by Samaria Márquez Jaramillo

La calavera del millonario

 Gustavo Adolfo Bunse *

En un país de otro mundo érase un día un patriarca que agonizaba sereno, era el patriota más bueno que tuvo aquella comarca. Como sombra de la parca, ese día un mal señor le contó de un mausoleo, que le hicieron en su honor y allí, con gran estupor de los oyentes, él respondió suplicante:”Quiero una tumba chiquita, yo sé que cuanto más grande la bóveda,más chico  es el que la habita… (G. A. Bunse – Poemas de la Argentina trágica)

*Periodista de El Ojo Digital

A lomo de presente  en reversa,  imaginen que hoy es 31 de Octubre de 2011. La sobredimensión de una tumba como homenaje, adelantado en forma exagerada al veredicto de la historia, es una clara señal de la terrible confusión e ignorancia de cualquier deudo que la emprenda. Y no vale en absoluto la excusa de que algún amigo, destinatario de los favores del muerto, tuvo la iniciativa referida, pues quienes deciden finalmente son los deudos o, más propiamente, el familiar más cercano.

Culturalmente, eso comporta la evidencia de tener las prioridades éticas y estéticas en un torbellino. Una patética muestra de la fragilidad y de la soledad decisional.      Es promover la verdad de la historia, construyéndola para el futuro en una forma ortopédica, para poder lograr que se borren todos los datos serios y sólo queden señales de una rendición de honores hipertrófica, arrojada como una gran subestimación… sobre toda la posteridad historiográfica.

Es no querer esperar el fallo inexorable e insustituible del paso del tiempo, insultando desde el propio sedimento de la cronología humana hasta la verdad de las comparaciones seculares. Es, en suma, el escenario de cualquier sobredimensión, una acromegalia de una farsa comprimida, que encierra el totalitarismo, la persecución, la ilegalidad y la pérdida absoluta de la noción de prioridades. La monarca miente hasta cuando profetiza la corrección de sus propios defectos, con lo cual queda claro que se encuentra en un grave  estado de confusión y ya, nada de lo que diga, contiene algún vestigio de sinceridad.

Prepara ella su gran anuncio: “No pudieron ganarme en las urnas y me atacan ahora con un ‘golpe de mercado’ ” La teoría de la conspiración es una carpeta que esta familia desempolva cada tanto y sólo le cambia fecha y títulos: los intereses internacionales, los empresarios neoliberales, los poderosos, y cualquier otra especie, serán puestos bajo la  amenaza de los “te ciño hasta que te cuelgue la lengua”.

Tal como lo hizo Clemens (Mark Twain), debería haber en el país algún pensador ilustre que pueda quejarse en forma airada sobre la decadencia del arte de mentir que se ha visto en estos años entre toda la caterva de fabuladores que la acompañaron en su gestión.

Debería ella misma ser exhortada a que mejore la calidad de su mentira.  Mark Twain, genio indiscutible de la sátira y el buen humor, sostenía que ningún hecho estaba establecido con mayor firmeza en este mundo que el de la mentira, como una necesidad de nuestras circunstancias. Sostuvo siempre que la mentira era, sin ninguna duda, una virtud, que quedaba -según él- sobreentendida. 

Y ninguna virtud puede alcanzar su utilidad más alta, si no se la cultiva con cuidado y diligencia. En consecuencia, se sobreentiende que esta debería ser enseñada en las escuelas públicas, junto al fuego. El mentiroso bruto  queda enseguida al descubierto, como les ocurre hoy con esta corrida cambiaria… Trátase justamente de la realidad que regresa vengativa a buscar su parte de razón, que no le fue dada en su momento.   Siempre ocurre que se lleva esa parte de razón (la que tenía) y, de paso, se lleva también alguna otra parte de razón… que acaso no tenía.

Pese a todo ello, tuvieron una suerte inaudita: el electorado se olvidó de todo el catálogo de mentiras burdas y mal armadas, o bien las confundió con cualquier otra cosa. Quizás por la enorme cantidad de ellas que aparecían cada día. Ahora, no podrán devolver el ticket de la comedia. Twain escribió capítulos enteros que esta Presidente soslayó: “El que dice una verdad injuriosa por temor a que su alma no se salve si no hace otra cosa, tendría que reflexionar en que este tipo de alma no es estrictamente digna de ser salvada. El hombre que dice una mentira para ayudar a un pobre diablo a salir de un problema es un alma heroica que pone su propio bienestar en peligro para socorrer al prójimo. 

