by Samaria Márquez Jaramillo

¿Se comió un gato el corazón de Bolívar?

José Asunción Suárez Niño*

Dos esclarecidas damas de la sociedad samaria ,mis tías tatarabuelas doña María Antonia Martínez de Munive y Mozo de la Torre, esposa de un viejo amigo de Libertador, don Manuel Francisco de Ujueta y Bisais y su hija, doña Antoñita Ujueta y Martínez, bordaron un hermoso cojín en hilos de oro sobre terciopelo color mortiño, y urdieron allí ladevoción, admiración y el fraternal cariño que sentían por Bolívar. Sobre ese almohadón fueron colocados los huesos de Bolívar , después de haber sido exhumados en la Catedral de Santa Marta; a su lado en cofrecillo de plomo herméticamente sellado, estaba el corazón y las vísceras del gran libertador de América.

El 7 de marzo de 1908, El Nuevo Tiempo, publicó una apostilla que ahora me da pie para escribir esta nota: 

En ella se reproducía una ley de 1845, para erigir en la

 Catedral Primada de Bogotá un monumento cuyo destino era guardar el corazón de Simón Bolívar, decisión que se quedó en veremos, como todo lo que acontece en este país de cafres ,en donde la historia y el homenaje a nuestros máximos héroes se pierden en incisos y decretos incumplidos que terminan en anaqueles polvorientos que guardan, lleno de telarañas, el paso de la historia al olvido , para que permanezcan la desidia y la ingratitud.

Como es de conocimiento, el cadáver del Libertador, convenientemente preparado por su amigo y médico de cabecera Próspero Révérend, fue sepultado con honores militares y civiles ,el día 20 de diciembre de 1830,en una bóveda de la familia Díaz Granados, ubicada a continuación de la grada del altar de San José de la Catedral de Santa Marta. Este altar, situado al lado derecho del Mayor, o sea el del Evangelio. En aquella cripta, para nuestra vergüenza, permanecieron olvidadas las sagradas cenizas del más grande de los americanos, mientras las aguas calmaban pasiones, entre santanderistas y bolivarianos, luchas que continúan a través de los tiempos, pues jamás hemos podido superarlas. Nos cuesta mucho reconocer, que Bolívar es de lejos el más grande de América , y Santanderel más grande de los granadinos.

La ingratitud es un legado ancestral en estos trópicos convulsionados,marcados por la codicia y la “malparidez” de aquellos “gentiles hombrecitos”,encargados por la historia para aceptar las gestas libertadores de nuestros grandes hombres:es así, como la tumba que inicialmente guardaba los despojos mortales de Bolívar, fue anónima por varios años,debido al temor que existía a los irrespetos y profanaciones de la época. Basta saber que en aquella oscura contienda,entre bolivarianos y santanderistas,el retrato de Bolívar lo ocultaban quienes lo poseían, detrás de otro cuadro cualquiera.

 El cuerpo embalsado del Libertador fue depositado en la bóveda de mis tatarabuelos Díaz Granados, situada en la nave de San José, en la Catedral de Santa Marta; pasado luego al centro de la iglesia, con motivo del terremoto de 1834.Algunos insensatos observaron que la bóveda del Libertador se había hundido, razón por la cual decidieron llenarla de tierra y pisar de firme de una forma chambona, sin seguridad y sin preservar respeto por la bóveda original. Por fortuna don Manuel de Ujueta y Bisais, gran amigo de Bolívar corrió hasta la Catedral a enmendar el exabrupto; mandó suspender la obra, de su bolsillo hizo reparar parcialmente la caja de madera que se encontraba a su vez guardada en catafalco de plomo con los restos del Libertador; a su lado, recostada en un pequeño cofre, se encontraba el corazón del gran hombre, que por fortuna no sufrió las inclemencias del terremoto.

