by Samaria Márquez Jaramillo

El amor en tiempos de olvido

Samaria Márquez Jaramillo

Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo.” — Mario Benedetti

Un niño preguntó un día a un anciano:
– ¿Qué es el amor?
– La respuesta fue así:
Buscas una definición que no hallarás en ningún diccionario. Yo puedo pasarme los días restantes de mi vida hablándote de ese maravilloso sentimiento que hace débil al más fiero, fuerte al desprotegido, bello al que la naturaleza no regaló dones corporales, tímidos a los audaces y tontos retontos a los inteligentes. Pese a las anteriores explicaciones, aun así no te he dicho algo lógico o que responda, dentro de los parámetros dialógicos, la pregunta. El amor no puede ser explicado ni descrito porque no viene del raciocinio sino del corazón y este último no habla solo siente. Y prosiguió el anciano: No trato de decirle a los otros Somos el tiempo que nos 

queda; en el que ya usamos quedamos petrificados en el recuerdo; el de ahora es tiempo en recorrido hacia el infinito; el tiempo venidero es en el que habitan nuestros sueños. Es en el tiempo por venir donde seremos el cúmulo de nuestras esperanzas, el mañana es el escenario de lo que llamamos futuro.
El valor de nuestras vidas siempre es como la sombra: hacia adelante cuando tenemos el sol a nuestras espaldas y hacemos un recorrido vivencial zurdo, estábamos mirando hacia el norte y giramos hacia la izquierda y, entonces, ya vamos de oriente a occidente: Con el sol a las espaldas nos alejamos dejando atrás ese mundo al que es imposible volver, aunque se regrese.

lo que sienten o no. El amor no es manifestado por todas las personas de la misma manera. Cada uno conoce a sus sentimientos y estos son propios e individuales, porque el raciocinio amoroso no atiende a la razón. Si uno mismo no entiende a su corazón, mucho menos conocerá al de los demás. Sólo verás, con el tiempo, que el corazón es travieso, le hace frente a tu entendimiento y le gana, para luego terminar derrotado: Todo deviene de la vida y esta no es eterna.

“El segundo crepúsculo. La noche que se ahonda en el sueño. La purificación y el olvido.
El primer crepúsculo. La mañana que ha sido el alba. El día que fue la mañana. El día numeroso que será la tarde gastada. El segundo crepúsculo. Ese otro hábito del tiempo, la noche. 

La purificación y el olvido. El primer crepúsculo… El alba sigilosa y en el alba la zozobra del griego. ¿Qué trama es ésta del será, del es y del fue? ¿Qué río es éste por el cual corre el Ganges? ¿Qué río es éste cuya fuente es inconcebible? ¿Qué río es éste que arrastra mitologías y espadas? Es inútil que duerma. Corre en el sueño, en el desierto, en un sótano. El río me arrebata y soy ese río. De una materia deleznable fui hecho, de misterioso tiempo. Acaso el manantial está en mí. Acaso de mi sombra surgen, fatales e ilusorios, los días Nosotros hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, resiliente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo…No fue necesario despertar del apabullamiento, ya sabemos que la crueldad resultó ser una sinrazón. Todo es falso, literarios, creado con palabras hijas de la ficción”, dijo Borges.

Desde siempre la historia, por naturaleza fue la encargada de hacer permanecer las huellas del devenir del tiempo. El saber histórico, posee especial importancia por cuanto permite comprender el desarrollo social de los pueblos y sus implicaciones en la práctica del hombre en diferentes momentos e instancias de la organización de la sociedad. Este conocimiento, conjuntamente con la formación de sentimientos, actitudes y valores, contribuye a la afirmación de la conciencia histórica en distintas orientaciones y modos de expresión. 

Inusualmente, hoy ocupo este espacio para escribir sobre alguien que tiene Alzheimer. Cuando la veo me da la impresión que ya no sabe quién soy. Me mira y me sonríe pero no me habla cuando yo le hablo. Hace algún tiempo empezaron los síntomas. Me pareció raro cuando me preguntó por mi nombre. Se había olvidado de quién era yo. Tal vez en mí tenía fragmentos de su hermana. A veces me llamaba Laura, ese era el nombre de mi madre, y quizá mi cara le trajera algunas imágenes-destellos, pero no lograba precisar qué son ni cuándo sucedieron.

Y yo, como reacción, me apuraba y me apuro y aprieto los recuerdos: Cuando digo adiós imagino que la despedida es un hasta luego. Es, entonces, cuando mis ¡imposible! llevan latente un ¡ojalá! Tanto aplazamiento me hace vivir, a diario, en vísperas de todos los después, porque me ronda, y a veces me ata, el miedo a estar gestando la muerte de mi memoria .Y es que, cuando la retentiva sólo recoge el último instante vivido y a cada paso se borra la ultima huella, entonces el yo, desmoronado, es la presencia de una esperanza desahuciada. Según Baudelaire el perseguido busca asilo en la multitud donde pierde su identidad y se hace difícil encontrarlo. Es como matar un recuerdo valiéndose de muchos olvidos. Olvidar es exterminar algo del tiempo pasado. Bien lo dijo Gabo “La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido”. 

Con miedo a caer en el patetismo relataré algunas de las ultimas vivencias, casi conscientes, de esa a quien dedico mi escrito de hoy, y repito sus preocupaciones de antaño: 

 

“Me estoy volviendo olvidadiza y, también, confundida. A veces, cuando estoy al pié de la escalera, no puedo recordar si tengo que subir por algo o si acabo de bajar. Y en ocasiones, frente a la nevera, me lleno de dudas: ¿Acabo de guardar alguna comida, o vine para sacar algo? Y otras veces, cuando afuera está todo oscuro no estoy segura si estoy por ir a dormir o si me acabo de levantar. No sé si es crepúsculo o aurora. De modo que, si te hablo y te repito las cosas que te he repetido otras veces, no hay necesidad de que te molestes. ¡No sabes cuánto extraño mi mente! «

Este el renglón para dejar constancia de que una cosa es recordar y otra memorizar. Tampoco hay que confundir la memoria con la capacidad de adquirir conocimientos. Recordar no es necesariamente aprender. Ni ser inteligente. Mi tía olvidó pero no es bruta.

 

Dráuzio Varella, médico oncólogo y escritor, brasileño, (que no es premio Nobel de medicina) se queja y afirma que: «En el mundo actual, se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres, que en la prevención del Alzheimer. De aquí a algunos años, tendremos viejas de senos grandes y viejos con pilila eréctil, pero ninguno de ellos se acordará para que sirven»;… 

Entonces… Para que no sea una sorpresa desagradable, empecé a olvidar el roce de tus labios, a no escribir textos que lleven tu huella, a apagar la luz que tú encendiste, a borrar la rúbrica que dejaste en las cosas vividas. Con el tiempo llegará el olvido

se irá el dolor de la pérdida, el son de la música que no bailamos, el aroma de esos pétalos que mañana estarán marchitos adornando las noches eternas de vacío.

Quiero desandar el camino, pero seguiré adelante, siempre adelante. Escaparé de la nostalgia por los días que se fueron, enjugaré las lágrimas que nunca viste, y escaparé de tu recuerdo. Aprenderé a borrar tu rastro de los rincones llenos de ausencia y aceptaré que te olvidé.
Lo anterior en cuanto a lo que mis ojos aprecian. Pero, ¿qué dice el alma? Ella afirma: “Lo que hoy escribes es una declaración de anhelos…”