by Samaria Márquez Jaramillo

ALICIA DE LAS MARAVILLAS CUMPLIÓ 155 AÑOS

En un mundo loco e inexplicable

“No hay nada más retorcido que la mente humana, y los
personajes literarios apenas bordean la superficie, incluso los
más complejos”.

Mercedes Estramil*

“La prosa de Mercedes Estramil es como subirse a un tren de alta velocidad que va a 230 kilómetros por hora en Uruguay, o sea, no se sabe si tiene frenos o en cualquier momento va a descarrilarse” G.Alemán .

Wikipedia dice:Escritora uruguaya, graduada en Filosofía y Literatura, en la universidad de la República. Nacída en Montevideo el 6 de febrero de 1965. Desde 1993 hasta la fecha publica sobre literatura y cine en El Cultural del diario EL PAÍS.

Al revés de Alonso Quijano (Don Quijote), que huye de su entorno en busca de las aventuras que lee en los libros, Alicia comienza a ser protagonista y habitante del país de las maravillas, escapando del libro aburrido que lee su hermana mayor y el rol del realismo se vuelve hilachas ,destrozado por la magia que sumerge a Alicia en un pozo y mientras dura la caída, que es también el de la infancia real de la protagonista, se acompaña mentalmente de procesos ilógicos que vistos a través de la literatura vuelven verdad el hecho de aumentar y decrecer de tamaño; hablar con gatos que sonríen, orugas filósofas y tortugas lloronas; ahogarse literalmente en sus propias lágrimas; jugar al croquet con personajes de la baraja de naipes,etc.

Antes de adoptar el pseudónimo Lewis Carroll , el británico Charles Lutwidge Dodgson fue muchas cosas en su vida pero pasó a la historia por ser el autor de Alicia en el país de las maravillas cuento que como obra infantil es demasiado maduro y como ficción para adultos resulta un mucho infantil.

El futuro Lewis Carroll sumó a la titulación de ministro religioso anglicano , la de matemático, fotógrafo y escritor. Se ha conservado muy poca obra fotográfica suya, pero puede asegurarse que parte importante consistía en fotografiar niñas, con y sin ropa. 

 

La discusión sobre si había o no un sustrato de pedofilia en el asunto no está zanjada. Queda el recuerdo de que la familia Liddell, apellido de Alicia, rompió toda amistad con Caroll y no permitía que en presencia de ellos se nombrara al anglicano Carroll quien era un tipo enigmático y alguien lo postuló, entre decenas de candidatos, como un posible «Jack, el Destripador». La Alicia literaria le hubiera hecho preguntas hasta hacerlo confesar.

A ciento cincuenta y cinco años de la creación del personaje, ese universo de Alicia, aunque parezca ser un permanente recreo de relojes parados, confusiones verbales y personajes extravagantes, es una historia de aprendizaje a través de la observación y la experiencia.

Es un cuento sobre la necesidad de adaptarse a lo inexplicable del mundo, a la dificultad y misterio del crecimiento, a la vulnerabilidad y fortaleza que provocan los cambios. También sobre el lenguaje y sus
trampas: los guiños, equívocos, metáforas, dobles sentidos, entrelíneas y códigos. En lo anterior reside parte de su atractivo y su humor. Y en sus personajes: La sonrisa evanescente del Gato de Cheshire, una Reina de Corazones definida por la orden desquiciada de cortar cabezas o el Sombrerero Loco con su ansiedad galopante, acostumbran al lector a un ritmo y un escenario.

Alicia es la niñez en estado puro, moviéndose con la soltura, impaciencia y el egoísmo de su edad, con momentos de desolación seguidos de otros de euforia ilimitada. No importa tanto lo que le ocurre a un nivel físico como lo que habla y escucha, aunque todo —vivencia y discurso— esté inscrito en el mapa del absurdo.
Una vez que se le toma el pulso a la historia y desde una relectura adulta, Alicia se revela como un libro menos entretenido de lo que promete, repetitivo y circular. Son muchos los saltos de tamaño de la protagonista, los signos de exclamación y los diálogos sin sentido puestos para evidenciar precisamente su sinsentido. En un punto la historia en sí se afloja y queda su leyenda. La vuelta del final con la reflexión onírica, desencantada y triste de la hermana mayor, señala esa distancia que se instala entre la adultez y ese país de las maravillas que solo la niñez puede captar y disfrutar, sin preocuparse en lo más mínimo de entenderlo o no.