by Samaria Márquez Jaramillo

¿AMÉRICA LATINA CAMINA HACIA EL PASADO?

Rut Diamint y Laura Tedesco 

Fundación Carolina, Es.

Rut Diamint es investigadora principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Torcuato Di Tella, Buenos Aires.  Laura Tedesco es vicedecana de Humanidades y Ciencias Sociales en la Saint University, Campus Madrid.

 

América Latina ha vuelto a las primeras páginas de los periódicos, otra vez, como una región problemática. El supuesto que guía este análisis se asienta en la idea de que en la región latinoamericana se han establecido ficciones democráticas en lugar de democracias plenas. El retorno a la democracia consagró derechos políticos sin asegurar los derechos económicos y sociales para todos los ciudadanos. Asimismo, trajo líderes políticos que prometen sin cumplir, partidos políticos con escasa democracia interna, corrupción, desigualdad y crisis económicas. Después de 40 años, en América Latina los ciudadanos muestran su descontento porque “la democracia no ha cumplido”. 

Se han establecido democracias sin demócratas, con ciudadanos sin derechos. La democracia dio voz a sectores relegados, pero también permitió fortalecer a nuevas burguesías desvaídas de principios democráticos.
Hay una literatura creciente sobre el“desorden mundial” opuesta a los estudios de los años noventa acerca del nuevo orden mundial. Ahora la estabilidad aparece desafiada por actores no gubernamentales, hay una concentración urbana precaria y una economía competitiva ilegal. Se habla de un sistema internacional policéntrico, de tendencias desglobalizadoras, y de un “mundo multiplex” que comprende a múltiples actores, y cuya relación viene definida por formas complejas de interdependencia. El “mundo multiplex” tiene múltiples capas de autoridad y liderazgo. Hay múltiples planos de gobernanza global, regional y local, ya que las ciudades también desarrollan políticas exteriores. Y, al mismo tiempo, las redes y las estructuras híbridas informales cada vez influyen más.

En lo que nos atañe, el mayor rasgo del desorden mundial es político. Hay un retorno sombrío del nacionalismo que reacciona ante la globalización con efectos devastadores para inmigrantes y refugiados. Esas tendencias excluyentes se expresan también en forma de racismo, polarización social, o de calificación de terroristas a grupos étnicos o religiosos no radicales. Ello implica la anulación de la legitimidad del otro para actuar en el terreno político. La primera fisura ha sido entre la versión liberal representativa de la democracia y su adaptación participativa e incluyente.
Confirmar el fracaso de la democracia en la región es quizá precipitado, aunque hay ejemplos claros de países que deben considerarse dictaduras, como Venezuela, Cuba o Nicaragua.

Creemos que para recuperar la democracia se necesitan demócratas y ciudadanos. Esto significa fortalecer los partidos políticos y a las organizaciones de la sociedad civil como pilares para restablecer sistemas de controles, que la sociedad y las instituciones estatales han sido, hasta ahora, incapaces de consolidar. Una sociedad civil cotidianamente activa, que opere por medio de asociaciones e instituciones locales, provinciales o regionales, es el instrumento idóneo para fortalecer la democracia y evitar que cuando la economía no funciona, la  inseguridad se torna insoportable o los políticos y funcionarios de turno vacían las arcas del tesoro nacional el único recurso sea salir con furia a la calle. De todas maneras, siempre es más fácil proponer soluciones que comenzar a ejecutarlas.