by Samaria Márquez Jaramillo

Esta época de U.S.A. puede llamarse “la luz que agoniza”

Guido Macari Marimón *

*Chileno. Reside en Pirque, región Metropolitana. Es periodista, egresado de la Universidad Adolfo Ibañez.

En septiembre de 1620, el barco Mayflower zarpó con 102 peregrinos, liderados por William Bradford, desde Inglaterra hasta las costas de Massachusetts, para así formar la colonia de Plymouth y convertirse ellos en los primeros colonos anglosajones en llegar a lo que hoy es Estados Unidos.
En 1621, con los colonos ya asentados en una tierra adversa, habrían acontecido los orígenes del Día de Acción de Gracias (26 de noviembre), en que los inmigrantes se sentaron a comer un banquete de pavo y calabazas junto con los Wampanoag, los nativos americanos de esa zona.
La inexactitudes de este relato ,por ejemplo, el plato principal habría sido venado y no pavo, sumado a los escasos registros que describen una relación de víctima-victimarios entre indígenas y colonos, convierten a esta celebración en algo parecido a un velo de silencio de lo que ocurrió realmente.

Cuando ya se habían formado las Trece Colonias —que varias décadas después conformarían a Estados Unidos— los colonos ingleses se extendían por el territorio y la presencia de los peregrinos se había convertido en un potente mito fundacional en las raíces norteamericanas.
La brujería
En 1692, en la colonia de Massachusetts, el reverendo Samuel Parris se trasladó junto a su familia, entre quienes se encontraban sus hijas, su sobrina y la esclava Tituba, desde Boston al pantanoso poblado de Salem. Empezaron a circular testimonios de pobladores que relataban blasfemias, maldiciones y escandalosas visiones que eran proclamadas por niñas desnudas que encendían velas en el bosque mientras invocaban a supuestos demonios.
Salem se puso en alerta.

Tituba, la sirvienta de los Parris, le contaba historias misteriosas a las hijas y a la sobrina del reverendo, relatos que solían chocar con la moral puritana. Un día, las niñas habrían sido vistas bailando desnudas en un bosque, mientras Tituba practicaba rituales vudú de las Barbados, su tierra natal. Poco después, según relatan crónicas de la época, las dos niñas sufrieron convulsiones en público, y pronunciaron palabras y frases sin sentido.
Se inició un juicio contra las niñas y, posteriormente, contra Tituba. El proceso se convirtió en el impulsor de una serie de acusaciones fundamentadas en la histeria y las supersticiones de los habitantes de Salem. Síntomas de enfermedades y “comportamiento promiscuos” empezaron a ser interpretados como signos de brujería. El clima de pánico desembocó en la primera ejecutada, Bridget Bishop. Le sucedieron una serie de condenas que terminaron en una veintena de muertes, la mayoría de mujeres.

Hoy, existe cierto acuerdo entre los historiadores que la causa de estos hechos fue producto de un escenario de asfixiante puritanismo y de la educación represiva propia de la época y fundamentada en el miedo.
En 1952 se publicó la obra de teatro Las brujas de Salem del dramaturgo Arthur Miller. La obra y la persecución liderada por el senador republicano permitieron que, a partir de ahí, se desarrollara una mitificación y una épica discursiva.

La inseguridad
El Reino Unido tenía 13 colonias en la costa este, de norte a sur, así : Massachusetts, Nuevo Hampshire, Rhode Island, Connecticut, Nueva York, Pensilvania, Nueva Jersey, Delaware, Maryland, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia.
En 1763 finaliza la Guerra de los Siete Años e Inglaterra enfrenta serios aprietos económicos. Mientras tanto, las Trece Colonias en América desarrollan una política de gobiernos locales y cooperación. Los europeos pusieron una serie de impuestos a productos como el azúcar y el té. La medida fue sumamente impopular entre los colonos y, en diciembre de 1773, trajo la protesta conocida como “El motín del té de Boston”, en que un grupo de patriotas botó al mar los cargamentos de esta planta que se encontraba en tres buques ingleses.

El descontento creció y los sentimientos de emancipación también. El valor afloró en los patriotas, perdiendo el temor a los ingleses. Dos años después empezó la guerra en la que los estadounidenses vencieron: el 4 de julio de 1776 se imprimó la Declaración de Independencia.
En 1791, se hizo la Segunda enmienda a la Constitución de los Estados Unidos: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”.

Como explicó a CNN Jack Rakove, profesor de ciencia política y derecho en la Universidad de Stanford, dicha enmienda se entiende en el clima sociopolítico de los Estados Unidos de ese entonces. “El país acaba de librar una guerra, de ganar su independencia y se expandía hacia el oeste”, dijo. “Había suficientes razones para sentirse inseguros”. El mandato tenía por objetivo resguardarse ante posibles amenazas tanto internas como externas.

La ley debía resguardar a la población, aunque solo quienes eran blancos podían poseer un arma, en vista de que la esclavitud se encontraba vigente desde la época colonial y seguía en vigencia tras la Declaración de Independencia.

Ganar dinero, ganar miedo
La historia de la esclavitud en Estados Unidos venía desde 1621, cuando el barco White Lion arribó en las costas de lo que sería el estado de Virginia con una veintena de cautivos provenientes de Angola, quienes fueron intercambiados por ganado.

Este proceso de dominación empezó de manera tímida, con esclavos que trabajaban en los cultivos de tabaco, algodón y arroz. Pero el negocio fue creciendo. En 1661 se había aprobado un decreto que prohibía el matrimonio inter-racial. En el siglo XVIII la esclavitud ya se había masificado y cientos de miles de africanos fueron llevados desde su continente a Estados Unidos; de hecho, la mayoría de los primeros mandatarios estadounidenses tuvieron esclavos.

En los campos y plantaciones del Sur cultivaban gran cantidad de materias primas (sobre todo algodón), las cuales podían ser procesadas en las industrias ubicadas en el Norte. En buena parte, esa ecuación permitió que Estados Unidos se convirtiera en uno de los países más ricos del mundo. “¿Sirvió todo ese dinero para calmar a los blancos? “ Parece que no.
“Hay una secuencia permanente de políticas federales norteamericanas que intentan fomentar una integración forzada, pero que en la práctica no funciona”: “el pueblo norteamericano sufre un olvido permanente de que son una nación hecha por muchas naciones, y que gran parte de su identidad se forja en los flujos migratorios desde que se plantearon como un país de acogida en el siglo XIX”. En estas y en las otras en el panorama político apareció Trump .La Historia tiene muchos relatos que terminan con el derrumbe del Coloso y la explicación de cómo este, por aferrarse a ella arrastra también la tierra sobre la que se erigió.