by Samaria Márquez Jaramillo

Pedagogía: ¿Arte o Ciencia? Un viejo debate inacabado

Julio Mateos Montero *

*Humanista, pedagogo y profesor. Doctor en Historia de la Educación. Web Personal: Materia y fantasía pedagógicas. Co-fundador de FEDICARIA (1995) y de la revista Con-Ciencia Social, plataformas de pensamiento crítico que han ejercido una marcada influencia durante los últimos veinticinco años en España y Latinoamérica en el ámbito de la educación y de la cultura. La Federación Icaria, que bebió de referentes marxistas, aglutina desde la pluralidad y diferentes enfoques, un pensamiento contra-hegemónico.


El debate sobre si la pedagogía es una ciencia o un arte, es una polémica muy vieja. Sin embargo, subyacen en ella relevantes cuestiones que afectan de lleno también al presente, como la formación del profesorado, la relación entre teoría y práctica o la naturaleza de la dominación tecnocrática. 
Si la pedagogía es (o nos parece que es) una ciencia o un arte no es cuestión baladí, ya que profundizar en ella implica abordar otras como la relación entre teoría y práctica pedagógicas, la formación del profesorado, la naturaleza del saber-poder en el campo educativo o la naturaleza de las relaciones maestro-alumnos y algunas más.
La pedagogía se vistió con las ropas de las ciencias experimentales, y en sus desarrollos didácticos pretendió aportar prescripciones de carácter «científico», como orientaciones ciertas y universales (incluso cuando se plantean como adaptables a contextos reales) para el ejercicio de la enseñanza.

Al hablar de arte no nos referimos al concepto clásico de artes liberales o el de artes vulgares, sino a una acepción muy común que remite a un conjunto de habilidades y de conocimientos que nacen de la experiencia práctica y se nutren de ella.


Pedagogía como arte

Pone el acento en la experiencia. En el oficio y habilidades personales del maestro. Mira más hacia la cultura empírica de la escuela.

Depósito de confianza en el maestro. Se ajusta a realidades de sistema escolar descentralizado, heterogéneo.

Niega la validez universal de las técnicas de enseñanza como pedagogía aplicada.

Pedagogía como ciencia

Pone el acento en la teoría y su aplicación práctica, en la formación del maestro «desde arriba». Mira más hacia la cultura burocrática y científica de la escuela.

Necesita desconfiar del maestro como práctico ya que así se justifica la ciencia que ilumina, el mismo estatus del experto y de la pedagogía académica. Se ajusta más a un sistema centralizado y homogéneo.

Pedagogía como arte

Predomina la visión de la enseñanza como inculcación (metáforas de la cera virgen, de la tabula rasa, impresión en papel en blanco, etc.).

Se adapta mejor al contexto escolar de «taller artesanal», con gran espectro de decisiones adoptadas por el maestro. Textos escolares de autor y larga vida.

Pedagogía como ciencia

Predomina la visión de la enseñanza como «liberación», como extracción, «de dentro a fuera». Propiciatoria de la llamadas «pedagogías psicológicas».

Se adapta mejor al modelo de escuela-colegio, maestro especialista. Alta determinación del Estado y el mercado.

Libro de texto industrial y alto consumo.

Pedagogía como arte

Concibe los resultados de la enseñanza como poco predecibles, dependientes de factores incontrolables.

Figura del maestro como actor implicado en las complejas relaciones pedagógicas (relaciones de poder aunque en estos términos no suele reconocerse). Metáfora del aula como teatro y del maestro como actor.


Pedagogía como ciencia

Evalúa y mide resultados. Los supone predecibles y confía en el control de los cambios. La evaluación como centro totalizador de todo el sistema. El fordismo educativo.

Figura «neutra» del maestro que aplica diseños, métodos y recursos. Comunicador que «no pretende manipular», sino conducir la mente infantil en base a los progresos de las ciencias de la educación.