by Samaria Márquez Jaramillo

El Aleph

Jorge Luís Borges  

La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no le rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad; alguna vez, lo sé, mi vana devoción la había exasperado; muerta yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación.  

Consideré que el treinta de abril era su cumpleaños; visitar ese día la casa de la calle Garay para saludar a su padre y a Carlos Argentino Daneri, su primo hermano, era un acto cortés, irreprochable, tal vez ineludible. De nuevo aguardaría en el crepúsculo de la abarrotada salita, de nuevo estudiaría las circunstancias de sus muchos retratos. Beatriz Viterbo, de perfil, en colores; Beatriz, con antifaz, en los carnavales de 1921; la primera comunión de Beatriz; Beatriz, el día de su boda con Roberto Alessandri; Beatriz, poco después del divorcio, en un almuerzo del Club Hípico; Beatriz, en Quilmes, con Delia San Marco Porcel y Carlos Argentino; Beatriz, con el pekinés que le regaló Villegas Haedo; Beatriz, de frente y de tres cuartos, sonriendo, la mano en el mentón… 

 No estaría obligado, como otras veces, a justificar mi presencia con módicas ofrendas de libros: libros cuyas páginas, finalmente, aprendí a cortar, para no comprobar, meses después, que estaban intactos.”

Comenta Carlos Argentino Daneri que fue él quien descubrió el Aleph en su  niñez. Sus tíos le tenían prohibido el ingreso al sótano, pero había escuchado que allí había “un mundo”. Un día tropezó en la empinada escalera mientras descendía y no fue hasta que llegó al último escalón cuando vio por primera vez al Aleph: Una pequeña esfera tornasolada de intolerable fulgor; cuyo diámetro mide de 2 a 3 centímetros. Según Borges, a través de ella pudo ver el populoso mar, el alba y la tarde, las muchedumbres de América, una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, un laberinto rojo, interminables ojos inmediatos escrutándose como en un espejo (…) “Vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó (…)”. Todo lo que vio en ese instante ocurrió de manera simultánea, imposible de explicar y mucho más complicado de escribir; sin embargo, es debido a las limitaciones del lenguaje que al intentar contarlo suene como si fuera una serie de hechos sucesivos.  “El Aleph es donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”

Preguntas con respuesta:

–  Si el sótano era sumamente oscuro, ¿cómo se podía ver a través del Aleph?

  —Si todos los lugares de la tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz.

 

– ¿Por qué Borges no quería escribir sobre lo que vio en el Aleph?  

 —Borges cree que cuando se literaliza un hecho, sin importar cuán real sea, existe la probabilidad de pensamiento a que sea falso; asimismo, consideraba que era imposible poder enumerar el infinito.

 

– ¿Qué pasó con el Aleph después de que la casa de Argentino se destruyó?

 —Se entiende que el Aleph está ubicado en un punto único y especial en el Universo; por ende, cuando destruyen la casa, se destruye el Aleph.

 

– ¿Por qué Borges cree que el Aleph de la casa de Argentino es falso?

— Borges cuestiona todos los detalles del Aleph, así él haya probado que las palabras de Argentino no eran patrañas. Borges pensaba que este falso Aleph le había mostrado un verdadero Aleph a Carlos Argentino y de esta manera él pudo saber que el nombre de este punto, que contenía a todos, se llamaba así.

“Vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra.”