by Samaria Márquez Jaramillo

Y el espíritu supersticioso cedió su espacio al conocimiento

Samaria Márquez Jaramillo

No se requiere escribir bonito para ser un buen escritor. No son los mejores calígrafos los más excelentes literatos. No en vano nos muestran a Homero ciego y es de suponer que si copió la epopeya griega, estuvo imposibilitado para hacerlo con trazos elegantes. Lo más seguro es que la tuvo que dictar.

Es largo el proceso de evolución desde los dibujos en las rocas, con intención mágica, hasta las novelas de ahora. La escritura es riqueza. Los perros, los gatos y los chimpancés no entregan conocimientos, de generación a generación, por medio de acumulados en sistemas significativos.
Después de las excusas por el antropomorfismo, afirmaré que la historia “ve” la forma como las circunstancias viajan por el tiempo, de una manera relacionada, comparada y con perspectiva, puesto que las ideas de los seres humanos de todas las latitudes y longitudes, recíprocamente se modifican, por interferencia, injerencia e influencia, sin que operen las fronteras y aún en derrota de los obstáculos interpuestos por las distancias. De ahí la importancia definitiva de la intercomunicación humana para la comprensión mutua. Las raíces de la intolerancia, que se profundizan en la antigüedad más remota, sostienen el árbol de la violencia a cuya sombra los pueblos se relacionan de acuerdo con sus culturas heredadas. Estas influyen en los sentimientos que determinan sus actos.

Transcurren los siglos, se multiplican los estadios donde se escribe la Historia y nada cambia en la actitud bélica humana: Las guerras de exterminio relatadas en los libros del Antiguo Testamento y las guerras totales llevadas a cabo por los contemporáneos, varían en sus escenarios y armas pero son iguales en sus pretensiones.
Inacabable e imposible de aprehender en su totalidad, es el Lenguaje. De él se pueden hacer abstracciones, parcelaciones y conjeturas fractales pero no, nunca, una posesión plena. Más que todo, porque no es estático. El Lenguaje se modifica permanentemente. Antes de ser escrito era dialecto. Después de ser sometido a normas gramaticales alcanzó jerarquía literaria.

Es un error creer que la Gramática constituye y modela las lenguas. La lengua la modela el pueblo, la pulen y enriquecen los escritores, la aumentan los descubrimientos y la Gramática normaliza su evolución. El filósofo alemán Herder advirtió que la Gramática es la filosofía de la lengua. El Lenguaje es el máximo convenio. Fue por medio del Lenguaje como los humanos se pusieron de acuerdo para que una cosa representara a otra y, también, para que los  sonidos que emiten por la garganta, la lengua, los dientes y labios, signifiquen hechos. Simbolizar es la función fundamental de la mente. Símbolos y cosas simbolizadas son independientes entre sí, así como la denotación de la palabra no es  explicativa por sí sola: Para  entender la palabra perro hay que haber conocido a un perro o tener referencia de él. Para decodificar el Lenguaje hay que estar lleno de significados: Se entiende aquello que ya habita dentro de cada uno.

El tratadista chileno Humberto Maturana, experto en biología del conocimiento, sostiene que lo que hace humano al humano es el  lenguaje. A través del lenguaje el conocimiento intenta perpetuarse o significar sus cambios. Hasta la supervivencia humana depende del lenguaje. Luego de todos los humanos intentos fallidos en procura de entender “quienes somos, qué hacemos, de dónde venimos y a dónde pretendemos llegar”, será el lenguaje el que permita perpetuar  el itinerario  de este  Universo, simbólico, cibernético, robotizado, lleno de efectos especiales, que exalta la violencia, convierte las catástrofes un espectáculo, rinde culto a lo efímero y  hace, con la certeza de su relativa presencia, sentir un sereno placer  en la conciencia.

El ser humano se comunica para solventar una necesidad primaria. Cuando deliberadamente esa comunicación tiene fines estéticos, se le denomina literaria. Literatura es, pues, primordialmente un arte estético que tiene como elemento constitutivo  la palabra. También es una ciencia que revisa y analiza las producciones estructuradas con palabras.

Lo que se ajusta, talla. La intención de  enmarcar y meter en moldes la creación humana, maniató y  retardó las humanas creaciones. Todo por dictámenes del canon y  de la preceptiva, que generan más comezón y reacción que la urticaria. 