Debe exaltarse a este mentiroso magnánimo”. Pero ella, aún dentro de su enorme brutalidad y, contando siempre con una formidable buena suerte, trabajó también arduamente y sin ningún brillo en el arte de la mentira silenciosa: La liturgia de la “gran familia” gubernamental ha sido mentir. Pero mentir mal.        

Lo más sensato sería, pues, que alguien la exhorte a mejorar, es decir, a mentir de un modo reflexivo, juicioso e inteligente, inspirándose en los “buenos objetivos”. Y que, al menos, sea algo más creativa para mentir.

Hay errores de los que es muy difícil escapar y, aunque un presidente los cometa al amparo de condiciones transitorias de suma del poder público, siempre le ha de llegar la hora de las “composiciones”.

Afronta, por haber cohonestado mil mentiras durante ocho años, lo que parece ser el problema más grave e insoluble de su historia política. Una verdadera trampa, tendida por ella misma. Casi una “auto emboscada”.

 La gente, incluso, raramente, mucha de la que puso su voto para ungirla, empezó bastante antes del 23 de octubre y aún antes del 14 de agosto, a comprar lo que lucía más barato en el país: el dólar.
Su ministro se jactó mil veces de tener “espaldas anchas” y, desde el Banco Central de la República, comenzaron a arrojar toneladas de dólares de las reservas al mercado para apagar la demanda y contener la escalada del precio. Cuando vieron que con eso no alcanzaba, se asustaron. ¿Y qué hicieron? Sacaron a la calle Policía, la AFIP, la UIF y el BCRA.
 

“¿El niño hace ruido para tomar la sopa? Listo: no toma más sopa”. Ola de versiones de devaluación, desdoblamiento cambiario, presiones a empresas, persecuciones y mil temas delirantes, son el resultado de las mentiras de la postergación, la improvisación y la simulación. Esencias de la liturgia omnímoda de esta dinastía.   

La arrogancia sin el menor sustento moral, la visión del adversario político como enemigo y la agresividad sombría, han formado parte desde el primer día, del equipaje retórico de esta mujer, acaso forzada por su propia inseguridad y su desamparo nupcial sorpresivo. El difunto millonario mintió sin la menor elegancia. Y todo esto es su legado político. Es la calavera del multimillonario que regresa. Séneca, que era un sabio de la corrupción, decía: “El desencanto y la indignación súbita no surgen tanto por los errores, cuanto por las mentiras que empiezan a salir a flote”. A quien esto escribe le da asco este despliegue de medidas que, mucho más que restrictivas de algún delito, son, lisa y llanamente, atentatorias contra la libertad individual y del derecho transaccional consagrado en la Constitución de la Nación Argentina. El precio del dólar negro será, hoy mismo, aquella clásica sobredimensión que he referido y que viene como correlato del totalitarismo, la persecución, la mentira y la pérdida absoluta de la noción de las prioridades.  

Al ver ahora la imagen de la calavera del multimillonario, me permito sugerir en modo muy enfático que, tan sólo por el hecho de estar aquí en juego la propia libertad, salga cada uno, hoy mismo, a comprar todos los dólares que pueda. Incluso con los pesos de la comida de esta noche.  Casi como un “contra voto” a esta regente caótica de la oportunidad, que nos debe mostrar ahora, acaso desdorosamente, lo que por ella misma  fue barrido bajo la alfombra en su larga historia de mentiras… sin el menor estilo:

Las elecciones presidenciales de Argentina de 2011 se llevaron a cabo el domingo 23 de octubre. Resultó reelecta Presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner, con más del 54% de los votos. El primer mandato de Cristina Fernández fue un período comprendido entre el 10 de diciembre de 2007 al 9 de diciembre de 2011… Resultó reelecta presidenta de la Nación en octubre de 2011 con un período hasta 2015. Néstor Kirchner, esposo de Cristina, fue presidente de Argentina de 2003 al 2007 y murió el 27 de octubre de 2010. Datos para la historia de la infamia.