by Samaria Márquez Jaramillo

Martes 13 de octubre, 2020, año bisiesto

Samaria Márquez Jaramillo

Cuento

– Te escucharé sin interrumpirte. ¡Cuéntame! Ponte cómoda, como si estuvieses recostada en verde césped y oyeras el murmullo de un manantial. La tarde es fresca, el viento perfumado, tu eres leve y hermosa es la música de Heitor Villa-Lobos. Para su guitarra él no lee la partitura. Improvisa, se queda adormecido en la nota. ¿Te sientes satisfecha?; ya tu rostro no tiene sudoración, estás en un momento de casi felicidad…

–¿Cómo empiezo? Va una confesión: A pesar de buscarlo más allá de mi billetera; de los bolsillos, tantos, de mis bolsos y carteras; debajo de la almohada; en el joyero, ya casi vacío; en mis correos mail;  en los avisos de google; en las tiendas online; en las bibliotecas digitales; en mis prevenciones de los ataque informáticos, por ninguna parte de los dos mundos, analógico y digital, encuentro  ese brillante, productivo, rendidor, poderoso universo que la tecnología me hizo imaginar.

Me rodea la inseguridad surgida desde inquietudes de mi alma. Digo mi alma por decir algo porque a la verdad también pude decírsele presagio, nombre de ese vivir anticipada e infundadamente que me hace ser dueña de nada. Gracias a lo que nombra ese sustantivo, un devenir del mañana, incompleto e irreal en el que lo que me rodea “realmente”, deja de ser lo que es para convertirse en lo que yo quiero que sea. Me cansé de depositar mis esperanzas en lo nuevo por venir, que nadie asegura que llegue a ser progresos. Menos ahora, que me domina la sensación, catastrófica, de un cercano final para este mundo, debido sobre todo a la amenaza, con la que convivo y la que me asedia: El virus y la pandemia. ¡Quién soy para salir indemne mientras otros ya son cenizas al viento o elementos cuesta abajo en un torrente! Sobre todo en tiempos en los que la muerte por Covid19 dejó de ser lo que le pasa a los otros y ya se regodea dentro de estamentos sociales que se creían vacunados contra las miserias humanas. Incluso el Vaticano.

L’Osservator Romano enmudeció. Cedió la palabra a astrólogos, adivinos, brujos, curanderos, hechiceros, espiritistas, echadores de cartas, parasicólogos, pitonisas, profetas, videntes. Reconozco que no es lejana de mi verdad la premisa que dice: “Siempre que la fe se ausenta triunfan las desgracias”. Conste que la palabra fe no expresa, para mí, creencia en alguna religión. Mi fe es el reconocimiento, confianza o asentimiento depositados en algo o alguien y que, como tal, se manifiesta por encima de la necesidad de poseer evidencias que demuestren la verdad de aquello en lo que se cree. La palabra proviene del latín fides, que significa ‘lealtad’, ‘fidelidad’…


Yo, que me creo tanto y tan poco al mismo tiempo, experimento un complejo de frustración , me siento desamparada ante las incoherencias de mi vida, igual a la de todos mis congéneres, todos pertenecientes a la civilización que hemos contribuido a forjar y que desencadena unos mecanismos deshumanizadores: Los robots son programados a imagen y semejanza de nosotros. Me siento despojada de mis características innatas.

Me aterra este momento presidido por el coronavirus. Tuve fiebre, dolor de cabeza, incluso tos. Fui a verificarme la prueba: No tenía la enfermedad. ¿Es posible? El joven médico que me auscultó, aseguró que “la somatización es la manifestación con síntomas físicos, de un problema psicológico”. Me aconsejó comer almendras, tostadas y con poca sal.

Ahora y aquí debo desmentir a Aldous Huxley que decía: “El mundo no lo cambian las ideologías, sino las tecnologías”. Eso no es cierto: Del pulso salen con mano dominadora  las doctrinas, partidos, filosofías, religiones, ideales, creencias, convicciones y convencimientos. La prueba: Estoy acá y no en un chat… Dígame algo, no esté como un búho, mirándome con esos ojotes …

    – Querida Ursulina, terminó tu hora de diván. Pasa por caja,  paga esta consulta y saca turno  para el próximo martes, que ya no será, como hoy,  martes 13 de octubre ,2020, año bisiesto.

¿Puedo, antes de irme, contarle un poco del libro Hombre, mito y magia?
–No. Venga la acompaño hasta la puerta. La espero el 20 a las 2 de la tarde. Mientras tanto le diseñaré un plan terapéutico…