El germen de la vida es el embrión de la muerte. Lo que pretende regular el arte, se constituye, al poco de andar juntos, en precipitación asfixiante: Del canon a la muerte de los istmos median las vanguardias. En conclusión: no todas las rebeldías son  libertarias. A veces son lapidarias y en todos los casos son coces al aire porque del Arte el problema, y su solución, no es de normas o de infracciones conscientes. Todo se reduce a tener, o no poseer, habilidad creadora.  

La anterior mirada retrospectiva no pretende extraer figuras de madera para hacer otra versión, guardadas las proporciones, del Retablo de las Maravillas. La vida es un texto en movimiento. Leerlo requiere habilidad. Cincuenta mil años es, en tiempo, el consumo humano de combustible para arribar al hoy. Y hace dos mil cien años que Grecia sentó los precedentes, lineamientos y bases de la civilización moderna occidental. Novecientos años antes de Cristo los movimientos cultural, literario, filosófico y artístico griegos consiguieron que, aún hoy, se diga que nada hay nuevo después de ellos, con excepción, claro está, de los progresos de la técnica, la ciencia, la física, la medicina y la computación del Siglo XX. ¡Casi nada!
Y el tiempo siguió su incesante transcurrir. Gradualmente fue cambiándose el sistema de vida, en una marcha que se llama Civilización. 

La Civilización nunca fue, ni es, ni será, un producto terminado: Es un proceso de múltiples fases. Esas variables transitaron con mayores resultados por Grecia, Egipto y Roma y transcurrieron por tiempos inmemoriales, por todos los estadios, por las etapas primitivas y continúan en su peregrinar.

La ficción reemplaza a la Historia  para hacer el recuento de aquellas épocas de las que no existen testimonios fehacientes. No en vano la biografía humana es una biología que va del hombre, en estado “salvaje”, al ciudadano del Estado salvaje de estos momentos. 

Para empezar a narrar sirvió la Mitología, mezcla de fantasía y magia,  origen de las leyendas que hablan de cómo la inteligencia elemental procesaba pensamientos y alimentaba la mente de una manera ingenua pero que respondía al esfuerzo del hombre  para entender su origen y su universo. Esas  explicaciones intentaban resolver tanto lo inaccesible, la precaria  razón de ese entonces, como lo obvio de los  hechos de la naturaleza, cuyas causas fueron los primeros enigmas que sobrecogieron a los primitivos pobladores terrestres pensantes: el día, el Sol, la noche, la Luna, la aurora, el ocaso, la muerte, las estaciones, la lluvia, el viento, las tempestades, eran explicados  por la imaginación. La primera Mitología fue griega. Luego los romanos la adaptaron  a su sistema de pensamiento y al latín, su idioma.

El reino de la imaginación y del espíritu supersticioso, y no el de la inteligencia, cedió su espacio al conocimiento. Las mentes primitivas se esforzaron por entender sus inquietudes y explicárselas mediante exámenes, relación y leyes. Así fue como logró transitar la ciencia. Un reconocimiento no es superfluo: la Mitología fue un apoyo para la Historia y la Filosofía, pues nada puede partir del vacío.
Los héroes, los dioses y los monstruos podían, sin ofender la verosimilitud, mezclarse con los seres humanos porque no existían la geografía, la astronomía ni las reglas para llegar a evidencias. En cuanto a la Literatura, la Mitología le sirvió de materia prima para las iniciales narraciones orales, las que fueron repetidas mediante el sistema de la escritura y transcritas en múltiples versiones: La Ilíada y la Odisea, atribuidas a Homero, griegas; La Eneida, de Virgilio, romana. También los griegos Hesíodo, Esquilo, Sófocles y Eurípides legaron aventuras y héroes mitológicos, así como el romano Ovidio. Dramas, todos, solucionados con y por presencias divinas. Difíciles son los finales felices 

ahora, puesto que en las narraciones no irrumpe Dios para cambiar de ritmo a los acontecimientos y concluir por obra de sus manos. Sin mira su facilismo por lo demás el sistema explicativo de tiempos anteriores, bien acomodaticio, tenía que desmoronarse cuando el hombre empezara a analizar mediante ideas y teorías y a discutir a través de la Filosofía.

El descrédito de la fábula mitológica se inició con los descubrimientos marítimos. Los que se ocupaban en anotar los sucesos  históricos reconocieron que era inoficioso basar una cronología en hechos cuyos autores pertenecían al mundo sobrenatural o al absurdo: Los griegos les dieron a los dioses  necesidades, vicios y pasiones humanas, para ellos no tener que avergonzarse de aquellos.