by Samaria Márquez Jaramillo

Ya es tarde porque llegó el nunca

Nota de la dirección

Cuando el año pasado la alcaldía de Armenia y la Corporación de Cultura entregaron a Gustavo Rubio Guerrero la medalla Cafeto de Oro, en la modalidad de Literatura, en la ceremonia que se cumplió como parte del programa Fiestas de Armenia 130 años, en la Biblioteca Municipal , antigua Estación, el 9 de octubre, a las 7 de la noche, se pensó que nunca es tarde para hacer despegar un comienzo que reconociera que de Allan Poe a Jorge Guillén, de Boston a Valladolid y de España a Armenia, Quindío, se transmutaron las palabras para residir en Gustavo Rubio Guerrero, paradigma de la poesía pura y citadina.

Autor de espaldas a los cánones, omitiendo cualquier regla de puntuación, Gustavo Rubio, el mejor poeta quindiano, entregó versos de original simpleza, como es la belleza pura, y recios como sus repetidos “a mí que me importa”, mientras caminaba por calles marginales y esquivaba injusticias innobles, propias de memorias mezquinas, que ahora masticarán sus rencores y envidias, mientras sus amigos 

todos estaremos pensando ¡que canalla corrupcion la que condena a la inopia a los que piensan, dudan, protestan y no saben doblar la cerviz!

Acunando esperanzas, gestores y realizadores de arte en Armenia, soñamos que el reconocimiento a Gustavo Rubio Guerrero, un verdadero poeta, sería la aurora del día que iniciaría una época en la que el Arte, autentico, honrado, ético y estético, empezara a ser reconocido y dijimos: ¡Amén! Por el contrario, ahora exclamamos Paz en su tumba. Una tumba que ojalá no sea mancillada por los discursos hipócritas de un gobierno que lo humilló con sus olvidos y que, tal vez, para sacar pecho y colgarse medalla de latón envie comunicados a su familia, donde no reconocerá que ni siquiera por curiosidad se detuvo en su obra, leyó alguna de sus estrofas o supo de sus afugias económicas. 

Duele escribir esta nota y nos es imposible evitar el patetismo que, en este caso, es
dolor de amigos.