by Samaria Márquez Jaramillo

Guido Tamayo o las imágenes vueltas palabras

Divulgación y Prensa  Ministerio de Cultura*

*El Ministerio de Cultura  es la entidad rectora del sector cultural colombiano y tiene como objetivo formular, coordinar, ejecutar y vigilar la política del Estado en materia cultural, deportiva, recreativa y de aprovechamiento del tiempo libre. Es una organización que actúa de buena fe, con integridad ética y observa normas vigentes en beneficio de la comunidad, los clientes y sus propios funcionarios. El Ministerio de Cultura propenderá por una Colombia creativa y responsable de su memoria, donde todos los ciudadanos sean capaces de interactuar y cooperar con oportunidades de creación, disfrute de las expresiones culturales, deportivas, recreativas y de aprovechamiento del tiempo libre en condiciones de equidad y respeto por la diversidad.

 

Por

Juan Carlos Millán Guzmán*1

*1 Periodista a cargo de la difusión y cobertura periodística de las actividades adelantadas en el marco del Plan Nacional de Lectura y Escritura Leer es Cuento, entre las que se incluyen: Grupo de Literatura y Libro; Grupo de Primera Infancia; Biblioteca Nacional de Colombia; Red Nacional de Bibliotecas Públicas; Fundación Bill & Melinda Gates; Plan Nacional de Lectura y Escritura Leer es Cuento y Grupo de Infraestructura Cultural. Responsable de la estrategia de divulgación de las diversas actividades realizadas por la Dirección de Artes y sus correspondientes áreas –Artes Visuales, Danza, Ley de Espectáculo Público, Literatura, Música, Primera Infancia y Teatro y Circo-.

Dedicado a la docencia desde hace algunos años como profesor de la Maestría de Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia, Guido Tamayo se ha desempeñado como gestor cultural de la Cámara Colombiana del Libro, asesor literario de Colcultura y el Ministerio de Cultura.

»Vamos a hablar de literatura y sobre sus libros, aunque no sé si de manera tangencial aparezcan también los míos», explica Guido y destaca la necesidad de generar emociones, con el fin de lograr transmitir el apego por la lectura y la escritura, a través del diálogo. Género que, a su juicio, resulta incluso más eficaz a la hora de llevar al gran público la pasión por la literatura, los libros y las buenas frases.

 

¿Cómo llegó a los libros?, ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas?

No recuerdo bien cuál fue mi primer contacto con los libros, que imagino fue dándose poco a poco, aunque si tuviera que precisar un momento más exacto diría que se produjo al comenzar a leer cuentos policíacos, porque mi papá era un gran lector del género. Así que comencé a desarrollar una competencia ingenua e infantil en la que cada vez que llegaba del colegio, en las tardes, yo tomaba los libros que él dejaba –era un dibujante arquitectónico de la Beneficencia de Cundinamarca que no era un gran lector, pero que sin embargo llegó a apasionarse por ese tipo de lecturas-, para comenzar a ganarle desde chiquito. Debía tener 11 o 12 años. Luego vinieron Emilio Salgari y Verne.

 ¿Qué llamó su atención de estas obras?
    • Héroes como Sandokán y narraciones en las que Salgari era un experto, que sumergen en esos otros mundos. Pero no vaya a creer que soy un experto en ese tipo de literatura, porque muy pronto pasé a una literatura digamos más para adultos, con autores como Ernesto Sábato y los escritores del Boom, que comencé a leer sobre los 14 años. 
¿Algún autor que llamara su atención en esos primeros años?
—Hay muchos, pero recuerdo uno en particular: Alfred Hitchcock, que nunca he vuelto a ver en ninguna librería, y además comenzó a crear esos vasos comunicantes entre el cine y la literatura. 
 

 ¿Qué libro le dejó huellas? 

—Sin duda alguna El Túnel, de Sábato, me conmovió y me mostró que la literatura era capaz de mostrar una parte esencial de nuestra condición humana, como son los celos, que yo desconocía. Eso me impresionó y me botó de cabeza hacia la literatura.
El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso, también fue para mí una cachetada que me condujo a ese mundo de los viejos. Se trata de un libro que  ahora es ignorado, pero que es una de las grandes novelas del Boom, quizá por encima de muchas otras que han sido más celebradas

Recuerdo, por ejemplo, novelas de Juan Carlos Onetti como El Astillero, sus cuentos me impresionaron mucho. Aunque también estaban, por supuesto, García Márquez, Carlos Fuentes y Guillermo Cabrera Infante, quien me mostró un lado más divertido de la literatura, gracias a la musicalidad y gran sentido del humor que hay en su obra.

¿Los clásicos?
—Con un primo y un amigo tuvimos un grupo de lectura en el que comenzamos a leer las obras de Homero, Ovidio y la literatura clásica europea: Stendhal, Flaubert, Balzac; Dostoievski, Tolstoi, Chejov, Turguénev. Y los gringos, ya mucho más recientes: Capote, Hemingway, Faulkner… Inevitablemente, estoy hablando de esa adolescencia tan compulsiva y deliciosa, recuerdo habernos ido, con mi hermano y un primo, a una población cerca de Cali, Vijes, con unas mochilas llenas de libros con el propósito de pasar nuestras vacaciones leyendo. Debíamos tener entre 15 y 16 años, y además, evidentemente salíamos a buscar a las muchachas, de vez en cuando también nos emborrachamos, pero esencialmente nos dedicamos a leer.

¿Y la Universidad y los compañeros de estudio?

—En mi caso, y creo que en el de muchos otros escritores, la literatura va triunfando sobre todo; de tal manera que aunque hubiera podido ser médico o arquitecto inevitablemente habría terminado siendo escritor. Además, como al terminar la carrera me fui a vivir a Barcelona durante 10 años no pude frecuentar los sitios donde se reunían las personas de mi generación durante esos años.

Luego vino el Doctorado en Barcelona, y allí principalmente me dediqué a leer e ir a cine, además de ejercer el periodismo. La pasé muy bien allí, porque Barcelona era una ciudad mítica por la que habían pasado Vargas Llosa, Juan Marsé y García Márquez, junto a escritores colombianos como Ricardo Cano Gaviria, R. H. Moreno Durán, Oscar Collazos. Personas con las que tuve amistad durante esos años, a pesar de esa distancia generacional; yo siempre anduve con gente mayor. Era una ciudad en la que se leía mucho y en todas partes.  

 

¿Recuerda algunas de las lecturas sugerentes?

—Me me imponía ciertos modelos que cambiaba cada dos o tres años: gente cuya obra me dedico a estudiar porque plantea problemas similares a los que yo mismo me planteo cuando escribo.

¿Qué lo lleva  a dar ese salto de convertirse en escritor?

—Uno difícilmente se convierte en escritor si no lee y, además, tiene que establecerse una disciplina de escritor.

García Márquez solía referirse al proceso creativo a partir de una secuencia de imágenes. ¿Cómo explicar esa influencia del cine en la literatura contemporánea?

— La influencia del cine, mucho más que la pintura, la escultura o el teatro, es la que deja marcas en la literatura.