by Samaria Márquez Jaramillo

Alejandro Galvis Ramirez, periodista auténtico

Por Álvaro Beltrán Pinzón *

*Del autor  dijo El Tiempo:  “Se la pasa metido entre planos, cálculos y cemento. Desde que se graduó de ingeniero civil hace veinte años en la Universidad Industrial de Santander, su trabajo ha sido una línea recta hacia las grandes edificaciones. Comenzó con una firma consultora y desde allí proyectó la ampliación y remodelación del Estadio Alfonso López y su Villa Olímpica en Bucaramanga.

Montó, dos años después, su propia firma de ingeniería y se dedicó a remodelar la capital santandereana. Hizo el primer intercambiador de la ciudad, el Auditorio Luis A. Calvo de la UIS y la Clínica Comuneros del Instituto de Seguros Sociales.

Pero no realizó sólo obras públicas. También hizo la Ciudadela Real de Minas, uno de los más grandes conjuntos habitacionales de la ciudad, y el más alto edificio de Barrancabermeja, conocido hoy como La Tora.

De vez en cuando, la línea se le tuerce un poco y llega a la política, que es su pasatiempo favorito y su devoción la docencia. Fue gobernador de Santander y rector de la UIS (Universidad industrial de Santander).

Su aspecto es el de un hombre serio y severo, que se pone de mal genio cuando las cosas no le salen bien. Pero sólo en el trabajo. Le encanta el rock y disfruta de las discotecas y las rancheras cuando está emparrandado. En cambio, en los momentos de calma, se pone a tono y escucha música clásica.

Para comer, es más criollo. Tanto la comida típica santandereana como el cabrito al horno, la pepitoria y el mute son sus fuertes gastronómicos. Y, para evitar que se le conviertan en llantas,  juega fútbol todos los fines de semana en su finca en Piedecuesta. Así, de paso, bota corriente y olvida las penas.

Álvaro Beltrán Pinzón no cree ni en brujas ni en espantos, pero sí en el zodíaco. Por eso lee frecuentemente los designios que para capricornio han elaborado los astros.

Uno de ellos, construir el nuevo centro de investigaciones del Instituto Colombiano del Petróleo (ICP), el más completo de su tipo en Latinoamérica”.

 

Alejandro Galvis Ramírez eligió como proyecto de vida coadyuvar a engrandecer   la suerte de su región. Su amor por Santander lo llevó a emprender actividades de toda índole, con la mira puesta en el propósito de generar desarrollo, propiciando, además, espacios cívicos, de expresión artística y de recreación que dan cuenta de su espíritu altruista.

Fiel al principio según el cual la tradición no es un peso muerto en la historia sino la fuerza vital desde donde se nutren los impulsos renovadores, Galvis Ramírez asumió tempranamente la empresa familiar, el periódico Vanguardia,  que en sus manos obtuvo la potencia expansiva al igual que la preservación de los valores que han mantenido las páginas del diario, vigía de Santander y escenario propicio para la expresión pública de la razón.

Más allá de su figura distinguida e imponente, habitaba en él un ser que se replegaba en su extraordinaria sensibilidad. Sus ojos se inundaban al recordar episodios vividos con su familia; las dificultades y peligros que su oficio siempre le ofreció; y los vínculos entrañables con su padre, a quien le profesaba profunda admiración.

Alejandro era, por encima de todo, un hombre apasionado a las faenas del campo. Tal vez de ahí derivó su gusto por las expresiones ancestrales y la música folclórica, cuyas notas disfrutaba con especial deleite. Su sentido de humanidad se pone de presente en las palabras de un connotado compositor vernáculo, quien manifestó que solo ahora, con motivo de su muerte, había comprendido la magnitud de la obra de este empresario con el que jamás tocaron los temas de sus realizaciones, sino que, a través de sus canciones, tuvieron la fortuna de alimentar el espíritu y conocer sus almas.

Esta pandemia, que va segando vidas y sembrando dolor, no tiene puertas marcadas ni señales que la exorcicen. Hoy me entristece el duelo por el amigo; por el amigo con el que disfruté la música, la grata conversación y la férrea esperanza en la superación de los obstáculos que entorpecen el progreso regional. Elevo mi voz de condolencia y solidaridad para su querida familia y la comunidad emprendedora que se conformó alrededor de su visionaria noción emprendedora.