by Samaria Márquez Jaramillo

Navidad en cuarentena

N. de R.

La Navidad es sinónimo de alegría, encuentro, vacaciones o fiesta; antes se suponía que estas celebraciones ahondaban en la herida de las personas que pasan por una depresión, que viven solas, que sufren o se recuperan de una enfermedad. Ahora, la teoría anterior fue reemplazada por la certeza de que las fiestas decembrinas 2020 serán tristes, por vivirse en tiempos de pandemia, de cuarentena, de distanciamiento social, de restricciones de salubridad y a la vez esperanzadoras: Los sobrevivientes del Covid 19 tendrán la certeza de que su organismo creo anticuerpos contra el Coronavirus que no será ya más su enemigo mortal.

Aunque para una parte del mundo occidental se trate de una fecha religiosa y feliz, para otros el 25 de diciembre es motivo de fastidio, angustia o simplemente aburrimiento. La imagen ideal de niños y mayores sonrientes, comidas deliciosas; paz y amor en abundancia contrasta con una realidad en la que en lugar de la paz reinan las discusiones familiares, la soledad, el consumismo, los balances insatisfactorios, la ingestión excesiva de comida y bebida. Todos ellos, males asociados a esta fecha. Las urgencias de los hospitales se llenan de heridos por accidentes, peleas, infartos y hasta intentos de suicidio.


¿Qué es la Navidad?», se preguntan el psicólogo sueco Mats Erikson y su esposa Karin, escritores especializados en comunicación interpersonal. «Alguna vez fue la celebración del nacimiento de un hombre muy sabio, pero ahora es a menudo simplemente abandonarse a la excitación del consumo.”

“ El consumismo ha devorado gran parte de nuestras actividades cotidianas y de lo que debieran ser nuestros sentimientos más personales», agrega desde Buenos Aires el psiquiatra y dramaturgo José Eduardo Abadi. «Cuando la Navidad se torna en confundir lo que uno es con lo que uno tiene y lo que uno muestra con lo que uno vale, estamos en presencia de un problema».

La estética navideña tiene sus detractores. En primer lugar, quizás, los cristianos que insisten en recordar el verdadero sentido de la Navidad -el nacimiento de Cristo- y lamentan que los Santa Claus, arbolitos y motivos paganos inunden y nublen el espíritu original.

Los ecologistas esgrimen sus banderas y se quejan de los montones de comida desperdiciada; las toneladas de basura que el mundo genera a diario casi se duplican en los lugares donde se festeja la Navidad.

Según cifras publicadas por ambientalistas estadounidenses, en su país se tiran a la basura  el equivalente a 2 millones de pavos, 5 millones de budines y 74 millones de tartaletas navideñas y que la huella de carbono -es decir, el gasto de combustible y energía- que supone el envío de regalos y tarjetas deja su legado en el ecosistema. También  luchan por el derecho de los árboles de no ser cortados para transformarse en decoración navideña, que generalmente terminan tirados en la calle.

¿Feliz Navidad?

Llega la Navidad y parece inevitable la tendencia a analizar el año, proponerse nuevas metas, darse cuenta de que no cumplimos las del año anterior.

«Cuando la felicidad no es un tránsito de armonía y coherencia entre lo que siento, pienso, hago y digo, sino que se confunde con la alegría mediática o con una euforia maníaca, se transforma en un estrés o en sentirse que uno es raro, distinto. La fiesta está para ser vivida desde la autenticidad con uno mismo», afirma Abadi.

«Las razones para no ser feliz en Navidad son, por supuesto, las mismas para no ser felices cualquier otro día. La única diferencia es que en Navidad nos juntamos no tanto por gusto, sino porque la tradición así lo indica. Y la tradición nos dice también que se supone que debemos ser felices en la Navidad; esto genera mucha presión», explican Mats y Karin Erikson.

«Para los más perdidos y solitarios, la Navidad amplifica la sensación de náufragos que bracean abrumados por la certeza de que no alcanzarán a llegar. Tragedia que no le ocurrió a la escuadrilla de Colón en el año 1492, un 25 de diciembre, cuando en  la carabela Santa María  arribaron a la que llamaron La española, ahora Haití, y allí construyeron una empalizada a la que llamaron Navidad.

Para el psiquiatra argentino hay una exigencia de que las fiestas tienen que ser un momento de balance para comprender nuestra vida y, por si fuera poco, sentar las bases del futuro. Cuando la exigencia sobrepasa lo coherente, se torna en algo que genera angustia, frustración y contamina la propuesta.

Soledad

La Navidad está pensada por el consenso como una fiesta de encuentro. Pero no siempre ocurre así. Muchas veces esos encuentros que deberían ser lo esperado se convierten en realidades que nos presentan grietas, desencuentros, conflictos no resueltos y pérdidas.

«Uno de los puntos que lleva a vivir las fiestas con ansiedad, bajón anímico y depresión es afrontar las pérdidas, la ausencia angustiosa. Esa ausencia, paradójicamente, se va a presentar; entonces nos da sensación de depresión».

Abadi destaca el caso de tantas parejas que se divorcian y no está claro dónde van a pasar la Nochebuena los hijos. «Cuando falta claridad y hay confusión, conflictos de lealtades, culpas y tensiones, los hijos la viven de modo triste y los padres son protagonistas de un conflicto», analiza.

Dicho todo esto, ¿cómo pasar una feliz Navidad? «El consejo es la armonía», resume el psicoanalista. «Disfrutar aquello que tenemos. Si queremos hacer un balance, hacerlo, pero no tiene que ser justo ese día. Tratemos de que sea un momento para estar felices de estar vivos, de llevar adentro a aquellos que se fueron y poder crear un terreno de esperanza. Y, como dice la frase del brindis, levantar la copa por la vida».