidente, Guayacán Rojo Sangre, Territorios de Muerte, Años de Langosta y El Confesor.

Para los indígenas vecinos y descendientes del pueblo Quimbaya, las langostas eran la personificación de los demonios que lograban escaparse del profundo Infierno.

Quedaban tan arrasados los campos con el paso de las langostas adultas y luego con las que brotaban de los huevos que dejaban y que trepaban a los árboles más altos a comerse lo que les dejaban las que pasaron, que los indios no tenían más para alimentarse que cocinar sopa de langostas aderezada con la sustancia de algún cuero o calambombo que tuvieran por ahí colgado o de un animal doméstico muerto que ellos transportaban, aún de lejos, para consumirlo en sus bohíos.

Pero no solo en la prehistoria. La langosta ha hecho presencia en Colombia en múltiples ocasiones más cercanas. La historia recuerda que, en los años de 1815 y 1816 la plaga llegó del sur, atravesó el Estado del Cauca y avanzó hasta Antioquia dejando desolación y hambre.

Los cronistas  que viajaron por el occidente colombiano entre finales del siglo XIX y comienzos del XX dieron fe de la llegada de estos insectos terriblemente destructores, “de color gris amarillento, de cuatro a seis centímetros de largo, cabeza gruesa, ojos prominentes, antenas finas y alas membranosas; el tercer par de patas es muy robusto y apto para saltar”, según el Diccionario de la Lengua Española (2001). Se parecen a los grillos.

En el siglo XX, los departamentos de Cauca, Valle, Caldas,  Antioquia, Santander, Meta y Vichada, entre otras regiones, han padecido semejante plaga. Esos animales devoran los cultivos de pastos, caña de azúcar, soya, arroz, maíz, yuca, plátano, fríjol y otros cultivos de hojas dulces .No se comían los arbustos de café por el sabor amargo de sus hojas.

En la lucha contra las langostas, los muchachos formaban improvisados convites; mientras los de adelante iban matando langostas con ramas, palos y tablas, los de atrás, armados de palas y regatones, las amontonaban y sepultaban en brechas superficiales.

Hubo campesinos dedicados a combatir las langostas. Las mataban, las metían en costales y se las llevaban al dueño de la finca para que les pagara con la alimentación y un centavo el costalado.

Para los colonos paisas recién llegados y para los llaneros colombianos de las nuevas generaciones, se trata de una peste bíblica; un castigo divino que, a través de la historia, en distintas culturas, ha provocado el peor de los pánicos.

En la Universidad Nacional, seccional Medellín, se adelantaron experimentos con langostas solitarias y luego de algunos días de estar juntas, tomaban la coloración café o gris oscuro de la gregaria. Otro de los experimentos novedosos consistió en separar de un tajo con una cuchilla el tronco de la cabeza y colocar junto a ésta hojas tiernas. Para desconcierto de los presentes, la cabeza mutilada de langosta devoró varias hojas.

Exodo 10

-13 Y extendió Moisés su vara sobre la tierra de Egipto, y Jehová trajo un viento oriental sobre el país todo aquel día y toda aquella noche; y á la mañana el viento oriental trajo la langosta:

-14 Y subió la langosta sobre toda la tierra de Egipto, y asentóse en todos los términos de Egipto, en gran manera grave: antes de ella no hubo langosta semejante, ni después de ella vendrá otra tal.

– 15 Y cubrió la faz de todo el país, y oscurecióse la tierra; y consumió toda la hierba de la tierra, y todo el fruto de los árboles que había dejado el granizo; que no quedó cosa verde en árboles ni en hierba del campo, por toda la tierra de Egipto.

(Exodo 10-14 “Ni después de ella vendrá otra tal”…