 

De común acuerdo con la familia Díaz Granados ,contrataron la fabricación de una caja de madera en Bogotá, la cual sobre la parte superior mostraba en alto relieve las armas de la antigua Colombia; en una circunferencia ,armas de las cinco naciones que liberó Bolívar; en tapa de caoba, el retrato del genio de la Libertad. Esta obra de arte fue transportada por el Teniente Coronel, José María Cantera, el día 30 de octubre de 1842, nombrado Comandante General en el estado del Magdalena.
La misión era entregar los restos del Padre de la Patria a su sobrino don Simón Camacho Bolívar, autorizado por el gobierno venezolano, cumpliendo disposición testamentaria, texto que aparece en folleto titulado ”Recuerdos de Santa Marta”, escrito por Camacho sobre viaje a dicha ciudad.

En 1882 se ignoraba la pérdida de la caja que contenía el corazón, que desde 1842 se pensaba traer a Bogotá; según “El Comercio”, del 14 de julio del mismo año, bajo autorización del Secretario de Gobierno de la Unión, fueron nombrados los señores José María Quijano Otero, Juan de Dios Guarín y Juan de Dios Uribe como comisionados para traer el corazón del Liberador para ser entronizado en la Catedral de Bogotá, tal como se había decretado 40 años antes.
Por mucho tiempo se supo que la más noble víscera del Padre de la Patria estuvo a buen recaudo de la familia Díaz Granados de Santa Marta; guardado en una urna especial, así lo narraba mi bisabuelo Miguel Díaz Granados Frade, quien contempló en sus manos cierto día del año 1860, en una de sus visitas profesionales a la ciudad costera; anécdota que solía narrar mi abuela, Teresa Díaz Granados de Suárez Lacroix a mi padre Roberto; concuerda con el relato del General Joaquín Posada Gutiérrez en sus célebres “Memorias Histórico-Políticas”, en las que hace referencia: ”A nosotros nos quedó una pequeña caja de plomo que contenía el corazón y las entrañas de Bolívar ;en la catedral de Santa Martaquedó y allí debe quedar. Santa Marta merece conservarlo…” 

La aseveración del General Posada, es la única que se conoce sobre el particular; los restos del Libertador fueron muy de malas, prácticamente abandonados sin doliente alguno, excepto por don Manuel de Ujueta y Bisais, quien impidió la profanación; se llegó hasta el punto de esconder, por aquella época, imágenes del Libertador, según narró a su sobrino Fernando Bolívar. Lo raro de todo este drama es que fuese encontrada otra crónica relacionada con el hecho, fuera del General Posada. 

En alguna carta de la época se decía que el doctor Próspero Révérend galeno del Libertador, se había cuidado mucho de no dar detalles al respecto, porque por un descuido suyo, al momento de la autopsia, un gato se había robado el corazón de Simón Bolívar.

La cajilla de plomo, como refiere alguien que la salvó en el terremoto, con peligro de su vida también lo atestiguan otras personas de la época como la familia Díaz Granados, Ujueta Martínez, Mozo de la Torre y Fernández de Castro-todos emparentados entre sí afirmaron que en el altar de San José, en propio nicho de la imagen, la vio días después don Luis Carlos Campo, “que de aquí la depositó en el sepulcro de la familia Díaz Granados”, según lo afirma hasta el año 1860; versión que coincide con la de mi bisabuelo Miguel; desde entonces nadie da cuenta de la sagrada reliquia.

No puede haber un caso más aberrante que el episodio del famoso gato, 

aunque pensándolo bien, de raro nada tiene; aquí sucede de todo y no pasa nada; somos indolentes, desagradecidos, faltos de claridad, país de cacos. 

La pregunta continúa siendo la misma: Quién se robó el corazón deBolívar?

Bibliografía
– De Ujueta y Basais, Manuel.Compilación Histórica,1928
– Posada Gutiérrez, Joaquín. Memorias Histórico-Políticas,1883
– Obregón Dìaz Granados, Manuelita. Historias Secretas,1917.
– Goenaga, Ramón. Patricios Costeños,1942.
– Hernández de Alba, Alfonso. Un amigo ferviente del Libertador: Manuel de Ujueta
y Bisais. Boletín de Historia y Antigüedades.