by Samaria Márquez Jaramillo

El significado de la esperanza en un pueblo

Luz Herlinda Carrillo Alquicira *

*Doctora en Psicología Hospital Juárez de México

La esperanza entraña la actividad del verbo “esperar”; cuando se ha esperado demasiado y no ha llegado ni remotamente nada de lo esperado o anhelado, la conciencia humana comienza a disgregarse por caminos alternativos de lo que pudiera ser. El “hubiera” adquiere carácter de realidad alterna, “muy real”.
La presente reflexión no es tan ambiciosa como para tomar elementos de realidad política para valorar la esperanza de cambio del pueblo mexicano; pero si pretende analizar algo del mecanismo de la esperanza humana.

Desde tiempos inmemoriales, antes del lenguaje articulado, antes del pensamiento estructurado en la escritura y transmisible a las futuras generaciones, el ser humano observaba la permanencia y la caducidad de su entorno. La permanencia siempre ha sido una cualidad sobresaliente para las personas, quizá porque somos temporales y la muerte es una certidumbre. La permanencia de ciertos elementos del entorno que favorecían la vida, condujo inevitablemente a la idea de un ser creador y protector que tenía un fin, tal vez desconocido pero del cual dependíamos los no perennes.

El Mesianismo y sus visionarios, fueron y son  conceptos poderosos  que han permitido tener esperanza en un futuro mejor que el presente, “alguien” o “algo” tienen la capacidad de trascender las circunstancias actuales y vislumbrar, ver más allá del horizonte inmediato. Las sociedades humanas han caminado por estos conceptos, la utopía se nutre de esta esperanza cuyos portadores son los visionarios. Se cumpla o no la utopía, es irrelevante, al final es una dirección hacia a donde ir, que será mejor que el lugar actual.

Andrés Manuel López Obrador cumple perfectamente con las características de un visionario mesiánico que señala un rumbo diferente, muestra una forma de hacer las cosas diferente, no se parece a nadie. Su hijo menor es portador del nombre de dos personajes simbólicamente poderosos “Jesús Ernesto”, figuras mesiánicas y utópicas.
El mesianismo y la utopía han sido despiadadamente cuestionados por diversas corrientes políticas, históricas y científicas, donde el racionalismo y el empirismo imponen la factibilidad de la realidad; sin embargo los valores para gobernar a un pueblo -que es guiarlo, conducirlo- no necesariamente se fundamentan en el valor occidental de la racionalidad. La historia ha demostrado el valor de la esperanza para los pueblos, quien inspire esta sensación podrá guiarlo por un tiempo.

Pero también es muy cierta la realidad histórica de la decepción de la esperanza, a los reyes les han cortado la cabeza, a los caudillos los han traicionado y asesinado, el pueblo ha linchado a quien ha osado defraudarlo. Algunos visionarios han tenido que morir en la raya o huir y autoexiliarse. Es el riesgo de tocar los sentimientos del pueblo.

Pero también es muy cierta la realidad histórica de la decepción de la esperanza, a los reyes les han cortado la cabeza, a los caudillos los han traicionado y asesinado, el pueblo ha linchado a quien ha osado defraudarlo. Algunos visionarios han tenido que morir en la raya o huir y autoexiliarse. Es el riesgo de tocar los sentimientos del pueblo.

Andrés Manuel ha enamorado a una parte importante del pueblo. Un enamorado es paciente en principio y podrá disculpar errores y omisiones de su “amado”, pero con el tiempo sabrá qué intenciones tiene. El pueblo mexicano ha sufrido muchos engaños 

y decepciones, se ha tornado indiferente, duro, cínico y eso ha sido para evitar más dolor. La responsabilidad de una relación es cuestión de dos, éticamente nadie puede hacerse cargo del “otro”, si Andrés Manuel promete hacerlo, es insalvable este compromiso, el pueblo querrá reparaciones y compensaciones de su daño, que no podrán dársele. Este punto es el más frágil, ningún amante puede borrar las huellas del dolor de otros amantes.

El pueblo será crítico y duro sin necesidad de que los enemigos de Andrés Manuel intervengan, sin que los medios manipulen la información; al pueblo jamás hay que subestimarlo, pues al final sabrá por él mismo si la intención de llegar a lo prometido realmente alguna vez existió, si la utopía era la misma que el visionario y el pueblo miraban, o sólo fue usado para alcanzar el fin narcisista de otro líder más.