by Samaria Márquez Jaramillo

C o n t e n i d o

Editorial

El denominado síndrome de la rana hervida es una analogía que se usa para describir el fenómeno ocurrido cuando ante un problema que, por ser  lentamente progresivo,  sus daños no puedan ser percibidos. La premisa infiere como  conclusión:  si una rana se pone repentinamente en agua hirviendo, saltará, pero si la rana se pone en agua tibia que luego se lleva a ebullición lentamente, no percibirá el peligro y se cocerá hasta la muerte. La metáfora  se usa para señalar  la incapacidad o falta de voluntad de las personas para reaccionar o ser conscientes de las amenazas siniestras que, sistemáticamente,  surgen gradualmente. 

La analogía se toma del libro «La rana que no sabía que estaba hervida… y otras lecciones de vida» del escritor y filósofo franco-suizo Olivier Clerc, nacido en Ginebra, que describe y se refiere a la situación de una rana en una cazuela llena de agua a la cual se le va aumentando su temperatura lentamente, debido a que la rana regula su propia temperatura y el aumento de la temperatura es progresivamente tan lento que no puede percibirlo durante gran parte del proceso y para cuando perciba el peligro, no tendrá energía suficiente para saltar y escapar de la cazuela porque la habrá gastado en regular su temperatura para adaptarse al agua; en cambio, si la rana hubiese entrado con el agua a altas temperaturas, habría saltado al percibir como un peligro continuar allí…” Se que si pones a un anfibio en agua hirviendo, salta; pero si vas subiendo poco a poco la temperatura se queda ahí hasta quedar cocinada. Si la velocidad de calentamiento de la temperatura del agua es menor de 0,02 grados Celsius por minuto, la rana se queda quieta y se muere al final de la cocción, mientras que a mayor velocidad la rana salta y escapa…Probada científicamente,  la premisa anterior resulta  verdadera si el calentamiento es lo suficientemente gradual, según los biólogos contemporáneos”.

Nos estamos cocinando, a fuego lento,  en el caldo de la injustica, corrupción y mal gobierno, vividos durante los últimos 25 años y,  sin darnos cuenta, estamos a punto de ser  hirviente puchero colombiano, banquete para los populistas y mesiánicos.