by Samaria Márquez Jaramillo

La identidad en el ciberespacio

Nicanor Ursua*

*Español, nacido en Etayo, un municipio con 127 habitantes, en Navarra, es licenciado en Filosofía por la facultad de Filosofía de la Universidad de Munich , doctor en Filosofía de la Universidad de Munich, especializado en Epistemología evolucionista, estudios de ciencia-tecnología, sociedad y globalización. Profesor de Teoría del conocimiento, Historia del pensamiento económico y político, coordinador del Máster de la UPV/EHU Filosofía en un mundo global, miembro de la comisión académica del programa de doctorado de la misma universidad.

La comunicación virtual, como ningún otro medio basado en la relación persona- persona, ofrece a los que así se comunican la habilidad para manipular sus identidades personales de tal manera que nos hemos de preguntar acerca de lo que es posible y lo que es apropiado en la presentación de uno mismo, cómo puede afectar Internet a la relación social en el tiempo y en el espacio y si es diferente de la manera en que se organiza la “vida real”.

La identidad,  a diferencia de la concepción esencialista procedente del sujeto cartesiano y que ha durado mucho tiempo en la concepción occidental, a saber, la idea de que hemos nacido tal como somos, de que existe un yo real, de que nuestras identidades están ya fijadas y son estables (D. Bell, 2001, 114), es entendida como un  constructo personal, social y simbólico muy complejo que consiste, como afirman A. F. Wood/M. J. Smith, 2001, 47, en parte de lo que pensamos que somos, de cómo deseamos que los demás nos perciban y cómo ellos realmente nos perciben, sobre todo en cómo deseamos que los demás nos perciban.

Los “nuevos universos simbólicos” se han convertido, en nuestra sociedad digital, en los definidores y hasta en los creadores de la realidad, pues esta “realidad mediada” se llega a identificar con la “realidad natural”, generando y difundiendo símbolos y sentidos de identificación y de pertenencia.  Un primer análisis se puede llevar a cabo, para conocer la construcción de la identidad, mediante la observación de las páginas Web personales, ya sean producidas por un individuo, pareja, familia o colectividad. Estas páginas narran la historia de sus autores/as, nos ofrecen su biografía, sus fotos, sonidos, nos dan noticias, tienen enlaces, etc.,  y nos dan pistas para captar algo de su identidad, del yo que pretenden mostrarnos. Shakespeare hace decir a Jaques en A vuestro gusto (As You Like It), Acto II, Escena.7: “El mundo entero es un teatro, y todos los hombres y mujeres simplemente comediantes”.

Un ejemplo de lo que a veces ocurre en Internet con relación al Yo es el cambio de género, es decir, cuando una persona de un determinado género se presenta en la red como otro género, por ejemplo, un hombre que hace de mujer. El ciberespacio puede crear un nuevo espacio para renovar la relación tecnológico- sexual, dando lugar a diferentes representaciones de género y experimentar con el género y el sexo. Sobre cambio de género en Internet.

La noción de “violación virtual” parece depender de cómo entendamos el concepto de violación no tecnológica. ¿No estaremos pasando, como dicen algunos/as, de la anatomía del cuerpo de la mujer a la construcción de las mentes individuales? ¿No estaremos asistiendo en el ciberespacio, incluso en los entornos más radicalmente descentrados del juego de la identidad de género a identidades y relaciones estereotipadas de la vida real?

El anonimato permite a los usuarios de la red asumir diferentes identidades, crear identidades y cruzar límites, fronteras varias y poderes. El anonimato en CMC es un estado de comunicación donde la identidad del comunicador no se hace aparente. Esto puede ser interesante en ciertas circunstancias, pues se puede ocultar, por ejemplo la raza, sexo, etc., pero en otras puede servir hasta para faltar a la ley o perder la realidad.

1. El desvanecimiento de la percepción de los límites entre lo real y lo ficticio, a causa de la simulación virtual, puede contribuir a favorecer el desinterés por las realidades locales y concretas en beneficio de una fuga de la fantasía que se “hincha de realidad”.
2. La constante aceleración de las experiencias sensoriales en la interacción con los aparatos tecnológicos puede crear un estado de permanente excitación que puede dificultar la concentración y el buen hacer.
3. La sobreexposición a la imagen, que actúa más fuertemente de manera “afectivo-emocional”, puede facilitar, si no está bien trabajada, la pereza del pensamiento, la falta de interés por pensar, el desinterés por la lectura y la decadencia de la palabra, del lenguaje, que tiene efectos “cognitivo- conceptuales” y del pensamiento argumentativo, como ya está ocurriendo.

4. La sobreabundancia de publicidad puede fomentar el interés a la “marca comercial” (la nueva religión) y contribuir a la ausencia de sentido crítico.
5. El aumento de la expresión de intimidad a través de la mediación electrónica puede desestimular la sociabilidad y el diálogo directo cara a cara.
6. La sobreexposición a las imágenes de violencia tiende a banalizar la vida y la propia muerte, contribuyendo así a la desensibilización.
7. La inmersión acrítica en la cultura mediática puede alterar los cuadros de percepción de la realidad, influyendo de este modo en la formación de identidades.
8. El aumento del narcisismo, mediante la inmersión en el mundo virtual, con la creciente atomización de la experiencia, pueden influir en la formación de las identidades al no poder o hacer muy difícil el mantener narrativas biográficas coherentes.

En esta situación de falta de los otros, experimentamos la soledad, el vacío, la exclusión y el abandono. Tememos que nos dejen solos y para que no suceda nos agarramos donde sea posible, en este caso, a lo que nos provee la red, en toda su extensión extraterritorial y virtual, que nos da el material suficiente para nuestra identificación o manipulación fuera de la realidad en la que creemos estamos eligiendo nosotros mismos. Nos vemos en este mundo digital globalizado como “vagabundos sin casa” (homeless vagabonds), sin dirección fija y sin identidad.

En estos días de la nada, comenta Z. Bauman, 2004, 93, hablamos con gran solemnidad de networks, de “interconexiones”, de “relaciones”, pues las “relaciones fírmes y seguras” se nos han ido, han desaparecido y no las podemos rehacer. Expuestos a los contactos “fáciles electrónicos” estamos perdiendo la habilidad de los contactos espontáneos con la “gente real” de carne y hueso. Da la impresión que a través de los medios digitales estamos escaneando los mensajes y las direcciones buscando la evidencia de que alguien en algún lugar está ahí, dispuesto a conectarse con nosotros. (A. Hargreaves, 2003). El tema de la identidad es, y seguirá siendo, un tema con el que nos vemos constantemente confrontados a lo largo de nuestra vida y, a veces, nos ocurre que no tenemos un lugar para retirarnos de esta confrontación y tenemos que vivir con ella de manera abierta y no cerrada, y aprendiendo a vivir con la diferencia.

Bibliografía (Además de las páginas Web indicadas en el texto)


Bauman, Z./Tester, K. (2002): La ambivalencia de la modernidad y otras conversaciones. Paidós, Barcelona.

Da Silva Moreira, A. (2004): “Cultura mediática y educación”, en J. A. Zamora (coord.): Medios de comunicación. Información, espectáculo, manipulación. EVD. Estella, 2004, pp.193-233.

Shakespeare, W. (1996): “A vuestro gusto”, en Obras Completas. Aguilar, Madrid, p.1212.