by Samaria Márquez Jaramillo

¿Existirá el mañana?

Samaria Márquez Jaramillo

En una carta a su hermano Theo, Van Gogh le decía: “Encuentra bello todo lo que puedas. La belleza no es una propiedad de las cosas, sino una posibilidad que reside en tus sentidos”. En estos momentos de aturdimiento, cuando las noticias nos dicen de intensas nevadas, canallas insurrecciones, muertos por virus, inmigrantes devorados por el mar, repetirnos a pesar de todo”…puede mantenerse a flote la humanidad  para poder  descubrir posibilidades de belleza dentro de lo prosaico de la realidad”.

 La paciencia es urgente  en estos momentos terroríficos, porque los triunfos súbitos no se instalan en la historia. Durante estos  primeros 21 años del  siglo  XXI volvió a crecer la polémica iniciada hace 50 años y  que pone en el centro del debate a la Naturaleza y a las cosas como son, no como deberían ser.  Una mirada retrospectiva  se tropezaría  con el predominio  del capital sobre el trabajo  y con innumerables revoluciones, transformaciones de la realidad, adopciones de nuevas fuerzas espirituales y el surgimiento de un mundo atravesado por gigantescas paradojas, profundas contradicciones y crisis cíclicas que se manifestaron en los más diversos dominios de la vida.   Según Lyotar: ” Hablar del presente no es señalar un período histórico desastroso sino enunciar palabras que tiene valor de notificación y advertencia”.

El siglo XXI se  inició en medio de un gran debate mundial, gestado durante los años 70 del siglo anterior, en torno a lo que significan, abrigan, describen y señalan los nuevos tiempos. No hay academia ni medio de información, ni centro de análisis, ni organización cultural que no haya tenido relación con ese asunto, que es problema crucial del pensamiento contemporáneo. No obstante  en estos lares, a los que todo llega tarde y donde se vive bajo la modalidad de “realitys”, no  se  inquietan con  las diatribas de Marcuse,  la desazón de Foucault,  los enunciados de Lyotard,  la inquietud de Kundera, el manifiesto de Derrida. Todos ellos tiempo después de que Kant asegurara que la intuición no es más que representación de apariencias y que los objetos vistos no son en sí mismos las cosas que vemos, porque si les quitamos nuestra manera de verlas, desaparecería de ellas las condiciones que les aportamos.

Luego de los horrores del autoritarismo y muertos y enterrados Hitler, Mussoline, Stalin, Franco, MacCarthur, y bajo la desazón aportada por Trump,  se comprobó que los proyectos de reforma social nacidos a mediados  del siglo pasado no eran viables y que lo imposible continuaba siendo imposible. Lo anterior también puede aplicarse a Estados Unidos y su extrema derecha, hombres con cachos de bisonte y dirigentes gubernamentales llamando al caos y al delito.  Entonces  aparece en la humanidad un fuerte desencanto. ¿En qué creer? ¿A qué idea aferrarse? Las respuestas a estas preguntas derrumban  las ideologías y las utopías e inmediatamente llegan los filósofos  e intelectuales a racionalizar la decepción y a elevarla a categoría  de descripción de la realidad.

 ¿De cuál de tantas realidades existentes? Una de ellas, la más cercana proclama el cambio pero no da la fórmula para intentar alcanzarlo. Habla de que el cambio ya sucedió y es obligante ajustar nuestra conducta  y actitud a la situación que rige nuestros actos.  Avanzar apoyándose en el pecho y a brazadas es normal en el agua, pero nadie nada sobre el asfalto de una avenida. En la piscina que es la vida cotidiana sobreaguan Einstein y su teoría de la relatividad (E=mc2); lo aportado por la mecánica cuántica, que pone en duda  la existencia del  marco tiempo-espacio y hace indivisible al sujeto del objeto; la Física, que   habla de no poder conocer exactamente el mundo externo y los conocimientos exactos y perennes. Un pensador dijo: ” después de dar respuesta a todas las cuestiones científicas, permanecerán intactos los problemas de la vida”. ..

Pero la historia es clarificadora. Fíjense: Del 70 al 90 se produjo la “caída de los grande maestros” así: En el 76 muere Mao-Ttsé-Tung. En el 79 el mejor exponente de la escuela de Althusser en el campo sociológico, el creador de las Vanguardias, el propio Althusser, después de estar internado varias veces en un manicomio, asesina a su esposa Helen y muere en el 90. En el 80, Lacan disuelve la escuela y muere poco después. En el 89 muere también Roland Barthes, arrollado por un automóvil. Dicen que había entendido tanto la vida, conocía tan bien el lenguaje, que ya no quería vivir. Ese mismo año fallecen Marcuse, Sartre y Eric Fromm. Foucault los sobrevivirá unos años más pero muere joven, de Sida, a los 56 años. En sus últimos tiempos Foucault estuvo dedicado a perversas prácticas masoquistas.

Estas notas necrológicas dan cuenta cómo la vanguardia intelectual, que encarnaba una actitud crítica contra el poder, termina drásticamente como en los casos mencionados o en su defecto abdicando en su criticidad.

Los estilos y los métodos se gastan. Los encantos se desvanecen. Surgen nuevos problemas que requieren nuevos métodos. La realidad se modifica. Entonces, para representarla se debe cambiar el modo de describirla. A lo nuevo, con el transcurso de los días le viene lo viejo. El pueblo no es hoy como ayer. Popular es una calificación emanada del pueblo. Significa aquello que de una manera comprensible para el pueblo, toma sus formas de expresión y las enriquece. Toma sus puntos de vista, los y afianza corrige. El tráfago de la vida obliga a todos a tener opiniones que hacen referencia a un diverso montón de cosas: Sobre el sentido de la vida y de la muerte, la sexualidad y la familia, la educación de los hijos, sobre la educación de los hijos de los demás, el futuro, el pasado, el reconocimiento personal, nacional, racial religiosa. Sobre al aborto, la clonación, la eutanasia o la energía nuclear. Como dijo Kant: “Todos necesitamos contestar a tres preguntas: ¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué puedo esperar?”
En su más amplia presentación la verdad es un concepto personal. La verdad generalizada, que no única, es conseguida a través de un consenso. Cada grupo define lo que es verdad para ese grupo Las certezas unánimes no existen. La duda surge en todas partes. Cada cual debe aprender a defender su verdad y su vida de las fauces de los ignorantes. Como ella no hay dos y ella misma no será igual dos veces. A todo substrato étnico le corresponde una lógica propia, una visión del mundo propia.
El vivir no es una competencia binaria. No se es blanco o negro. Bueno o malo. Ateo o creyente. Hasta el concepto de justicia, que habla de oír a las dos partes, está equivocado, porque el todo no está hecho de dos partes. Es múltiple. Sobre nosotros, los habitantes del tiempo de la pandemia del Coronavirus se ciernen nubarrones: Existe un maletín, un loco, un botón y un riesgo de desaparecer o vivir marcados por los efectos radioactivos.

Desde el principio del inicio existe la amenaza apocalíptica… El mundo es ancho y ajeno, sus huéspedes lo que pretendemos es llegar ahora, al hoy y aquí, y mañana, al mañana y al allá o al quién sabe dónde. “Cada día trae su propio afán “, el riesgo de ahora puede ser rotulado como amenaza nuclear.