by Samaria Márquez Jaramillo

¿Y si cambiamos a los reyes por gatos?

Alberto Sicilia*  (Sobre un texto de Mark Twain)

* Español considerado una de las mentes más brillantes de su país. Doctor en física teórica y reportero en Egipto, Grecia, Ucrania, Irak y Siria, Alberto Sicilia es redactor del Diario Público. Estudió Física en la Universidad Complutense de Madrid. Hizo un doctorado en Física Teórica en la Sorbona de París. Después trabajó como investigador en la Universidad de Cambridge. Entre 2013 y 2018 cubrió como periodista freelance el conflicto de Ucrania, la guerra de Gaza, la crisis de refugiados en Europa y el califato del ISIS en Irak. En el año 2014 recibió el premio Blasillo de Huesca del Congreso  de Periodismo Digital. Es uno de los comunicadores  con mayor relevancia en el ámbito digital. Dice de sí mismo: “Me llamo Alberto Sicilia. Soy doctor en física teórica. Realicé mi doctorado en París, bajo la dirección de Leticia Cugliandolo. Después enseñé durante dos años en la Universidad de Cambridge, en el grupo de Daan Frenkel. La física me ha regalado amistades, viajes y experiencias tan emocionantes como ser profesor del AIMS Senegal. Mi otra pasión es el teatro. Junto a Peter Tournier, presentamos Votre voisin n’a pas des papiers en veinte ciudades y cuatro países. Fuí profesor de interpretación en el Teatro de la Cite Universitaire International de Paris y escribí canovaccios para En Act, una compañía de Comedia del Arte. En Cambridge, como primer español en la historia de los CULES, interpreté al crujiente y seductor agente de «The 139 Steps». Este ha sido mi constante problema como actor: me consideran puro físico. ¿Deformación profesional? Si, a tu juicio mis escritos  son más sobrecogedores y emocionantes que La Divina Comedia, más irónicos y punzantes que El Quijote, más sutiles y lúcidos que Hamlet, ponte en contacto por Facebook o Twitter. Te invito a una cerveza y al 10% de tu primera consulta con un psiquiatra.  El título y texto de este fragmento corresponden a Un yanqui en la corte del Rey Arturo,  que publico  porque en este pandémico-coronavirus tiempo se cumplen 111 años de la muerte de su autor, el escritor estadounidense Mark Twain, fallecido en Connecticut, el 21 de abril de 1910″.

“Clarence estaba de acuerdo conmigo en lo de la revolución, pero con modificaciones. La idea que tenía era la de una república sin clases privilegiadas, pero a cuya cabeza estuviera una familia real hereditaria en lugar de un primer mandatario elegido.

Alegué que los reyes son peligrosos.

 Entonces los reemplazaremos por gatos, propuso. Estaba convencido de que una familia real gatuna podía cumplir las funciones pertinentes: serían tan útiles como cualquier otra familia real, no tendrían menos conocimientos, poseerían las mismas virtudes y serían capaces de las mismas traiciones, tendrían la misma propensión a armar embrollos y tremolinas con otros gatos reales, resultarían risiblemente vanidosos y absurdos sin jamás darse cuenta de ello.

Saldrían baratísimos y, por último, ostentarían un derecho divino tan solvente como cualquier otra casa real, de modo que «Micifuz VII, o Micifuz XI, o Micifuz XIV, soberano por la gracia de Dios», les quedaría igual de bien que a cualquiera de esos mininos de dos piernas que moraban en palacio.

-Y por regla general -explicó en su inglés moderno y esmerado-, el carácter de los gatos estaría muy por encima del carácter de un rey promedio, lo cual sería una enorme ventaja moral para la nación, dado que la nación siempre toma como modelo el comportamiento moral de sus monarcas.

Como la veneración de la realeza está fundada en la irracionalidad, estos graciosos e inofensivos gatos podrían fácilmente llegar a ser tan sagrados como cualquier otra realeza, e incluso más, porque se empezaría a observar que no mandaban colgar a nadie, que no ordenaban decapitar a nadie, y que tampoco encarcelaban a sus súbditos ni les hacían sufrir crueldades o injusticias del tipo que fuere, de modo que debían ser merecedores de amor y reverencia más profundos que los reyes humanos habituales, y de hecho así ocurría.


Los ojos de toda la doliente humanidad pronto se volcarían sobre un sistema tan humanitario y benigno, y pasado un tiempo comenzarían a desaparecer los carniceros que componen las familias reales, y los súbditos de dichos reinos llenarían los puestos vacantes con gatitos de nuestra propia casa real. Nos convertiríamos así en la fábrica que aprovisionaría los tronos del mundo. Antes de que pasaran cuarenta años, Europa entera estaría gobernada por gatos, gatos de nuestra producción.

Se iniciaría entonces el reinado de la paz universal, que continuaría por toda la eternidad… ¡Miaaaaauuuuu!. Fffuuusss. Fizfizfiz.”