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by Samaria Márquez Jaramillo

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La actual crisis sanitaria generada por la pandemia COVID-19 no es la primera ni, desafortunadamente, será la última a la que se enfrente la humanidad. Las enfermedades, de hecho, han sido potentes palancas de cambio histórico, al tener capacidad de cambiar una sociedad, sobre todo cuando se combinaron con otros elementos perturbadores.
Unos pocos ejemplos bastan para ilustrar estos procesos: la epidemia durante la Guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta en el siglo V antes de la era común; la peste del siglo XIV de la era común, que cambió la estructura socioeconómica de Europa; o la viruela y otras enfermedades en la expansión europea en América y otros continentes (Diamond, 2005).
Para los implicados, tanto estructuras políticas como individuos, el cambio fue dramático y dejó múltiples damnificados, pero también abrió nuevas oportunidades.
Una plaga es una tragedia humana, pero también proporciona la posibilidad de reflexionar sobre sus orígenes, sus implicaciones y la necesidad de medidas correctoras. Más allá, incluso permite plantearse realizar cambios de mayor calado, repitiendo las perennes preguntas: ¿Quiénes somos? ¿Hacia dónde vamos?
La sociedad que viene
La humanidad se encuentra, posiblemente, en su mejor momento. Nunca tantos seres humanos fueron tan felices y saludables. Sin embargo, numerosos problemas siguen presentes y la sociedad global ya se encontraba en un profundo cambio acelerado y desigual antes de la aparición de la pandemia COVID-19.
La implantación de nuevas tecnologías y los desafíos que nos plantean, como es el caso de la inteligencia artificial o la computación cuántica; la manipulación genética o la posibilidad de crear una nueva especie no completamente orgánica, de ciborgs ; junto con los problemas generados por tecnologías obsoletas, la existencia de armas nucleares, o las actuales necesidades energéticas, en donde destaca el cambio climático y sus destructivas consecuencias, ya eran suficientes desafíos para la humanidad .
El mañana ya está aquí en forma de tsunami
Ahora, una nueva pandemia pasa a primer plano y relega al resto de las dificultades a un indefinido “mañana”. Pero en muchas ocasiones olvidamos que el mañana ya está aquí, y que, aunque lo ignoremos, sus consecuencias están ya pasando sobre nosotros como un tsunami.
El confinamiento de más de un tercio de la humanidad está forzando a replantearse las relaciones sociales y la manera en la que trabajamos. Afortunadamente internet, un bien global, ha respondido adecuadamente a las exigencias de tráfico y las redes sociales están contribuyendo al mantenimiento de los necesarios nexos sociales.
A corto plazo podríamos ver cambios significativos: la manera en la que nos saludamos, evitando el contacto directo; la universalización del teletrabajo, mostrado ahora como factible a gran escala; o el acceso a productos culturales en línea. De hecho, conocidas pinacotecas han creado recorridos virtuales, y grandes orquestas u óperas y compañías de teatro han democratizado el acceso a algunos productos que antes, en ocasiones, solo eran accesibles para determinadas minorías. En cuanto a las relaciones sociales, la solidaridad se ha vuelto a poner de manifiesto, específicamente los lazos intergeneracionales.
A medio y largo plazo se abren múltiples incógnitas. Así, el teletrabajo podría cambiar el concepto de ciudad, promoviendo una mayor descentralización y evitando la necesidad de grandes redes urbanas, descongestionando el tráfico y reduciendo la contaminación. Las

compañías de teatro han democratizado el acceso a algunos productos que antes, en ocasiones, solo eran accesibles para determinadas minorías. En cuanto a las relaciones sociales, la solidaridad se ha vuelto a poner de manifiesto, específicamente los lazos intergeneracionales.

A corto plazo podríamos ver cambios significativos: la manera en la que nos saludamos, evitando el contacto directo; la universalización del teletrabajo, mostrado ahora como factible a gran escala; o el acceso a productos culturales en línea. De hecho, conocidas pinacotecas han creado recorridos virtuales, y grandes orquestas u óperas y compañías de teatro han democratizado el acceso a algunos productos que antes, en ocasiones, solo eran accesibles para determinadas minorías. En cuanto a las relaciones sociales, la solidaridad se ha vuelto a poner de manifiesto, específicamente los lazos intergeneracionales.
compañías de teatro han democratizado el acceso a algunos productos que antes, en ocasiones, solo eran accesibles para determinadas minorías. En cuanto a las relaciones sociales,