by Samaria Márquez Jaramillo

El enemigo también tiene miedo


Javier Flores Murillo*

 

 

 

*Director Digital National Geographic. Ambientólogo y periodista que ha tenido la suerte de trabajar en varios medios de gran impacto y calidad, como GEO, Muy Interesante y National Geographic Especializado en el ámbito digital y redes sociales. Estudio periodismo en la universidad Carlos III de Madrid.

Fueron tan solo algunas horas, pero en 1914 durante la Primera Guerra Mundial, un grupo de soldados decidiría espontáneamente dejar la guerra de lado para confraternizar con el ser humano que se encontraba debajo del uniforme enemigo.
La tregua se inició en la víspera de la Navidad, el 24 de diciembre de 1914, cuando las tropas alemanas comenzaron a decorar sus trincheras, luego continuaron con la celebración cantando villancicos: específicamente; «Stille Nacht»; (Noche de paz). Las tropas británicas en las trincheras al otro lado respondieron entonces con villancicos en inglés.

Al fin y al cabo, seres humanos…

Soldados que se habían estado matando durante meses, salieron de sus trincheras, empapadas, para buscar un resquicio de humanidad entre los horrores de la Primera Guerra Mundial. En los Campos Flandes, a través de la divisoria entre trincheras un tregua espontánea devolvió durante unas horas el espíritu humano a los combatientes.

En tierra de nadie 

Tropas británicas de los Húsares de Northumberland, 7ª División, de infantería y tropas alemanas se encuentran en tierra de nadie durante la tregua no oficial de 1914. Soldados británicos y alemanes posaron juntos para una fotografía durante la Tregua de navidad de 1914.

 

Regalos reales

Una de las «latas de navidad» con que la princesa María del Reino Unido obsequió en 1914 a los soldados en el frente. Las latas contenían un paquete de cigarrillos, una tarjeta de Navidad y una foto de la princesa.

Fútbol en la línea de fuego

Un artículo de prensa de 1914 reporta los partidos de fútbol disputados durante la tregua del 24 de diciembre de 1914 Una escultura conmemorativa de la Tregua de Navidad del 24 de diciembre de 1914, durante la Primera Guerra Mundial, se exhibe en la recepción del Estadio Britania. La escultura del artista Andy Edwards de Stoke, titulada «All Together Now», muestra a dos soldados, uno británico, otro alemán, saludándose a su lado con un balón de fútbol.

Era diciembre de 1914 y apenas transcurridos los primeros meses desde el inicio de la Primera Guerra Mundial, alemanes y aliados batallaban en los frentes de Bélgica y Francia. Desde sus trincheras anegadas, los soldados del imperio alemán y las tropas británicas intercambiaban disparos sobre una franja de tierra de nadie en la que camaradas heridos y muertos yacían esparcidos. Pero al llegar la Nochebuena, en varios puntos del Frente Occidental los alemanes colocaron árboles iluminados en los parapetos de las trincheras y los aliados se les unieron en un alto el fuego espontáneo: fue la conocida como Tregua Navidad de la Primera Guerra Mundial.

La tregua «surgió entre la tropa» pese a los edictos «anti confraternización», dice el historiador Stanley Weintraub, en cuyo libro Silent Night cuenta la historia. Tras vocear promesas como «Tú no disparar, nosotros no disparar», algunos de los hasta entonces enemigos se deleitaron mutuamente cantando villancicos que sustituirían al silbido de las balas. Otros salieron de las trincheras para estrecharse la mano y fumarse un pitillo juntos. Muchos acordaron que la tregua seguiría en vigor el día de Navidad, para poder verse de nuevo y enterrar a los muertos. Cada bando ayudó al contrario a cavar tumbas y celebrar ceremonias en memoria de los caídos, incluso en una de ellas un capellán escocés hizo una lectura bilingüe de un salmo. Los soldados intercambiaron comida y regalos que les habían enviado desde sus casas, y botones del uniforme para guardarlos de recuerdo, y jugaron a fútbol. «Nadie quería seguir con la guerra, pero los superiores sí».«Nadie quería seguir con la guerra», asegura Weintraub. Pero los superiores sí, y amenazaron con castigar a quien desobedeciese. Con el año nuevo ambos bandos «reanudaron su actividad», dice el historiador. Pero en sus cartas y diarios los soldados reflejaron el grato recuerdo de la tregua: «Qué maravilloso –escribió un combatiente alemán–, y qué extraño al mismo tiempo»