by Samaria Márquez Jaramillo

Las mil y una palabras

Samaria Márquez Jaramillo

Mi papá, al llegar a la casa se mecía en una silla, mientras leía el periódico. Yo me ubicaba detrás de él y abría y cerraba mis labios, imitando leer en voz baja. Un día mi mamá dijo:” ¡Pobrecita, le enseñaré a leer!” A los 4 años leía todo lo que pasaba por mis ojos: Los avisos de la sastrería, la bicicletería, la barbería, la lechería. Todo terminado en ía. Predestinada: Me iría , volvería, amaría, leería, escribiría y resistiría…

Mi padre  iniciaba sus historias con la siguiente afirmación: “Ahora que lo imposible suele suceder…” Mientras yo pensaba que lo que  ocurre  abandona la condición  de  imposible,  mi mamá agregaba: “Bueno, después de todo”… Entonces me confundía totalmente: “Después de todo” es traspasar el borde del vacío.  Ya quedaba atrás todo. Entonces,  ¿dónde estábamos mis progenitores, hermanos y yo? Pues bien, “ahora que lo imposible suele suceder continuo el relato: Leía los trozos de periódico en los que venía envuelto el jabón. Esos pedazos, por no tener los renglones completos, me daban una información fraccionada  que yo intentaba completar. Entonces empecé a ser escritora.

Hace 57 años soy periodista. Colaboré  en Cali, en los periódicos Occidente, El País y El Pueblo. Regresé al Quindío el 6 de enero de 1988. Y ¿qué más ? Tengo 5 novelas publicadas y dos haciendo cola en  7 editoriales. En el año 2004 gané el premio Iberoamericano de novela Mario Vargas Llosa. En el 2016 quedé en 2º lugar del concurso de novela histórica , ediciones Áltera … Fui … ¿Qué soy ahora? 

Escribir para mí es un oficio mágico: Si no fuera por él estuviera muy vacía. Me llena de alegrías y  frustraciones. Por supuesto que el número de estas últimas es más abundante que el de las primeras. Pero ocurre que es esa una circunstancia que se escapa de cualquier esfuerzo y decisión míos. Gustenme o no, en primera página seguirán apareciendo  las estadísticas  de los fallecidos, víctimas del Coronavirus, y en un rincón, que no del alma sino de cualquier página interior, los análisis económicos  que prueban  porque el salario mínimo actual – febrero 2021, $908.526  mensuales – no es, adquisitivamente, considerablemente más alto que en el año 1950 fecha en la que, por medio del decreto 3871/1949, se fijó por primera vez en Colombia el salario mínimo y su valor fue de dos pesos diarios. En  esa fecha el dólar estaba a $1.75 de pesos y una libra de carne costaba $1.oo, un huevo $0.05, una libra de papa $0.15 colombianos y una libra de arroz $0.30.

También, ocultas por la pauta aparecen las  masacres, el costo de los plátanos, los recortes de personal o las desgracias de las vidas del común y corriente. Una voz menudita me dice: “Recuerda que trabajas en una industria que produce páginas literarias  como  otros zapatos o brasieres… Me niego a aceptar lo anterior. A los hechos me refiero: El periodismo nació siendo cultural. Sus redactores eran escritores y su contenido más literario que noticioso pero tenía baja circulación y escasos anuncios. Después fue el amarillismo y lo banal.

La Literatura vive en los textos bien escritos. Quien la comenta debe saber  escribir y conocer quienes lo han hecho bien, ganado premios y cuáles sus obras,   para que no ocurra lo que pasó acá en Armenia cuando el 7 de  junio de 2015, recorriendo una exposición permanente del museo Maqui, integrada por las obras de  Duván López : Pintura. Olga Lucía Jordán: Fotografía.  Antonio Valencia: Pintura.  Maripaz Jaramillo: Grabado. Henry Villada: Acrílico y transfer sobre papel. Silvio Gallego: Instalación / Homenaje. Abiezer Agudelo:Instalación. Jorge Agudelo: Instalación y   Fernando Cano Bousquet: Fotografía; una muchachita, recién graduada de comunicadora social, vestida como para un casting, leyó las firmas en las obras exhibidas y ruidosamente preguntó: ¿ Dónde están las de Gloria  Zea y las de esa a la que llaman La menor de Vivaldi

Estoy dispuesta a dar la pelea por el periodismo cultural, los lectores y mis intereses personales: Los avances digitales junto con las palabras no pueden hacer, en mis reportajes literarios, un cóctel de incongruencias. A un periodista cultural le corresponde informar y también discernir pero, si  por los años sesentas , cuando en Cali se iniciaba la inquietud artística, y en los primeros festivales de arte con Fanny Mickey como promotora ya era un compromiso hablar de los actores de la cultura, ¿cómo cumplir ahora esa tarea? Las plataformas  digitales multiplican el informe de la actividad cultural pero no tienen recursos económicos para pagar una  amplia nómina y, en consecuencia, están muy restringidas  para ampliar el número de pensadores que colaboren  a cernir la paja del heno en un universo tan diverso y fantasmagórico donde ni la propia muerte, planeada por la mente más ágil e imaginativa en el ámbito de la ficción, se cumple de acuerdo con el libreto preestablecido. 

Por ejemplo: Tennessee Williams, quien  después de que el hombre que él amaba, el actor Frank Merlo, fumador empecinado,  falleció de cáncer en 1961, el escritor  se sumergió en una depresión portadora  del declive físico y mental, agrandado por su adicción a las drogas y el alcohol y su tendencia a sufrir ataques de pánico,  anunció que se suicidaría y 20 años después de  la muerte de Merlo,  en Nueva York el 25 de febrero del año 1983 ingirió una gran cantidad de alcohol que, según lo había anunciado,  iría seguida de la toma de barbitúricos para culminar el fatal desenlace. A la mañana siguiente fue hallado muerto, asfixiado por el pequeño tapón del bote de pastillas de Seconal, que se había quedado atascado en su tráquea al abrirlo con la boca… El frasco y las pastillas fueron encontrados tirados en el piso…

Dejo constancia de que en mi ejercicio periodístico me julepea la presunción de llegar a dilucidar el porqué de las circunstancias banales por las que atraviesa el arte quindiano y me apabulla la certeza de que no encontraré las respuestas.