by Samaria Márquez Jaramillo

La educación debe enfrentar a personajes como Trump

Ángel Pérez Martínez*

*Docente. Administrador Público de la ESAP, Economista de la Universidad Nacional, especializado en finanzas públicas y con master en políticas públicas con énfasis en pobreza y educación de la Universidad de Michigan. Profesor Universitario, investigador y experto en temas educativos. De sí mismo dice: “Sueño con una educación pública de buena calidad, con jornada única, con colegios construidos con parámetros para la educación bien dotados y con maestros formados y con salarios que justifiquen su labor profesional y una vida con decoro”.

Por fortuna para la humanidad, el presidente Donald Trump perdió la reelección. Sin embargo, debemos preguntarnos cómo un político con su forma de gobernar, actuar y ser ejemplo en contravía de la vida humana logró convencer a más de 72 millones de personas. 

Trump, sin ocultar nada, se presentó como un modelo de persona egocéntrica, autoritaria, mentirosa y cuyo actuar moral es un obstáculo al desarrollo humano y a las instituciones de los Estados Unidos con efectos en todo el mundo al promover el uso de las armas en la población civil para defenderse; conducir a la división social al estimular enfrentamientos por raza o color de piel; propiciar con su irresponsabilidad la muerte de miles de personas por covid-19; determinar el retiro de los Estados Unidos del acuerdo climático de Paris, firmado por 174 países; y, ahora, no aceptar la derrota electoral frente al ya elegido Joe Biden, entre otros.

Frente a personajes como Trump es muy complejo ser maestro y trabajar con adolescentes, en procesos de formación integral, sin tomar partido, nadie debe exigir neutralidad frente a esta clase de políticos y gobernantes.

Entiendo que en algunos países, como en Colombia, algunos proponen un sistema educativo, en la básica y media, donde los maestros y los colegios no estudien, analicen y se pronuncien frente al comportamiento moral y las acciones éticas de quienes detentan el poder. La crítica y la verdad molestan en extremo, mejor un magisterio desligado del contexto social, político y cultural, de lo local y lo global.

 

Un buen ejemplo sobre el rol de la educación frente a este tipo de seres humanos es la extraordinaria columna del filósofo y profesor de la Universidad de Princeton, Peters Singer, quien se preguntó si ¿Estados Unidos perdió su alma? claro que sí, el mismo Singer, entrega diversos elementos cuando afirma que “la elección se llevó a cabo en el momento en que la covid-19 había matado a más de 240.000 estadounidenses” con un presidente que no usaba tapabocas y, además, como lo demostró The Washington Post, apareció en diferentes videos “diciendo en 40 ocasiones distintas, desde febrero hasta justo antes de las elecciones que el virus se va”, así no más, sin los cuidados básicos y las debidas precauciones que la mayoría de gobiernos, con menor mortalidad, convirtieron en práctica social. Lo peor de este comportamiento es saber que desde el comienzo de la pandemia el presidente Trump estaba informado de su gravedad y del efecto que tenía para la población americana. Mentiras mortales del presidente, así las calificó el profesor Singer.  

 

 

Para obligar a callar a los docentes no los mencionan, en cambio, quienes los critican por su participación o crítica política sostienen que es FECODE quien adoctrina a los estudiantes; la educación es civilidad, vida, ética, esperanza, entonces lo que tenemos que hacer los docentes es promover entre los estudiantes competencias que les permitan comprender, analizar y valorar las acciones de los políticos y de otros seres humanos nefastos como Trump, sin importar si son de derecha, del centro o de la izquierda.

Aclaro, el problema de personajes como Trump no es que él sea conservador, neoliberal y un exponente de lo que podríamos llamar la neoderecha. Una posición política coherente, sin engaños y que actúe con unos mínimos de decoro humano, siempre será respetable.

Lo que pasa en la vida humana y, en general, la vida en la tierra, sobre todo lo que concierne con su futuro, es muy grave, debemos reaccionar. Los docentes y los sistemas educativos tienen el deber de enfrentar modelos humanos como el que propone Trump y quienes lo siguen.  

Un objetivo de la educación es que los jóvenes lleguen a repudiar las acciones de quienes, desde el poder, hacen daño a la vida humana, a la sociedad y a las instituciones que garantizan la democracia y la libertad. La educación tiene herramientas poderosas: la investigación, la evidencia, la crítica y la permanente búsqueda de la verdad.

También el filósofo recordó “los incendios de agosto en California y Oregón que obligaron a evacuar a casi 1/4 de millón de personas, a pesar de que los científicos dijeron que el calentamiento global había aumentado la probabilidad de tales incendios”. Sin dejar de mencionar la gravedad de ser rico y no pagar impuestos, más grave, mostrarse como alguien de inteligencia superior que tiene tal habilidad que es capaz de burlar los controles y estafar al Estado.

Al parecer millones de americanos terminaron mirándolo por esta delincuencial habilidad. Tampoco podemos olvidar la locura y el costo de construir un muro para aislar las fronteras de México y EE. UU., acción acompañada de separar a los hijos de los inmigrantes ilegales capturados en la frontera sur, que, en un acto de crueldad extremo, incluyó niños menores de cinco años.

Cómo no reaccionar ante la mentira mortal, los maestros tenemos el deber ético, desde la academia y la contribución que hacemos a la formación para el desarrollo humano, de enfrentar y denunciar estos engaños y brutalidades antihumanos de personajes como Trump. La invitación es a acompañar al profesor Singer para analizar y discutir de manera crítica con los estudiantes sobre este tipo de seres; me niego como profesor a estar callado. La ciencia y la búsqueda de la verdad deben enfrentar estas mentiras mortales.